lunes, 6 de julio de 2009
Culpa cotidiana
Juan está apresurado. Parece correr descalzo por las brasas, aunque lleva puestos los mocasines. Todavía no se ha despabilado de un sueño profundo y terrible. Está atolondrado, con los ojos abiertos pero sin haber despertado, y su paso es tan veloz que las piernas comienzan a dolerle mientras avanza en su trayecto, el de todos los días. Sin importarle demasiado sus pulmones ni la lasitud del recién levantado, enciende ese despiadado primer cigarrillo, el que le sigue a los treinta del día anterior; su corazón apura el trote y de golpe sufre un breve mareo y un cansancio de veinticuatro horas. Maldice el día, nublado y frío, y se injuria por haberse quedado dormido otra vez. Cuando vuelve a conectar su pensamiento con la ciudad se topa con uno de los bares que frecuenta. Se sienta a una mesa en la vereda. Pide un cortado y una medialuna dulce y apaga el pucho en el piso. Las sienes le duelen tanto que parece que van a estallar. Se refriega los ojos y toma el diario de una silla desocupada. Revuelve su mochila y no encuentra los antejos. La puta madre, reniega en voz baja. Se hace tarde para volver a casa a buscarlos. Lee el periódico y se asombra por la rapidez con que progresa su asimilación de las noticias. Razona que el mejor momento para leer es la mañana, aunque ya son las cuatro menos cuarto de la tarde. Vuelve a cuestionar su incurable ociosidad y proyecta precarios planes para dejar de fumar o para ejercitar el cuerpo y la mente. Utopías. Sale del café ya despejado por completo de la pesadilla que lo afligió hasta hace media hora y enciende otro pucho. Han pasado veinte minutos desde que cerró la puerta del departamento (¿la cerré?, se pregunta) y llegaría una hora tarde a cumplir su deber. Empieza a escudriñar sus obligaciones y recuerda una tarea prevista para el mediodía. Ya fue, dice, ahora entristecido. Se convence de que debe arribar lo más pronto posible a la meta. Se angustia cuando imagina los comentarios socarrones y las miradas con sorna a su pelo mojado, a sus ojos menguados y a la barba de dos días, que no ha tenido tiempo de rasurar. Se fija en las vidrieras si no ha salido muy despeinado, si la camisa no está muy arrugada, si el nudo de la corbata no es de secundaria y si el saco aguantará un día más sin ir a la tintorería. Todo en orden. Camina y dirige una mirada involuntaria a las baldosas de siempre. Esta vez se da cuenta de que ninguna le gusta y que tal vez por eso las observa todos los días con espontaneidad. Llega a la esquina y, como no pasan autos pese a que el semáforo está en verde, cruza la calle con la misma celeridad. De pronto sale el sol y se frena para disfrutarlo antes de meterse en la oficina todo el día. Le gusta el sol y comprueba con agrado que el centro goza de un silencio venerable. Prende otro Parliament. Llegar a las cuatro y cuarto es lo mismo que a las cuatro, se dice para redimirse. Se acuerda de las buenas horas de anoche: de los chistes, del póquer, del alcohol, de la música. Una sonrisa se le forma inconscientemente en su cara y se mantiene unos largos segundos… ¡pero qué pelotudo que soy!, piensa, enojado y de vuelta agitado, mientras saca el celular de su bolsillo y se fija en la hora. Tira el pucho y sigue viaje. Su cuerpo empieza a transpirar. Está apuradísimo, pero ya más cerca. Menos mal que vivo a unas cuadras, cavila. Cuando por fin llega a la puerta del trabajo repara en algo que cuarenta minutos antes debía haber advertido; no sabe si reír o llorar: hoy es su día de franco.
domingo, 5 de julio de 2009
Postales de una definición de película
Los últimos minutos de la final entre Vélez y Huracán se asemejan al desenlace de una película de Alex de la Iglesia: caótico, violento, grotesco, electrizante. Y largo. Después del gol de Maxi Moralez, una anciana, invulnerable, festeja el triunfo del Fortín al borde de la cancha, entre los cuerpos técnicos, cuando faltaban aún ocho minutos para que termine el juego. Angel Cappa abandona la mesura y la elegancia, desata la furia del que ya se ve segundo y se revela camorrista, desbocado; el barrio es inocultable en el fútbol, para los menottistas y para todos. El partido sigue. Fricción: planchazos, puñetazos, bravuconadas. La gloria quemera se queda a medio metro del arco rival, después de un córner. Pitazo final. Los hinchas velezanos se meten como cucarachas en el campo. Otros prefieren las alturas y escalan por el alambrado de las tribunas. Bomberos les largan chorros de agua fría en pleno invierno porteño y después del granizo. Un jugador de Vélez se ríe a carcajadas con el rostro lleno de sangre; uno de Huracán, aplastado, llora de pie. En Liniers vuelven a gritar campeón. En Parque Patricios ven al Globo caerse del cielo.
miércoles, 1 de julio de 2009
Venta callejera
Las ofertas de los vendedores callejeros de la peatonal Mendoza provocan risas y comentarios socarrones en mi trabajo. Durante el horario comercial, la voz potente de estos comerciantes se escucha con claridad en toda la redacción y los artículos que venden dan cuenta de que siguen las tendencias de mercado, quizás más a tempo que una multinacional. Hoy, dos de ellos hicieron furor durante la tarde:
Vendedor callejero 1: ¡Vendo lo que está de moda: lo' huevito que crecen en el agua y sale un dinosaurio! ¡Lo' huevito, lo' huevito! ¡El huevo Kinder no va má'...!
Vendedor callejero 2: ¡Barato vendo lo' barbijo, vendo!
Vendedor callejero 1: ¡Vendo lo que está de moda: lo' huevito que crecen en el agua y sale un dinosaurio! ¡Lo' huevito, lo' huevito! ¡El huevo Kinder no va má'...!
Vendedor callejero 2: ¡Barato vendo lo' barbijo, vendo!
martes, 30 de junio de 2009
El excéntrico Eric Cantona
Hoy un compañero me ha leído en el trabajo un artículo que se publicó en canchallena.com -la nueva web deportiva del diario La Nación-, referido al recordado futbolista francés -hoy director de cine- Eric Cantona. La nota está firmada por Ezequiel Fernández Moores y se titula El espíritu de Cantona. Es divertida; está muy bien escrita; me gustó. Aquí va un párrafo. El 25 de enero de 1995, cuando salía expulsado de la cancha de Crystal Palace, un joven de 20 años vinculado a grupos de extrema derecha, lo insultó. Cantona saltó desde el campo a la tribuna para darle una patada de kung fu que recorrió el mundo. Manchester United lo había suspendido por cuatro meses y multado con el máximo de dos semanas de salario. La Federación inglesa citó a Cantona y, recordando aquel episodio de 1991 ante el tribunal francés, Graham Kelly, uno de los dirigentes ante los cuales debía declarar, se reunió en privado con el jugador. Le aconsejó que pidiera perdón, que se disculpara ante todos por su actitud. Y allí fue Cantona: "pido perdón a todos, a mi club Manchester United, a mis compañeros de equipo, a los fans, a la Federación…y también quiero disculparme con la prostituta que compartió mi cama la tarde pasada". La suspensión aumentó a ocho meses, la multa a 10.000 libras. Además, lo condenaron a dos semanas de cárcel, que conmutó con 120 horas de servicio comunitario. Volvió al Manchester para ganar dos nuevos títulos de Liga, distinciones y retirarse campeón a los 30 años, porque ya no tenía más para dar y enojado porque el departamento de marketing del club quería convertirlo "en una mercadería".
viernes, 26 de junio de 2009
Ensamble tanguero
Cómo cambian las cosas los años. Hoy no sé más quién soy. Toda mi vida es el ayer. Los recuerdos me han hecho mal. ¡Qué noche llena de hastío y de frío! Y sin garúa, ni luna, ni estrellas siquiera. Solo estoy. Acobardado, como un pájaro sin luz. La historia no vuelve a repetirse, muñequita dulce y rubia. Esta noche, mareado, río por no llorar; y amarrado al recuerdo, sigo esperando... en vano. Fuga. Misterio. A lo lejos suena la voz del bandoneón. Cierro mis ojos y escucho a Malena, herida por un sable sin remaches; y cual reo meditabundo me pongo a silbar su canción. Recuerdo tu cuerpo en la intimidad... pero esta noche aquí no hay nada, nada más que tristeza y quietud. ¡Cuánta nieve hay en mi alma! Me largaste sin decirme hasta la vista. Cobarde, desgraciada, sin corazón. Ahora no me sigas, ni me llames, ni me beses ni me llores ni me quieras más.
domingo, 21 de junio de 2009
El noble Huracán
Este Huracán, el de Angel Cappa, es de esos equipos con estirpe, con linaje de grandes. No es sólo el jogo bonito, el tiki tiki, como le dicen al estilo de juego del DT; sino la efectividad, las sensaciones que provoca entre sus simpatizantes. Hoy, por ejemplo, la televisión mostró un arrugado hincha agarrado del alambrado de la popular, llorando sin consuelo, conmovido, después del tercer gol a Arsenal. Reminiscencias automáticas del campeonato de 1973. Ahora, otro título está cerca. Este Globo es elegante. Y no sólo porque los jugadores pisan la pelota, la juegan al toque o tiran caños, sino también por la postura misma de los futbolistas: figura erguida, trote distinguido, pases con swing de golfista. Pocos equipos victoriosos poseyeron esas características. Tal vez el River de Ramón Díaz, en el que jugaban Berti, Gallardo, Francescoli y Sorín, o el indestructible Boca de Basile, con Insúa, Bilos y Gago. Raro, sí, pero ese Boca sí era refinado. Así es este Huracán: una cofradía de alcurnia mística, que deleita a no sólo a los quemeros.
sábado, 13 de junio de 2009
Periodismo económico
Tía lejana: ¡Qué grande que estás ya, chango! ¿Qué estás estudiando?
Sobrino: No, ya terminé la facultad. Estoy trabajando ahora.
Tía lejana: Ajá, ¿y a qué te dedicás?
Sobrino: Soy periodista. Trabajo en un diario.
Tía lejana: ¡Ah, mirá qué bien! Qué hermosa profesión, ¿no? Se debe aprender mucho ahí. ¿Te gusta?
Sobrino: Sí...
Tía lejana: ¿Y qué hacés? Reportajes, artículos, ¿no?
Sobrino: Eh, sí.
Tía lejana: ¿Y qué? ¿Les hacés preguntas a los futbolistas, al director técnico...?
Sobrino: Eh, no. Yo trabajo en el área de Economía.
Tía lejana: No me digás. Qué interesante. O sea que estás todo el día con la Bolsa y todo eso, ¿no?
Sobrino: No, hago los breves.
Sobrino: No, ya terminé la facultad. Estoy trabajando ahora.
Tía lejana: Ajá, ¿y a qué te dedicás?
Sobrino: Soy periodista. Trabajo en un diario.
Tía lejana: ¡Ah, mirá qué bien! Qué hermosa profesión, ¿no? Se debe aprender mucho ahí. ¿Te gusta?
Sobrino: Sí...
Tía lejana: ¿Y qué hacés? Reportajes, artículos, ¿no?
Sobrino: Eh, sí.
Tía lejana: ¿Y qué? ¿Les hacés preguntas a los futbolistas, al director técnico...?
Sobrino: Eh, no. Yo trabajo en el área de Economía.
Tía lejana: No me digás. Qué interesante. O sea que estás todo el día con la Bolsa y todo eso, ¿no?
Sobrino: No, hago los breves.
lunes, 8 de junio de 2009
Pavana orgásmica
Je t'aime; moi non plus (Yo te amo; yo tampoco) es un canto al amor y al placer sexual. Un éxito de 1969 del gran cantante francés Serge Gainsbourg y de su pareja, la actriz y cantante inglesa Jane Birkin. Ambos se hicieron famosos con esta pavana orgásmica que, aunque simple, directa y repetitiva, debe ser una de las canciones más sensuales y melodiosas jamás compuesta.
miércoles, 3 de junio de 2009
La araña y el alacrán
Hace unas semanas, mi amigo Diego Jemio me habló sobre La migala, un cuento del escritor mexicano Juan José Arreola. En el relato, el protagonista, decidido a matar -o a malherir- su despecho, compra una araña venenosa y la libera en su departamento, con el propósito de que el pánico a una posible picadura mortal le gane al estrago, a esa insoportable soledad. Al respecto, le comenté a Diego que hace unas semanas se apareció un alacrán bailando valses alegremente en mi baño, y que conviví con el miedo a un ataque sorpresivo y silencioso del arácnido durante varios días: sacudiendo las sábanas, abriendo las canillas antes de mojarme. Pero hasta el momento -y afortunadamente- no he vuelto a encontrármelo. Aquí no había penas, ni desamores, ni Beatriz para llorar. Sospecho que un buen día el escorpión se marchó a buscar el desengaño a otro lado.
martes, 19 de mayo de 2009
Corazón coraza
Una de las obras más bellas que canté es la versión musical de la compositora Beatriz Corona del poema de Mario Benedetti Corazón coraza. Aquí va un pequeño homenaje al poeta, que murió esta semana. Es una interpretación en vivo del Coro de Cámara Tucumán en el certamen coral de música popular de Venado Tuerto (Santa Fe), en 2004.
martes, 5 de mayo de 2009
Rock alrededor del tajo
La carta del mes de la edición aniversario de la Rolling Stone me pareció graciosa, concisa, piola. La escribió Marcos Mizzi, de Buenos Aires, y se llama Rock alrededor del tajo.
La primera vez siempre duele. Y ésta es la primera carta que te dirijo a vos. No te voy a contar mi no adherencia a las tribus urbanas, ni tampoco te voy a aburrir elogiando una banda de hace treinta años. A lo que quiero apuntar es al caretaje del “rock” y del “ambiente rockero”. Yo también soy adolescente y entiendo en el alma tu necesidad de sentirte especial. Pero te voy a revelar un secretito: escuchar Pink Floyd, usar mochilas con parches y odiar a Tinelli no es ser copado. Odiás al mundo, ¿y qué? ¿Hacés algo más que odiarlo y decir que la música está cada día peor y que así no se llega a ningún lado porque el rock se volvió como Benjamin Button? Soy de la idea de que el rock es transgresión. Nació de los negros que sólo podían joder al blanco con una guitarra y un acorde en séptima menor: imaginate. Tu idea del rock y la música es triste. Hay una canción de Damas Gratis que, con un ritmo genial, dice: “Dale, meneá pa’bajo, mové ese tajo”. Hay otra canción, ésta de Pescado Rabioso, que dice: “Me gusta ese tajo que ayer conocí”. Escuchar a Pablo Lescano es grasa. Escuchar al Flaco no. No sé si me entendés la idea.
La primera vez siempre duele. Y ésta es la primera carta que te dirijo a vos. No te voy a contar mi no adherencia a las tribus urbanas, ni tampoco te voy a aburrir elogiando una banda de hace treinta años. A lo que quiero apuntar es al caretaje del “rock” y del “ambiente rockero”. Yo también soy adolescente y entiendo en el alma tu necesidad de sentirte especial. Pero te voy a revelar un secretito: escuchar Pink Floyd, usar mochilas con parches y odiar a Tinelli no es ser copado. Odiás al mundo, ¿y qué? ¿Hacés algo más que odiarlo y decir que la música está cada día peor y que así no se llega a ningún lado porque el rock se volvió como Benjamin Button? Soy de la idea de que el rock es transgresión. Nació de los negros que sólo podían joder al blanco con una guitarra y un acorde en séptima menor: imaginate. Tu idea del rock y la música es triste. Hay una canción de Damas Gratis que, con un ritmo genial, dice: “Dale, meneá pa’bajo, mové ese tajo”. Hay otra canción, ésta de Pescado Rabioso, que dice: “Me gusta ese tajo que ayer conocí”. Escuchar a Pablo Lescano es grasa. Escuchar al Flaco no. No sé si me entendés la idea.
sábado, 2 de mayo de 2009
¿Derby?
Periodista I: Che, hoy juega el Real con el Barça.
Periodista II: Cierto, es el Derby.
Periodista I: ¿Derby? Yo conozco el Derby Suaves nomás.
Periodista II: Cierto, es el Derby.
Periodista I: ¿Derby? Yo conozco el Derby Suaves nomás.
lunes, 27 de abril de 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
La crisis de abril
Estoy en crisis. Sí. Abril nunca me gustó. Nunca comprendí las canciones en las que se menciona a abril como un mes de ensueño, de enamoramiento. Abril me sabe híbrido. No hace frío ni calor, o hacen los dos a la vez. En abril comienza el año, y cuando éste no ofrece novedades, la sensación es de espanto. Se convive con el destierro en el pago. Los confines son inciertos. Los cambios están bien lejos. ¡Recién estamos en abril, la puta madre! ¿Cómo hay gente que le puede poner Abril a su hija? Si se le pudiera poner diciembre a un hijo, le pondría Diciembre. O Septiembre, que tampoco me sienta mal. En abril el sol ya no es el mismo. No hay lluvias copiosas y el paisaje adquiere un amarillento viejo. Prefiero el color. O el azul-negro de la noche, el momento del día en el que paso mis mejores horas, últimamente. Abril se queda a medio camino. No es invierno ni verano. No es zamba ni chacarera. No es helado ni chocolate. No es cerveza ni fernet. No es chicha ni limonada. Abril es intratable.
miércoles, 8 de abril de 2009
Mirada a Bernasconi
Olor a café y a pucho viejo; a diario caliente, a tortillas recién horneadas. Un hombre de chaqueta y gorro celestes charla con todos. ¡Qué grande Atlético, papá!, provoca, cada tanto, mientras seca las tazas, en su búsqueda permanente de conversación. La chicana conecta. Desde la barra, un cliente bromea a los gritos con otro, que está sentado a una de las mesas; después, con el lustrín. El de siempre. El revistero de al lado abandona unos instantes un templete amarillento, atiborrado de publicaciones, y su radio modelo 70. Entra al bar. Jueguelé al 27, amigo. Es el año de nacimiento de Alfonsín, le dice a un hombre que saboreaba un cortadito caliente y hojeaba páginas monotemáticas sobre la muerte del ex presidente. Todos se conocen. La flor del desierto es una bonita chica, encargada de la caja. Habla poco. Las mujeres hablan poco cuando hay tantos hombres. Ríe. Esa es su forma de comunicarse. Son seis pesos, responde, mientras la registradora vomita varios tickets de una sola vez. Bernasconi nunca fue un nicho para la intelligentzia ni para los jóvenes. Fútbol, quiniela y política son las razones de vivir. Es un bar de mañana. Uno de los primeros al paso en Tucumán. Nunca fue la bohemia, que se quedó sin La Cosechera y sin El buen gusto. A Bernasconi entran y salen funcionarios, jueces, legisladores, empresarios y sindicalistas de los más rancios. En no más de dos cuadras están la Casa de Gobierno, bancos, la Federación Económica, la Caja Popular de Ahorros… y al frente, la plaza Independencia. San Martín 453. Baldosas negras, toldo y puerta tenaz con vidrios y férreos barrotes. Es una de las fachadas del señorial edificio del Jockey Club. Es el punto de encuentro.
sábado, 4 de abril de 2009
El pueblo sabe a quién llorar
Uno de los mejores homenajes al ex presidente Raúl Alfonsín que leí es el del panorama sabatino de Alvaro Aurane, editor de Política del diario La Gaceta, de Tucumán. Se titula El pueblo sabe a quién llorar y considero que es un repaso justo de la trayectoria del líder radical.
jueves, 2 de abril de 2009
Sentencia de café
Mujer de unos 50 años, sentada a la mesa de un bar: A la tenología no la para nada, ¿eh? Nada la para a la tenología. Te aviso.
martes, 31 de marzo de 2009
Bongo, bongo, bongo, bongo
Duda: ¿por qué ahora que estamos en emergencia sanitaria en Tucumán todo el mundo canta Dengue, dengue, dengue, dengue, en la misma melodía de Ese es el bongo bongo, del Monstruo Sebastián?
lunes, 30 de marzo de 2009
Una Babel de trinos
Hay artistas que, da la sensación, llevan la música en la sangre. Con mi amiga Maby Sosa fuimos a ver a Rubén Rada con Javier Malosetti dos veces, una en La Trastienda (Buenos Aires), con nuestro amigo Diego Jemio, y la otra en la plaza Independencia (Tucumán). La segunda vez estuve más cerca del escenario y me di cuenta de que el Negro es de esos músicos: cierra los ojos; independiza las manos, que marcan el ritmo, del cuerpo, que se menea sincopadamente, mientras juega con agudos y falsetes y hace muecas con la cara y cierra y abre los ojos. Rada se adueña de la música. La música sin él sería diferente. Lo mismo ocurre con otros -pocos- artistas, tales como Charly García, Caetano Veloso o Daniel Barenboim. No conocí a Gustavo Cuchi Leguizamón, pese a que canté obras de él en el coro y lo hacemos a menudo cuando organizamos guitarreadas con mis compadres. No lo conocí pero imagino que también debe haber sido de esos músicos. Escuché un disco de él y leí una anécdota que escribió para La Gaceta Roberto Espinosa, que creo que confirma mi suposición.
Se paró en el ombligo de la plaza Urquiza. Cerró los ojos. Hizo un silencio. Comenzó a silbar hasta convertirse paulatinamente en una suerte de “Cuchi chalchalero”. A los pocos minutos los pájaros lo rodearon. Se le subían a los zapatos. Los más osados se posaban en los hombros. En la cabeza, abriéndole surcos en la gomina. Una Babel de trinos y alados saltimbanquis alborotaban el mediodía. “Ahora nos vamos a divertir un poco”, dijo. Empezó a silbar un poco más abajo del tono. El desconcierto se apoderó de la turba emplumada, mientras Gustavo Leguizamón carcajeaba con fervor. Corría el año 88. Media hora antes, en el entusiasmo de la entrevista, el pianista y compositor salteño había sugerido: “la Universidad, que tiene una Escuela de Música tan importante, debería tener un taller de pájaros para que sus alumnos aprendieran de la observación y la escucha. Cuando era chango, mi mama tenía una pajarera y por áhi, se le callaba un chalchalero. ‘Si me das un peso te lo hago cantar’, le decía y ganaba la apuesta. Yo me pongo a silbar y los tengo al ratito a mi alrededor...”. Viendo mi expresión de asombro, dijo: “¿que no me creís, Espinosín? ¿Dónde hay una plaza cerca?”. Rumbeamos a la Urquiza. En el camino, lanzó varias carcajadas: “Alguien definió la música como la combinación de los sonidos. Vino otro y le agregó los silencios. Hasta que llegaron los rockeros y le pusieron los ruidos”. La música no necesita de palabras para comunicar, para desencadenar sentimientos, estados de ánimo, sensaciones, no sólo entre las personas. Tal vez porque todos tenemos un coyuyo en el corazón.
Se paró en el ombligo de la plaza Urquiza. Cerró los ojos. Hizo un silencio. Comenzó a silbar hasta convertirse paulatinamente en una suerte de “Cuchi chalchalero”. A los pocos minutos los pájaros lo rodearon. Se le subían a los zapatos. Los más osados se posaban en los hombros. En la cabeza, abriéndole surcos en la gomina. Una Babel de trinos y alados saltimbanquis alborotaban el mediodía. “Ahora nos vamos a divertir un poco”, dijo. Empezó a silbar un poco más abajo del tono. El desconcierto se apoderó de la turba emplumada, mientras Gustavo Leguizamón carcajeaba con fervor. Corría el año 88. Media hora antes, en el entusiasmo de la entrevista, el pianista y compositor salteño había sugerido: “la Universidad, que tiene una Escuela de Música tan importante, debería tener un taller de pájaros para que sus alumnos aprendieran de la observación y la escucha. Cuando era chango, mi mama tenía una pajarera y por áhi, se le callaba un chalchalero. ‘Si me das un peso te lo hago cantar’, le decía y ganaba la apuesta. Yo me pongo a silbar y los tengo al ratito a mi alrededor...”. Viendo mi expresión de asombro, dijo: “¿que no me creís, Espinosín? ¿Dónde hay una plaza cerca?”. Rumbeamos a la Urquiza. En el camino, lanzó varias carcajadas: “Alguien definió la música como la combinación de los sonidos. Vino otro y le agregó los silencios. Hasta que llegaron los rockeros y le pusieron los ruidos”. La música no necesita de palabras para comunicar, para desencadenar sentimientos, estados de ánimo, sensaciones, no sólo entre las personas. Tal vez porque todos tenemos un coyuyo en el corazón.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Bien por Hebe
La líder de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, le respondió con dureza a la conductora de TV Susana Giménez, que pidió la pena de muerte para los delincuentes y dijo que la colimba garantizaría más seguridad y ayudaría a sacar a los jóvenes del paco. ¿Cuál es nuestra seguridad con estas vedettes, que son más putas que vedettes, que se atreven a hablar de derechos humanos cuando bailaron y se acostaron con todos los represores? Y si Susana le hubiera acertado al amante que tenía (por Huberto Roviralta) con el cenicero en la cabeza y lo hubiera matado, ¿qué? ¿Habría que haberla matado a ella, entonces? ¿Por qué no piensan en lo que dicen? Porque en vez de cabeza tienen un maní. Lo único que tienen son tetas y no son de ellas, dijo Bonafini. Estas vedettes tienen el mismo justificativo que tuvieron para matar a nuestros hijos. Decían ‘está bien que los maten, son terroristas’ y ahora dicen que hay que ‘matar a todo el que mata’. Abrámosle la cabeza a la gente, que ven a los pelotudos como Sandro apoyando la pena de muerte. Que no jodan porque cuando mataron a nuestros hijos, siguieron ganando guita y estaban con los milicos, dijo la Madre de Plaza de Mayo. Hebe de Bonafini siempre es dura, pero lejos está de la locura que muchos le atribuyen. Y fue la única que se animó a a contestarle a toda esta sarta de tilingos poderosos como Susana Giménez, Sandro, Tinelli y Spinetta, que aprovechan su popularidad para decir elegantes barbaridades que la gente compra. Por personajes como estos estamos como estamos.
lunes, 16 de marzo de 2009
Frases que suenan feo
• ¡Eh, mermá el volumen, ura!
• Mmm, ‘ta loco el olor a garra que tiene este culiao.
• No la toco ni con un palo a la gorda arrecha esa.
• ¡Dejá de jodé’! Cómo so’ de hurgueto, ¿no?
• Mmm, ‘ta loco el olor a garra que tiene este culiao.
• No la toco ni con un palo a la gorda arrecha esa.
• ¡Dejá de jodé’! Cómo so’ de hurgueto, ¿no?
viernes, 6 de marzo de 2009
Te amo, te odio, dame más
Disculpá mi ingratitud, pero insisto: no te quiero más. He forjado con vos una relación que ya no controlo. Por eso, necesito dejarte. Pero no puedo. Estás conmigo todo el día; todos los días. Y a la noche, en la oscuridad de mi habitación, sos el único que me comprende. Cuando te vas, me dejás calientes los labios; me quitás el sueño y me das sed. Me acompañás. Me hacés pensar. Me cagás la vida. Esta semana he intentado cerrarte las puertas para siempre. Es imposible. Cómo me gustaría que nos viéramos menos. Que no me hieras tanto. Que no seás tan absorbente. Que me dejés tranquilo. Que respetés mis tiempos y mi entorno. No te importa nada. Si hasta te hacés el pícaro y, de vez en cuando, transgredís la ley. Te cambiaste la ropa y el perfume, pero seguís siendo igual: un insensible. Vengo prometiéndoles a mis amigos, a mi familia y a mí mismo que te voy a abandonar. Que voy a mudar de aires. Pero es en vano: me gustás mucho. Vamos de vuelta, cigarrito querido. El último, antes de dormir.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Cómo creo que debe ser una buena crónica
Una buena crónica debe ser como un gol de cabeza, después de una jugada de pizarrón. Como una carne a punto o unos fideos al dente. Como una obra cantada con emoción, sin calar ni subir, con un manejo sutil de la dinámica y discreto del vibrato. Como una discusión sin cesiones ni exabruptos, pero con los puntos sobre las íes. Como un castillo de naipes de tres pisos, no más, aunque firme. Como un escote atrevido; no pornográfico. Como un próspero panal de clase media, sin abeja reina. Como ganar la partida con un póquer de sietes, o con 30 el envido envido. Como un zurcido fino. Como bailar un tango sin besar, pero quedar a un paso de hacerlo.
martes, 24 de febrero de 2009
Sleep
Eric Whitacre, un joven músico estadounidense, compuso esta joyita de la música académica contemporánea: Sleep. Hace poco la ensayábamos con en el Coro de Cámara Tucumán. Creo que la cantamos un par de veces. Es un placer hacerlo. Es una obra muy sutil. Es impresionante. La letra, de Charles Anthony Silvestri, es una alegoría sobre la muerte. Aquí va una versión (no sé de qué agrupación coral es, pero suena muy, muy bien).
sábado, 14 de febrero de 2009
Mary Poppins y el crac económico
Probablemente, la escena que sintetiza más acabadamente las corridas bancarias es una del clásico de Disney Mary Poppins, de 1964. En esa secuencia cinematográfica, Michael Banks, uno de los dos pequeños a cargo de esa institutriz misteriosa y encantadora, se había negado a depositar los dos céntimos de sus ahorros en el banco del cual su padre era accionista. Quiero mi dinero, había gritado el niño, luego de que el jefe de la entidad financiera, una de las de mayor renombre en Londres, después de intentar persuadirlo, directamente le arrebató de sus manos las monedas. La queja, entonces, se expandió velozmente en el lobby de la empresa, como un derrumbe de fichas de dominó. Los clientes empezaron a reclamar sus ahorros a viva voz. El banco quebró.
La alegoría tal vez sirva para comprender un poco la actual crisis internacional, que comenzó siendo inmobiliaria, financiera, accionaria y estadounidense, y ahora ya es económica y global. La desconfianza ganó terreno. Las burbujas se reventaron una tras otra. Los mercados estallaron como pompas de jabón.
El ahora crac, que se desató en la segunda mitad de 2006 como consecuencia del colapso del mercado de hipotecas de alto riesgo (subprime), en Estados Unidos, se agravó con el correr de los meses al punto que casi ninguna nación escapa ya de la retracción general del nivel de actividad. Y este año estuvo marcado, en particular, ya no por las subprime, sino por los coletazos del estallido de ese negocio traicionero, que creció extraordinariamente de la mano de un libremercadismo a ultranza:
• Bancos, aseguradoras y grupos económicos de distinta índole cayeron en bancarrota.
• Desaceleración de las principales economías, que luego se expandió al resto del mundo.
• Pérdidas millonarias generales.
• Escándalos sobre acciones fraudulentas hasta el momento soslayadas por el monstruoso flujo de capitales de las economías centrales.
• La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) dispuso inauditas rebajas de su tasa de interés. Sólo este año el tipo de referencia cayó del 4% al histórico 0% de hoy.
• Por primera vez, el capitalismo, como paradigma del progreso, ha entrado en un plano de cuestionamientos.
• De hecho, se dispusieron intervenciones colosales nunca vistas de los Estados en los mercados y acciones conjuntas entre los bloques de naciones del mundo.
Frente a este cambio de escenario -parafraseando Fabiana Cantilo- los Estados acudieron a la enfermera; Estados Unidos, al deshollinador.
En la principal economía del planeta se votó como presidente a un ciudadano afroamericano, de discurso progresista y de retórica de héroe sensible, con propuestas de gobierno modernas y concretas, aunque de dudosa efectividad en el caso de las orientadas a corregir la catastrófica coyuntura económica del País del Norte y del mundo.
Analistas entienden que se han sobredimensionado las posibilidades con que cuenta una sola persona de resolver los problemas de millones. La recesión ya golpea por lo menos a Alemania, a Italia, a España, a Francia, a Japón y a Estados Unidos, y se descuenta que a más países industrializados y a otros tantos emergentes -acaso, la Argentina- también los azotará en 2009. Por caso, según informes privados, el crac ya se cobró casi 9.000 despidos y más de 33.000 suspensiones laborales en nuestro país.
Entre el suelo y el techo
En otra escena de la inolvidable Mary Poppins, un tío de Bert, el compañero de aventuras de la niñera, estaba gravamente enfermo... de risa. Mientras el tío Albert -así se llamaba- más se reía, más alto volaba. Su lecho de enfermo era, pues, el techo. Y como la felicidad del tío Albert no cesaba, y con sus chistes contagiaba a los visitantes -Mary Poppins, Bert, y los pequeños Jane y Michael Banks-, todos terminaron tomando el té en lo más alto de su casa, entre carcajada y carcajada. Cuando los comensales anunciaron que se retiraban, al no poder curar al risueño anfitrión, el tío Albert, por fin, se recuperó de su enfermedad: quedó atrapado en una tristeza ingente, en el suelo de su comedor.
A los mercados también se les terminó la fiesta. Ahora, la economía mundial debería poner los pies sobre la tierra.
La alegoría tal vez sirva para comprender un poco la actual crisis internacional, que comenzó siendo inmobiliaria, financiera, accionaria y estadounidense, y ahora ya es económica y global. La desconfianza ganó terreno. Las burbujas se reventaron una tras otra. Los mercados estallaron como pompas de jabón.
El ahora crac, que se desató en la segunda mitad de 2006 como consecuencia del colapso del mercado de hipotecas de alto riesgo (subprime), en Estados Unidos, se agravó con el correr de los meses al punto que casi ninguna nación escapa ya de la retracción general del nivel de actividad. Y este año estuvo marcado, en particular, ya no por las subprime, sino por los coletazos del estallido de ese negocio traicionero, que creció extraordinariamente de la mano de un libremercadismo a ultranza:
• Bancos, aseguradoras y grupos económicos de distinta índole cayeron en bancarrota.
• Desaceleración de las principales economías, que luego se expandió al resto del mundo.
• Pérdidas millonarias generales.
• Escándalos sobre acciones fraudulentas hasta el momento soslayadas por el monstruoso flujo de capitales de las economías centrales.
• La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) dispuso inauditas rebajas de su tasa de interés. Sólo este año el tipo de referencia cayó del 4% al histórico 0% de hoy.
• Por primera vez, el capitalismo, como paradigma del progreso, ha entrado en un plano de cuestionamientos.
• De hecho, se dispusieron intervenciones colosales nunca vistas de los Estados en los mercados y acciones conjuntas entre los bloques de naciones del mundo.
Frente a este cambio de escenario -parafraseando Fabiana Cantilo- los Estados acudieron a la enfermera; Estados Unidos, al deshollinador.
En la principal economía del planeta se votó como presidente a un ciudadano afroamericano, de discurso progresista y de retórica de héroe sensible, con propuestas de gobierno modernas y concretas, aunque de dudosa efectividad en el caso de las orientadas a corregir la catastrófica coyuntura económica del País del Norte y del mundo.
Analistas entienden que se han sobredimensionado las posibilidades con que cuenta una sola persona de resolver los problemas de millones. La recesión ya golpea por lo menos a Alemania, a Italia, a España, a Francia, a Japón y a Estados Unidos, y se descuenta que a más países industrializados y a otros tantos emergentes -acaso, la Argentina- también los azotará en 2009. Por caso, según informes privados, el crac ya se cobró casi 9.000 despidos y más de 33.000 suspensiones laborales en nuestro país.
Entre el suelo y el techo
En otra escena de la inolvidable Mary Poppins, un tío de Bert, el compañero de aventuras de la niñera, estaba gravamente enfermo... de risa. Mientras el tío Albert -así se llamaba- más se reía, más alto volaba. Su lecho de enfermo era, pues, el techo. Y como la felicidad del tío Albert no cesaba, y con sus chistes contagiaba a los visitantes -Mary Poppins, Bert, y los pequeños Jane y Michael Banks-, todos terminaron tomando el té en lo más alto de su casa, entre carcajada y carcajada. Cuando los comensales anunciaron que se retiraban, al no poder curar al risueño anfitrión, el tío Albert, por fin, se recuperó de su enfermedad: quedó atrapado en una tristeza ingente, en el suelo de su comedor.
A los mercados también se les terminó la fiesta. Ahora, la economía mundial debería poner los pies sobre la tierra.
viernes, 6 de febrero de 2009
El día en que la astrología le ganó a la economía
Hace unas semanas, en Buenos Aires, con mi amigo Diego Jemio comentábamos una entrevista que el diario Crítica de la Argentina le había hecho a Ludovica Squirru. En la nota, la periodista María Fernanda Mainelli afirma que antes de que la astróloga, poeta y actriz trajera al país las predicciones basadas en el I-Ching, en el boliche te preguntaban de qué signo eras, pero ahora también te preguntan: ¿y en el Horóscopo Chino? Actualmente, en la Argentina y en Uruguay se venden 140.000 ejemplares del libro por año.
Hace unos meses, invitado por el diario La Gaceta de Tucumán, disertó en el ciclo de conferencias el economista Mario Blejer. Después de su charla magistral, y casi al final del período de intercambio con el público, una mujer le espetó al ex presidente del Banco Central que no estaba diciendo nada nuevo, ya que, mucho antes de que los gurúes de las mercados adviertan el estallido de las hipotecas subprime, Ludovica había predicho en el Horóscopo Chino que las cosas se iban a complicar en materia financiera. Atónito, pero pacífico, Blejer ensayó una respuesta técnica y racional, pero la mujer, porfiada, insistía en destacar la certera previsión de la astróloga más famosa del país. Ante la imposibilidad de convencer a esta honorable pero atrevida señora de que las causas de la crisis no son azarosas, Blejer esbozó un final elegante, silencioso, y, tras los aplausos del auditorio, se retiró del salón y se metió raudamente en el auto para protegerse de la lluvia.
Hace unos meses, invitado por el diario La Gaceta de Tucumán, disertó en el ciclo de conferencias el economista Mario Blejer. Después de su charla magistral, y casi al final del período de intercambio con el público, una mujer le espetó al ex presidente del Banco Central que no estaba diciendo nada nuevo, ya que, mucho antes de que los gurúes de las mercados adviertan el estallido de las hipotecas subprime, Ludovica había predicho en el Horóscopo Chino que las cosas se iban a complicar en materia financiera. Atónito, pero pacífico, Blejer ensayó una respuesta técnica y racional, pero la mujer, porfiada, insistía en destacar la certera previsión de la astróloga más famosa del país. Ante la imposibilidad de convencer a esta honorable pero atrevida señora de que las causas de la crisis no son azarosas, Blejer esbozó un final elegante, silencioso, y, tras los aplausos del auditorio, se retiró del salón y se metió raudamente en el auto para protegerse de la lluvia.
martes, 3 de febrero de 2009
El mito Sebreli
Hace poco más de dos meses subí un post sobre una entrevista que mi colega Irene Benito le había hecho para La Gaceta al sociólogo Juan José Sebreli, a propósito de su nuevo libro, Comediantes y mártires. En esta publicación, el intelectual toma cuatro personalidades nacionales (Eva Duarte de Perón, Carlos Gardel, Ernesto Che Guevara y Diego Maradona), los cuestiona y elabora una teoría según la cual la insatisfecha sociedad argentina los convirtió en mitos populares debido a su necesidad permanente de ídolos. En torno de la entrada se había armado un debate acerca del ensayista y de su obra, que él mismo había anticipado que iba a generar escozor. Ayer, casualmente, leí una crítica bien ácida al propio Sebreli y a su nuevo libro. Salió en el diario Crítica de la Argentina y está escrita por un colega de Sebreli, Pablo Alabarces. Me impactó. En particular, el remate del artículo: El pensamiento de Sebreli forma parte de aquello mismo que critica: la liviandad exasperada con la que nuestra cultura erige a ciertas figuras como faros intelectuales o culturales a despecho de sus pobrezas. Exagerando, pero no tanto: Sebreli es a la sociología lo que Tinelli a la cultura de masas. No en vano, hace unos años le dio clases de filosofía a Mirtha Legrand. Los resultados están a la vista.
viernes, 30 de enero de 2009
Decir lo mismo
Nos interesaba llevarnos de Cuba ejemplares de la edición del Granma del 1 de enero, 50º aniversario de la Revolución. Le preguntamos a Idelisa, nuestra anfitriona, si nos iba a resultar difícil obtenerlo. Le dijimos que queríamos comprar varios de esa fecha, porque sería valioso contar con una publicación que suponíamos emblemática. Nos contestó: por supuesto que se los puedo conseguir. Y varios. Si ese diario hace 50 años que no informa nada; siempre dice lo mismo. Finalmente, después de haber podido adquirir una decena de ejemplares, pensé: en los periódicos de países capitalistas, ¿aparece información muy distinta cada día o siempre, más o menos, también se publica lo mismo?
domingo, 25 de enero de 2009
Profesionales del baile
Los cubanos se destacan en muchos ámbitos, pero en la danza hacen punta. En todas las discos de la isla a las que fui observé decenas de parejas bailando con una naturalidad y un erotismo extraordinarios. En cada discoteca la postal es cientos de personas moviéndose así: sensualmente y al ritmo. En la Argentina, cuando se oye cuarteto, rápidamente la gente se forma en dúos y bailotea, dando vueltas de la mano y sacudiendo la cadera un poco. Pero en Cuba es diferente: todos parecen profesionales y la danza es indiscutiblemente más sofisticada. En un boliche de Trinidad que se llama La Cueva, después de haber meneado casi con pasión su cuerpo durante un par de canciones, una mulata preciosa fue a descansar a la mesa contigua en la que estaba sentado yo. Luego de que me pidió candela para encender un cigarrillo, le pregunté cuál era la danza que todos bailaban y me respondió que se llama Casino; algo parecido a la salsa. Entonces, le dije que me resultaba un estilo difícil, que demanda cierto aprendizaje, y le confesé que yo no podría asimilarlo en una noche. Y me contestó: ¡no!, es de lo más fácil. Sólo tienes que dar un par de pasos y después la música sola te lleva. Así de sencillo. Así de complejo.
viernes, 16 de enero de 2009
Quinceañero
Entre las cosas que traje de Cuba hay discos y libros. Uno que estoy leyendo se llama Las derrotas, del poeta, ensayista y narrador cubano Alberto Rodríguez Tosca. Aquí va uno de los poemas. Se llama 15.
Yo siempre quise ser un gran poeta. Incluso yo estaba llamado a ser un gran poeta. Tenía quince años cuando el gran poeta que iba a ser empujó la puerta de mi cuarto y me dijo: "Tú vas a ser un gran poeta... pero hay que trabajar". Tenía quince años y era yo. No el trotavientos que ahora soy y se burla de todo y a toda hora le saca la lengua a aquel gran poeta que iba a ser. Tenía quince años y cada noche una palabra distinta se acostaba conmigo y en la mañana amanecíamos con hijos que crecían en la tarde y en la noche se acostaban con otras palabras que daban a luz palabras nuevas, hijas del siguiente amanecer. No era nada despreciable mi familia cuando tenía quince años y el mundo comenzaba a mis pies y terminaba en la lengua de Dios justo en el instante en que empezaba a decir "hágase esto y lo otro y aquello y lo de más allá". Tenía quince años y era yo. Tenía quince años y era Dios. Sí, yo estaba llamado a ser un gran poeta. Por Dios lo juro. Y también por mi madre, que otro día entró a mi cuarto y me dijo: "Yo no sé si tú vas a ser un gran poeta, pero lo que sea que vayas a ser... hay que trabajar".
Yo siempre quise ser un gran poeta. Incluso yo estaba llamado a ser un gran poeta. Tenía quince años cuando el gran poeta que iba a ser empujó la puerta de mi cuarto y me dijo: "Tú vas a ser un gran poeta... pero hay que trabajar". Tenía quince años y era yo. No el trotavientos que ahora soy y se burla de todo y a toda hora le saca la lengua a aquel gran poeta que iba a ser. Tenía quince años y cada noche una palabra distinta se acostaba conmigo y en la mañana amanecíamos con hijos que crecían en la tarde y en la noche se acostaban con otras palabras que daban a luz palabras nuevas, hijas del siguiente amanecer. No era nada despreciable mi familia cuando tenía quince años y el mundo comenzaba a mis pies y terminaba en la lengua de Dios justo en el instante en que empezaba a decir "hágase esto y lo otro y aquello y lo de más allá". Tenía quince años y era yo. Tenía quince años y era Dios. Sí, yo estaba llamado a ser un gran poeta. Por Dios lo juro. Y también por mi madre, que otro día entró a mi cuarto y me dijo: "Yo no sé si tú vas a ser un gran poeta, pero lo que sea que vayas a ser... hay que trabajar".
martes, 30 de diciembre de 2008
El DF, prima facie
Veintiseis millones de habitantes se calcula que viven en la Ciudad de México. Desde el cielo, una vista interminable de luces y de avenidas. Desde el autobús, carteles de propaganda oficial contra el crimen organizado y contra el narcotráfico, y publicidad de multinacionales. Poco verde; mucho cemento. Piedras preciosas y picante, para matar el hambre. Una mezcla de militancia nativista con capitalismo a ultranza. Pobreza y riqueza extremas. Y vasto merchandising de la Virgen de Guadalupe, en la que los mexicanos guardan la esperanza y redimen sus penas cada día. Podés comer frijoles, tacos y cajeta lechera; beber tequila y cerveza Corona. Podés escuchar rancheras, Luis Miguel y boleros conservadores, como los de las telenovelas de las dos de la tarde. La sequedad te quiebra los labios. El smog te opaca el horizonte. Te doblás el cuello mirando un rascacielo tras otro, y los aviones que salen del aeropuerto cada 40 segundos. Te asombrás frente a los frescos de Diego Rivera. Te intrigan las huellas de la civilización Azteca. Te estremecen las favelas; inmensas, en el cordón urbano. Distrito Federal, una extraña belleza, ancestral y moderna. Buenos Aires me atormenta. México me mata.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Sutileza
El ocurrente cartel dice No fume, por amor al arte. Pertenece al Museo Municipal de Bellas Artes Dr. Genaro Pérez, de la capital cordobesa. Dicho de paso, una pinacoteca que contiene obras argentinas de una excelente calidad pictórica -por lo menos, en la visión de un novato entusiasta como yo-.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Fresquita y burbujeante
El sifón Drago era estupendo. El envase, esa botella metálica transpirada y recién sacada de la heladera, provocaba inmediatamente unas ganas locas de beber soda. Sobre todo, en verano. Además, significaba un concepto innovador para el hogar: la autogestión de soda. La garrafa de gas se conectaba por un orificio ubicado al costado del pico; después se lo cerraba, se sacudía un poco la botella y voilà: hay soda. El otro día fui a comer un asado en la casa de un amigo y en la mesa había un sifón Drago. Me recordó a esas siestas calurosas en mi casa de la Crisóstomo Alvarez, en la que algunas veces me sentaba a tomar soda en el suelo, lo único que se mantiene frío en Tucumán cuando hace más de 30 grados.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Esa irritante e inevitable tarea doméstica
Si hay algún quehacer hogareño que detesto cada día más desde que vivo solo es el de anudar la bolsa plástica de la basura y poner una nueva en el tacho. Es lo que me causa mayor fastidio. Más que planchar, que lavar los platos, que baldear el piso. Sólo lo hago porque los puchos apagados y la comida sobrante juntos provocan un olor nauseabundo que, al menos en un departamento chico como el que alquilo, se siente en todos lados.
sábado, 29 de noviembre de 2008
El tradicional coloquio sobre el clima en Tucumán
Anoche un amigo me hizo reír mucho cuando se quejó del típico diálogo entre tucumanos respecto del clima. Tucumán es así. Ayer ha hecho 40 grados de calor y hoy ha caído una lluvia tremenda. Ayer la gente decía: “Hola, ¿cómo andás? Qué calor insoportable, ¿no?”. Y mañana van a decir: “Hola, ¿cómo andás? Cómo ha caído agua, ¿no?”. Acordate. Siempre dicen lo mismo; como si aquí nunca hubiera hecho calor y nunca hubiera habido tormentas. Nadie habla de otra cosa en esta provincia.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Encrucijadas
Ahora que están de moda los plebiscitos y considerando que vivimos en una sociedad atrapada por un maniqueísmo permanente, menciono aquí algunas dicotomías de ayer, de hoy y de siempre. Aclaro que soy enemigo de las antinomias, porque creo que casi todas son falsas; aunque a menudo llega el momento de decidir...
Coca o Pepsi / Blue Bell o Tello
Mostaza o mayonesa / Luis Miguel o Ricky Martin
Derecha o izquiera / Nokia o Motorola
La Banda o Alderetes / Concepción o Monteros
Campo o Gobierno / Seven o Sprite
Parque o plaza / Milanesa o hamburguesa
Africa o Asia / Mar o sierra
Chile o Brasil / Dulce de leche o mermelada
Sui Generis o Serú Girán / Virus o Soda
Chávez o Evo / Locro o humita
Empanada de carne o empanada de pollo
Canal 13 o Telefé / Canal 8 o Canal 10
Auto o moto / Par o impar
Sí o no / Blanco o negro
Marlboro o Philip / Rock o folklore
Shell o YPF / Salta o Jujuy
Sol o luna / Noche o día
Borges o Cortázar / Cronopio o fama
Italia o España / Naranja o manzana
Mate en bombilla o mate cocido
Chocolate o helado / Pan blanco o pan negro
Té o café / Tortilla o bollo
Villeco o Casapán / Gardel o Piazzolla
Remera o camisa / Capusotto o Casero
Pollera o pantalón / Teta o culo
Gato o perro / Bon o Bon o Cabsha
Cerveza o fernet / Bariloche o Mar del Plata
Inglaterra o Estados Unidos / Peronista o radical
Azúcar o limón / Merengue o crema
Capita o bizcochuelo / Cine o teatro
Adidas o Nike / Tato Bores o Enrique Pinti
Divinas o populares / Tinelli o Pergolini
Bailando por un sueño o Gran Hermano
Harry Potter o El señor de los anillos
Batman o Superman / Mirtha o Susana
Barrio Sur o Barrio Norte / Voligoma o Plasticola
El Griego o El Ateneo / Bazooka o Cowboy
Arroz o fideos / Navidad o Año Nuevo
Salado o dulce / Don Pepe o El Gordo Mario
Fox o Sony / Peso o Austral
Chocolate negro o chocolate blanco
Papas fritas o chizitos / Menotti o Bilardo
Quico o La Chilindrina / Tita o Rhodesia
Coca o Pepsi / Blue Bell o Tello
Mostaza o mayonesa / Luis Miguel o Ricky Martin
Derecha o izquiera / Nokia o Motorola
La Banda o Alderetes / Concepción o Monteros
Campo o Gobierno / Seven o Sprite
Parque o plaza / Milanesa o hamburguesa
Africa o Asia / Mar o sierra
Chile o Brasil / Dulce de leche o mermelada
Sui Generis o Serú Girán / Virus o Soda
Chávez o Evo / Locro o humita
Empanada de carne o empanada de pollo
Canal 13 o Telefé / Canal 8 o Canal 10
Auto o moto / Par o impar
Sí o no / Blanco o negro
Marlboro o Philip / Rock o folklore
Shell o YPF / Salta o Jujuy
Sol o luna / Noche o día
Borges o Cortázar / Cronopio o fama
Italia o España / Naranja o manzana
Mate en bombilla o mate cocido
Chocolate o helado / Pan blanco o pan negro
Té o café / Tortilla o bollo
Villeco o Casapán / Gardel o Piazzolla
Remera o camisa / Capusotto o Casero
Pollera o pantalón / Teta o culo
Gato o perro / Bon o Bon o Cabsha
Cerveza o fernet / Bariloche o Mar del Plata
Inglaterra o Estados Unidos / Peronista o radical
Azúcar o limón / Merengue o crema
Capita o bizcochuelo / Cine o teatro
Adidas o Nike / Tato Bores o Enrique Pinti
Divinas o populares / Tinelli o Pergolini
Bailando por un sueño o Gran Hermano
Harry Potter o El señor de los anillos
Batman o Superman / Mirtha o Susana
Barrio Sur o Barrio Norte / Voligoma o Plasticola
El Griego o El Ateneo / Bazooka o Cowboy
Arroz o fideos / Navidad o Año Nuevo
Salado o dulce / Don Pepe o El Gordo Mario
Fox o Sony / Peso o Austral
Chocolate negro o chocolate blanco
Papas fritas o chizitos / Menotti o Bilardo
Quico o La Chilindrina / Tita o Rhodesia
lunes, 24 de noviembre de 2008
Poesía en el rock nacional
Al lado del camino - Fito Páez
Si alguna vez me cruzas por la calle, regálame tu beso y no te aflijas si ves que estoy pensando en otra cosa: no es nada malo; es que pasó una brisa. La brisa de la muerte enamorada, que ronda como un ángel asesino. Mas no te asustes. Siempre se me pasa. Es sólo la intuición de mi destino.
Puente - Gustavo Cerati
Hoy te busqué en la rima que duerme con todas las palabras. Si algo callé es porque entendí todo, menos la distancia. Desordené átomos tuyos para hacerte aparecer (un día más, un día más...). Arriba, el sol; abajo, el reflejo de cómo estalla mi alma. Ya estás aquí y el paso que dimos es causa y es efecto. Cruza el amor; yo cruzaré los dedos. Y gracias por venir. Adorable puente se ha creado entre los dos”.
Paloma - Andrés Calamaro
Si me olvido de vivir, colgado de sentimientos, voy a vivir para repetir otra vez este momento. Te bajaría del cielo, mujer, la luna hasta tu cama, porque es muy poco de amor sólo una vez por semana.
Inconsciente colectivo - Charly García
Mama la libertad, siempre la llevarás dentro del corazón. Te pueden corromper, te puedes olvidar, pero ella siempre está. Ayer soñé con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión. Hoy desperté cantando esta canción, que ya fue escrita hace tiempo atrás. Es necesario cantar de nuevo, una vez más.
Himno de mi corazón - Los Abuelos de la Nada.
Sobre la palma de mi lengua vive el himno de mi corazón. Siento la alianza mas perfecta que injusticia a media voz. La vida es un libro útil para aquel que puede comprender. Tengo confianza en la balanza que inclina mi parecer. Nadie quiere dormirse aquí; algo puedo hacer. Tras haber cruzado la mar, te seduciré. Por felicidad yo canto. Nada me abruma ni me impide en este día que te quiera amor. Naturalmente mi presente busca flores; es de a dos. Nada hay que nada prohiba; ya te veo andar en libertad. Que no se rasgue como seda el clima de tu corazón.
Si alguna vez me cruzas por la calle, regálame tu beso y no te aflijas si ves que estoy pensando en otra cosa: no es nada malo; es que pasó una brisa. La brisa de la muerte enamorada, que ronda como un ángel asesino. Mas no te asustes. Siempre se me pasa. Es sólo la intuición de mi destino.
Puente - Gustavo Cerati
Hoy te busqué en la rima que duerme con todas las palabras. Si algo callé es porque entendí todo, menos la distancia. Desordené átomos tuyos para hacerte aparecer (un día más, un día más...). Arriba, el sol; abajo, el reflejo de cómo estalla mi alma. Ya estás aquí y el paso que dimos es causa y es efecto. Cruza el amor; yo cruzaré los dedos. Y gracias por venir. Adorable puente se ha creado entre los dos”.
Paloma - Andrés Calamaro
Si me olvido de vivir, colgado de sentimientos, voy a vivir para repetir otra vez este momento. Te bajaría del cielo, mujer, la luna hasta tu cama, porque es muy poco de amor sólo una vez por semana.
Inconsciente colectivo - Charly García
Mama la libertad, siempre la llevarás dentro del corazón. Te pueden corromper, te puedes olvidar, pero ella siempre está. Ayer soñé con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión. Hoy desperté cantando esta canción, que ya fue escrita hace tiempo atrás. Es necesario cantar de nuevo, una vez más.
Himno de mi corazón - Los Abuelos de la Nada.
Sobre la palma de mi lengua vive el himno de mi corazón. Siento la alianza mas perfecta que injusticia a media voz. La vida es un libro útil para aquel que puede comprender. Tengo confianza en la balanza que inclina mi parecer. Nadie quiere dormirse aquí; algo puedo hacer. Tras haber cruzado la mar, te seduciré. Por felicidad yo canto. Nada me abruma ni me impide en este día que te quiera amor. Naturalmente mi presente busca flores; es de a dos. Nada hay que nada prohiba; ya te veo andar en libertad. Que no se rasgue como seda el clima de tu corazón.
sábado, 22 de noviembre de 2008
El ateísmo de Saramago
Leí hace unos minutos en el sitio de la revista Ñ una estupenda entrevista al escritor portugués José Saramago, a propósito de su nuevo libro, El viaje del elefante. El Premio Nobel de Literatura explica por qué no cae en la tentación de antropomorfizar al animal, pese a que es el protagonista en la obra; reflexiona sobre las palabras y los giros que aparecen y desaparecen como sedimentos en la mente, y fundamenta su descreimiento de dios mediante un argumento modélico, pero cristalino, franco. En particular, este razonamiento me ha llamado la atención. Yo no creo que haya podido existir alguna vez un dios, y cuando digo esto no me refiero únicamente al Dios de los cristianos, sino a cualquier dios. No hay dioses, los hemos inventado porque los necesitábamos. Pero como de todos modos le tememos a la muerte, si podemos creer que de una forma u otra habrá una existencia después de ella, entonces encantados. Pero para eso se necesita alguien superior, esa especie de autor primordial que permite que esto siga funcionando, y ese sería Dios. No creo y nunca lo he creído. En un universo en donde hay 400 mil millones de galaxias, y cada galaxia, según mis cálculos, tiene millones de estrellas, y cada estrella tiene sus sistemas de planetas en ese vacío total del universo... Bueno, bueno, si yo fuera Dios, habría inventado un universo menos complicado, más cómodo, más confortable. Es decir, me parece absurdo. Yo hablo tanto de religión porque me cuesta trabajo comprender, además por qué, si yo tengo una religión, estoy obligado a odiar a la gente de otras religiones. No debería sorprender, porque los que siguen al Real Madrid no pueden ni pensar en los que siguen al Barcelona. Si esto sucede en algo tan rudimentario como el fútbol, qué es lo que no ocurriría si yo creo en un dios y no puedo soportar la esencia de alguien que cree en otro dios. Es la prueba de que en el fondo somos bastante estúpidos, con todo respeto. Por eso a veces digo que el mundo sería mucho más pacífico si todos fuéramos ateos.
jueves, 13 de noviembre de 2008
Polémico, ¿no?
Hoy leí en La Gaceta una entrevista muy interesante que mi colega Irene Benito le hizo en Madrid al sociólogo argentino Juan José Sebreli. El ensayista sostuvo que la argentina es una sociedad de insatisfechos, que necesita de los mitos para rendirles culto. Eligió cuatro íconos argentinos para ilustrar su nuevo libro Comediantes y mártires: Eva Duarte de Perón, Carlos Gardel, Ernesto Che Guevara y Diego Maradona. Gardel era conservador hasta el punto que intervino en campañas contra Yrigoyen. Evita fue peronista, el Che, comunista. Y Maradona, un oportunista que estuvo con los militares, con Alfonsín, con Menem y, ahora, con los Kirchner. Los cuatro son diferentes pero el populismo los metió en una bolsa donde todos los gatos son pardos. Los asimiló y les dio la condición de ídolos nacionales, disparó. Su publicación, presagió el intelectual, va a generar escozor.
martes, 4 de noviembre de 2008
Muchas veces se canta la letra que no es
Rock del gato, de Los Ratones Paranoicos
Es: Quiero verla en el show....
Se canta: Quiero ver la ilusión....
Mariposa Tecknicolor, de Fito Páez
Es: ...llevo un destino errante...
Se canta: ...llevo un vestido grande...
Demoliendo hoteles, de Charly García
Es: Yo que nací con Videla...
Se canta: Yo que nací con mil ideas...
La maza, de Silvio Rodríguez
Es: ...que cosa fuera la maza sin cantera...
Se canta: ...que cosa fuera la maza sin campera...
La bestia pop, de Los Redonditos de Ricota
Es: A brillar, mi amor...
Se canta: Al billar, mi amor...
Es: Quiero verla en el show....
Se canta: Quiero ver la ilusión....
Mariposa Tecknicolor, de Fito Páez
Es: ...llevo un destino errante...
Se canta: ...llevo un vestido grande...
Demoliendo hoteles, de Charly García
Es: Yo que nací con Videla...
Se canta: Yo que nací con mil ideas...
La maza, de Silvio Rodríguez
Es: ...que cosa fuera la maza sin cantera...
Se canta: ...que cosa fuera la maza sin campera...
La bestia pop, de Los Redonditos de Ricota
Es: A brillar, mi amor...
Se canta: Al billar, mi amor...
miércoles, 29 de octubre de 2008
Sugestivo
El mejor título que leí sobre la designación de Diego Maradona como DT de la Selección Argentina es uno que salió en El Cronista Comercial. Dice Grondona dejó en manos de Dios a la Selección. Es suspicaz, irónico, compacto y claro.
viernes, 24 de octubre de 2008
Tránsfugas
Persona que pasa de una ideología o colectividad a otra. Persona que con un cargo público no abandona este al separarse del partido que lo presentó como candidato. Militar que cambia de bando en tiempo de conflicto. Estas son las tres acepciones del Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, para la palabra tránsfuga. A propósito de esta introducción, aquí transcribo el remate del último panorama económico de Marcelo Batiz, columnista de la agencia DyN, titulado Corralazo.
En 1994, cuando se sancionó la ley del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones, los sindicalistas Oscar Lescano, Amadeo Genta, José Lingeri y Ramón Valle constituían Futura AFJP; Oscar Parrilli (secretario general de la Presidencia durante el gobierno de Néstor Kirchner y actualmente del de Cristina Fernández) defendía la iniciativa de Domingo Cavallo, en carácter de miembro informante del bloque de diputados menemistas en el Parlamento; Sergio Massa y Amado Boudou militaban en la hiperprivatista Ucede (el actual titular de la Anses luego dio cátedra en el CEMA de Roque Fernández y de Carlos Rodríguez), y Martín Redrado presidía la Comisión Nacional de Valores, organismo que impulsó como ninguno la creación de un sistema previsional privado para ampliar el mercado de capitales. Por no añadir que un gobernador santacruceño ejercía su opción por la capitalización.
En 1994, cuando se sancionó la ley del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones, los sindicalistas Oscar Lescano, Amadeo Genta, José Lingeri y Ramón Valle constituían Futura AFJP; Oscar Parrilli (secretario general de la Presidencia durante el gobierno de Néstor Kirchner y actualmente del de Cristina Fernández) defendía la iniciativa de Domingo Cavallo, en carácter de miembro informante del bloque de diputados menemistas en el Parlamento; Sergio Massa y Amado Boudou militaban en la hiperprivatista Ucede (el actual titular de la Anses luego dio cátedra en el CEMA de Roque Fernández y de Carlos Rodríguez), y Martín Redrado presidía la Comisión Nacional de Valores, organismo que impulsó como ninguno la creación de un sistema previsional privado para ampliar el mercado de capitales. Por no añadir que un gobernador santacruceño ejercía su opción por la capitalización.
sábado, 18 de octubre de 2008
No bombardeen Buenos Aires
Mediodía del 11 de septiembre de 2001. El mundo, conmocionado por el ataque terrorista contra Estados Unidos. Los medios, convulsionados por el monstruoso caudal informativo. La televisión y las radios recogían lecturas prematuras sobre la agresión aérea de Al Qaeda a las Torres Gemelas. Sentencias. Las diferencias ideológicas no justifican la muerte de personas inocentes. Reflexiones. Es una cachetada al corazón del capitalismo exacerbado y de la hegemonía política. Vaticinios. Es el embrión de la Tercera Guerra Mundial. Hablaron todos: políticos, economistas, sociólogos, religiosos, artistas. Dijeron nada. Pero hubo una excepción soberbia, inigualable.
Notero de TV: ¿Qué opinás del atentado?
Charly García: Qué puntería, ¿no?
Notero de TV: ¿Qué opinás del atentado?
Charly García: Qué puntería, ¿no?
miércoles, 15 de octubre de 2008
Estrofas sublimes
• Quiso la siesta ponerle un niño a su soledad, de trigo y luna y de su mano María va (Antonio Tarragó Ros)
• Me voy pa’ los cerros altos, a llorar a solas lejos, pa’ ver si se apuna el dolor, subo, subo (Rolando Chivo Valladares)
• Ya relincha el nuevo día, caballito de la suerte; es un galope la vida, que lleva justo a la muerte (Raúl Galán)
• Ay, qué camino tan desparejo: la angustia, cerca, y mi niño, lejos (Hermanos Núñez)
• Me voy pa’ los cerros altos, a llorar a solas lejos, pa’ ver si se apuna el dolor, subo, subo (Rolando Chivo Valladares)
• Ya relincha el nuevo día, caballito de la suerte; es un galope la vida, que lleva justo a la muerte (Raúl Galán)
• Ay, qué camino tan desparejo: la angustia, cerca, y mi niño, lejos (Hermanos Núñez)
jueves, 9 de octubre de 2008
En mi departamento, hace unos días, nos juntamos entre amigos para compartir una guitarreada a la que asistió una izquierdista, que opinaba que Facebook es un instrumento de la CIA para mantener identificado a todo el mundo. No sé si su teoría es descabellada o acertada, pero lo cierto es que Facebook me parece uno de los máximos exponentes de la estupidez humana contemporánea. Un amigo me inscribió de prepo en esa autodenominada comunidad social de internet. Me dijo que Facebook es buenísimo. Me bastó ingresar tres veces para darme de baja. Consignas tales como qué gaseosa serías u obsequios como empanadas o mates virtuales... ¿qué clase de boludeces son estas? Solicitudes de amigo... ¿cuál es el concepto de amigo que maneja un usuario Facebook? De la lista de amigos que me armé en Facebook -sin esfuerzo alguno- creo que ni el 20% llegaba a significar amigo, al menos en el concepto que yo manejo del término. Así es que en la nómina incluí personas a las que tal vez nunca vería en mi vida. ¡Ah, pero eso sí: les iba a poder convidar M&M’s virtuales! ¡Son de ricos los M&M’s por internet!
Creo que hay que comer de verdad, tener amigos en serio y dejar de perder el tiempo en imbecilidades como Facebook.
Creo que hay que comer de verdad, tener amigos en serio y dejar de perder el tiempo en imbecilidades como Facebook.
martes, 7 de octubre de 2008
Reflexión sobre las versiones
El otro día me puse a descargar música. Había anotado que iba a bajar Zamba de Argamonte (Gustavo Cuchi Leguizamón), interpretada por Liliana Herrero. Como busqué el tema por el nombre, no por el artista, aparecieron muchas Zamba de Argamonte. Decidí entonces bajar todas para escucharlas y ver cuál me gustaba más. Pero resulta que me gustaron todas. A ver: me sigue pareciendo mayor la de Liliana Herrero, porque ella no deja pasar un verso sin sentirlo, sin expresar una idea; y desde el punto de vista vocal, maneja a la perfección la dinámica y los silencios y juega finamente con los tempos, como el bueno de João Gilberto. La del Dúo Salteño me sorprendió por los extraordinarios agudos y los largos portamentos de los dos cantantes. La de Las Voces Blancas, con sus impecables y dulces armonías, me hace figurar al gaucho manso en el silencio del cerro, en la oscuridad de los árboles en la noche, bajo la luz blanca y potente de la luna. La de Los Fronterizos, más rapidita, proyecta, en cambio, un galope veloz, más campestre. Me gustaron todas las versiones; en particular, porque todas saben diferente. Allí radica el éxito de las canciones versionadas: en la impronta que le da cada artista, cada grupo. No me explico, por ejemplo, cómo puede haber resultado tan exitoso el disco Inconsciente Colectivo de Fabiana Cantilo, cuyas versiones son prácticamente imitaciones de las originales. En Me arde, si se lo escucha con atención, la cantante copia hasta la fonética de Andrés Calamaro. El otro día charlé por primera vez con el Topo Encinar, en el cumpleaños de mi amiga Valeria Totongi, y él reprochaba a los coveristas e insistía en que los músicos debían dejar de lado las interpretaciones para virar hacia la creación. “La gente quiere que le rompan la cabeza con cosas nuevas, loco”, me decía. Y creo que tiene razón. De todas formas, las buenas versiones también te pueden romper la cabeza. Hablando de Liliana Herrero, la semana pasada fuimos a escucharla al teatro San Martín con mi amigo Diego Jemio, y coincidimos en que la de Cosechero es sugestiva, muy original, como la mayoría de sus interpretaciones. Lo bueno es cuando una interpretación te sorprende, cuando se diferencia para bien del original.
viernes, 3 de octubre de 2008
¿Qué horas son, mi corazón?
En la estrellada madrugada de hoy, frente al solemne edificio del Rectorado de la Universidad Nacional de Tucumán y a la vuelta de la Comisaría Segunda de la Policía sesionaba un parlamento improvisado de trotamundos. El apetito de marihuana los había expulsado de La 470, una cueva con paredes de ladrillos a la vista y puerta vidriada pero tapada por discretas cortinas. Allí tocaban bandas locales de reggae y de ska. Yo había ido a escuchar a una de ellas, Ad Hoc, que integran tres amigos y ex compañeros del secundario. Había ido con una amiga que estaba acompañada por otra suya; la primera licenciada y la segunda estudiante avanzada de Historia. Ambas venían de beber cerveza en un antro cumbio con mesas de pool, en Barrio Sur. La ingesta había sido moderada, pero no frenó el payasesco portuñol con una pizca de tucumano básico que ensayaron para conversar con uno de los nómades, artesano él, oriundo de Río de Janeiro. Vestía una bermuda color crudo, alpargatas, un suéter largo, una riñonera de esas que van cruzadas al tórax, y un gorro de lana. “Tengo una hermana que vive allá y que es dueña de un servidor de internet. Gana mucho dinero. Me ofreció pagarme la rehabilitación en una clínica. Yo le dije que soy dueño de hacer con mi vida lo que quiera”, decía, orgulloso, indiferente. Estaba en Tucumán para visitar a su hijo, Mateo. “Por suerte está en esta ciudad, en una casa linda. Aquí no hay ni el cinco por ciento de violencia que hay en Río”, apuntaba, ya melancólico. En ese congreso callejero de bohemios se encontraba, además, un cordobés de una inconfundible tonada arrastrada, al que se lo escuchó musitar, cabeza gacha, que quería volverse a su provincia. También, un porteño de Villa Crespo, rocker él, hincha de San Lorenzo, que relataba los últimos conciertos que había ido a ver en distintas ciudades del país. “En Tucumán siempre alguien te abre las puertas. Buenos Aires es una mierda. El otro día estuve en San Luis. Me había ido a verlo al Indio (Solari). La entrada costaba 150 mangos. ¿Sabés que hice? Me compré así un trozo de merca y me fui a la casa de un chabón amigo. No lo vi al Indio. ¡Pero lo escuché! ¡Desde el patio de la casa se escuchaba todo, loco!”, exponía, con un narcótico entusiasmo y las persianas de sus ojos semiabiertas. Detrás de él, otro andarín, un centroamericano, intentaba chamuyarse a una francesa de pelo corto que no entendía nada de ese castellano playero, de ese reggaeton hablado. “Aquí vas a probar faso puro, no como en Europa, que le meten tabaco”, le decía. Ella sólo lo miraba. Después, tal vez, se perdieron para entenderse mejor. A todo esto, la amiga de mi amiga, que es de Ledesma, Jujuy, se reía del portuñol que espontáneamente se practicaba con el carioca. A su lado, una chica, tal vez la novia del cordobés, tosía, vomitaba y enseguida le hacía una seca a un cigarrillo de vaya a saber qué yerba. A lo lejos se escuchaba la interpretación de un clásico del jamaiquino más famoso. La música introdujo a todo el colorido peregrinaje nuevamente en el salón. En la vereda, a la sombra de un viejo y flaco naranjo, y entre el persistente olor a cannabis, quedaron la soledad del viajero errante y la nostalgia del sueño imposible, de la ilusión eterna.
sábado, 27 de septiembre de 2008
Un clásico
Me acordaba el otro día lo bueno que era el grabador doble casetera. Esos aparatos eran de los pocos que permitían acopiar música con la mayor fidelidad de sonido (en esa época, claro está). Hasta que se masificaron, y obviamente antes de que surgiera el compact disc (CD), para grabar un casete había que tener dos equipos: poner a reproducir el casete original en uno y, en simultáneo, y bien cerquita, presionar juntos los botones play y record para grabar el casete virgen en el otro; y hacerlo todo en una habitación cerrada, en el mayor de los silencios, para evitar que se grabaran ruidos externos. También se podía grabar casetes que no fueran vírgenes, tapándoles con cinta scotch los dos agujeritos de arriba. Una familia vecina del departamento de San Lorenzo 980, en el que viví hasta los 12 años, tenía un doble casetera; y yo pasaba tardes enteras grabando casetes. Ese equipo estaba bueno, porque tenía lo que se llamaba copiado rápido, que posibilitaba la grabación en una velocidad mayor que la de la reproducción; pero se decía que eso le hacía perder calidad a la grabación. Qué masa que eran esos aparatos. Qué feliz fui cuando mi viejo cayó a mi casa con uno. Ya ni sé qué se hizo.
sábado, 13 de septiembre de 2008
Fantasía hospitalaria
A los cirujanos se les va la mano. Y a las enfermeras, también. Según publicó Télam esta semana, dos enfermeras del hospital municipal de la localidad bonaerense de Saavedra fueron separadas de sus cargos por haberse sacado fotos en ropa interior, en su lugar de trabajo. Las fotos circularon por los teléfonos celulares de sus compañeros y de varios vecinos. “Este hospital siempre tuvo un buen nombre y queremos que siga así. No tenemos mucha explicación de lo que pasó pero de allí a sacarse fotos y encima mandarlas para que las vieran otras personas es algo raro”, dijo el director del nosocomio, Raúl Wagner, según la agencia oficial de noticias. En el cielo, Olmedo y el gordo Porcel deben estar cagándose de risa.
martes, 9 de septiembre de 2008
Agostamiento
En los últimos días escuché a dos amigos míos anticipar que cerrarán sus blogs próximamente. ¿El motivo? La escasez de temas para subir. Quiero creer que esto no es tan así. No voy a caer en el cliché de afirmar que los periodistas -la mayoría de los blogs que conozco pertenece a periodistas- no pueden tirar la toalla por falta de ideas para postear. Decir eso sería una cabronada. Pero sí considero que ese argumento, el de la escasez de temas, no es acabado ni convincente. Espero que las advertencias de mis amigos hayan sido, en realidad, golpes de efecto para plantear la incomodidad y acaso el fastidio que provocan esos largos períodos de sequía, a los que hay que entender como lógicos, normales, si se quiere. No sé si será la época del año, de mucho trabajo, o la falta de lluvias o la campaña electoral en Estados Unidos o la separación de Graciela Alfano con Matías Alé o qué se yo; pero he notado que muchos de los blogs que habitualmente visito están demorando las actualizaciones más de la cuenta. Y no los culpo; a los autores, mejor dicho, porque estimo que en la mayoría de los casos hubo algún lapso en que cada blog se mantuvo inmóvil. En mi caso esto se dio varias veces. Por eso, no los culpo, insisto. Pero desde aquí por lo menos van a llevarse, si alguno ha llegado ya a esta parte de este aburrido post, una breve arenga: no aflojen y sigan posteando.
(¿Se nota mucho que estoy en casa, con gripe, y que no tengo absolutamente nada para postear?)
(¿Se nota mucho que estoy en casa, con gripe, y que no tengo absolutamente nada para postear?)
sábado, 6 de septiembre de 2008
La noche, el amanecer y el atardecer

Anoche vi La vie en rose, sobre la vida de Edith Piaf. Me gustaron muchas cosas de la película; en particular, algunos diálogos. El que aquí destaco aparece casi al final del filme, cuando el gorrión de París, ya en el ocaso de su carrera y de su vida, concede una entrevista a una joven periodista, en una playa, mientras teje un suéter.
- ¿Le gusta la noche?
- Sí, con muchas luces.
- ¿Le gusta el amanecer?
- Con piano y con amigos.
- ¿Y el atardecer?
- Sí, porque para nosotros es el amanecer.
- ¿Le gusta la noche?
- Sí, con muchas luces.
- ¿Le gusta el amanecer?
- Con piano y con amigos.
- ¿Y el atardecer?
- Sí, porque para nosotros es el amanecer.
domingo, 31 de agosto de 2008
Perfume visual

Maipú 333, San Miguel de Tucumán. Escondido entre la gruesa pilastra de un viejo edificio y la vidriera de un local comercial se encuentra este grafiti redentor. Si uno camina por esa cuadra cualquier día, a la mañana o a la tarde, entre el apuro de la gente, las veredas angostas, los bocinazos de los autos y los gritos de los vendedores ambulantes descubrir esa inscripción es ciertamente un bálsamo. Debería haber más epígrafes urbanos del tipo. La ciudad sería menos agresiva.
martes, 26 de agosto de 2008
Tocar Sólo le pido a Dios con cara de orto
Este domingo se publicó en Crítica de la Argentina una entrevista a León Gieco. La recomiendo porque es reveladora y muy entretenida. Aquí, un fragmento que me impactó.
- ...todo el mundo cree que sos un tipo con gran esperanza en la humanidad, que piensa que el ser humano va a cambiar. Y en realidad sos bastante pesimista.
–¡Soy repesimista! Yo no creo que vaya a cambiar, y creo que va todo para atrás. A nivel país, éste es un país estilo “tómalo o déjalo”, porque no tiene solución. El crisol de razas no dio resultado, evidentemente. Pero sí sé que hay que ser una persona buena, no cagar a nadie, ser fiel y solidario, porque la solidaridad no solamente ayuda a las personas sino que te ayuda a vos. Eso no significa que piense que la cosa vaya a cambiar, ni tampoco soy tan iluso de pensar que mi solidaridad o mi canción vaya a solucionar un problema. ¡No soy un pelotudo! Otra cosa es creerse el personaje de que “gracias a mí” se logran cosas. Yo toco Sólo le pido a Dios con cara de orto porque me doy cuenta de que no soluciono nada con las canciones. Son temas que uno compone porque siente esa fibra y es sincera. Pero después ves a Mick Jagger en la película de Scorsese, todo arrugado, cara como un pergamino, bailando Satisfaction y decís: “¡Claro, este tipo es feliz, si nunca se metió en nada!”. Con esa película vi qué convencimiento tienen los chabones todavía de cantar Satisfaction, como si fuese un tema que compuso ayer. Yo, cada vez que tengo que cantar Sólo le pido a Dios sufro como un hijo de puta y digo: “¡Ojalá no la cante más!”. Fui a verla tres veces al cine y me dio una inyección de vida.
Entrevista completa
- ...todo el mundo cree que sos un tipo con gran esperanza en la humanidad, que piensa que el ser humano va a cambiar. Y en realidad sos bastante pesimista.
–¡Soy repesimista! Yo no creo que vaya a cambiar, y creo que va todo para atrás. A nivel país, éste es un país estilo “tómalo o déjalo”, porque no tiene solución. El crisol de razas no dio resultado, evidentemente. Pero sí sé que hay que ser una persona buena, no cagar a nadie, ser fiel y solidario, porque la solidaridad no solamente ayuda a las personas sino que te ayuda a vos. Eso no significa que piense que la cosa vaya a cambiar, ni tampoco soy tan iluso de pensar que mi solidaridad o mi canción vaya a solucionar un problema. ¡No soy un pelotudo! Otra cosa es creerse el personaje de que “gracias a mí” se logran cosas. Yo toco Sólo le pido a Dios con cara de orto porque me doy cuenta de que no soluciono nada con las canciones. Son temas que uno compone porque siente esa fibra y es sincera. Pero después ves a Mick Jagger en la película de Scorsese, todo arrugado, cara como un pergamino, bailando Satisfaction y decís: “¡Claro, este tipo es feliz, si nunca se metió en nada!”. Con esa película vi qué convencimiento tienen los chabones todavía de cantar Satisfaction, como si fuese un tema que compuso ayer. Yo, cada vez que tengo que cantar Sólo le pido a Dios sufro como un hijo de puta y digo: “¡Ojalá no la cante más!”. Fui a verla tres veces al cine y me dio una inyección de vida.
Entrevista completa
jueves, 21 de agosto de 2008
La estatua móvil
Me gustó este artículo de opinión que se publicó ayer en Crítica de la Argentina, mi diario del momento. La escribió Alberto Rojo, físico y músico tucumano que actualmente es columnista del periódico de Jorge Lanata, el más nuevo de los de tirada nacional. El escrito me hizo acordar a mi colega y amigo Roberto Espinosa, que siempre recuerda que durante los años de plomo las manifestaciones culturales quedaron en el ostracismo, porque los militares no entendían el arte; no concebían expresiones o espectáculos que no fueran los desfiles oficiales o las marchas castrenses. La obtusidad era absurda, caricaturesca, cómica, como la curiosa anécdota que relata Rojo, aunque referida a un contexto espeluznante, oscuro.
Noviembre de 1976. El general Antonio Domingo Bussi entra al edificio de Tribunales, en Tucumán. Mira hacia la arboleda de lapachos en la plaza de enfrente. “¿Cómo andan las cosas por aquí?”, pregunta con una voz que imagino autoritaria y condescendiente, cuyos ecos persisten, como rémoras de un naufragio, en el tono de su llanto en el juicio que le están librando estos días. “Y cómo quiere que estén, general, si hasta Yrigoyen nos da la espalda”, contesta alguien cuya identidad nunca supe.
La plaza Yrigoyen está en el barrio sur de Tucumán, a pocas cuadras de la casa en la que crecí. En el punto de cruce de sus diagonales hay una estatua del Peludo, obra de Ernestina Azlor, con un pedestal asimétrico, que mira hacia el centro de Tucumán, dando, en efecto, la espalda a Tribunales.
Nunca supe si el diálogo, que circuló en esos días por Tucumán como tantas anécdotas bussianas, realmente existió. Lo que sí puedo atestiguar es que en diciembre de 1976 la estatua amaneció dada vuelta. La vi muchas veces, desde muchos ángulos, en las tardes que pasábamos con mi novia de adolescencia sentados en los bancos de la plaza y además desde un kiosco (que sigue existiendo) en el extremo opuesto a Tribunales, donde se vendían los que para mí son los mejores sánguches de milanesa del mundo.
Por varios meses, no puedo precisar exactamente cuántos, Yrigoyen miró hacia Tribunales, quizá supervisando las actividades de una Justicia de caricatura, a su izquierda lo que antes estaba a su derecha, dándole la espalda a su propio nombre (curiosamente está escrito Irigoyen), y quizá preocupado por no caerse del pedestal. Siempre cuento la anécdota a extranjeros cuando sale el tema del gobierno militar y de lo grotesco de sus métodos. De esos tiempos de terror hay otras anécdotas por cierto muy documentadas. Los menhires (piedras milenarias de las culturas aborígenes) de Tafí del Valle, agrupados para formar un parque turístico. Los veinte o treinta mendigos (entre ellos Pachequito, el Loco Perón que rompía ladrillos con la cabeza, el Loco Vera) que en invierno de ese año fueron empujados a un camión militar y depositados en medio del campo catamarqueño, para que no entorpezcan, se decía entonces, la visual de la ciudad ante una visita de Videla. Varios murieron de frío y hambre. Pero de Yrigoyen dado vuelta no encontré registros gráficos. Busqué la foto varias veces en muestras testimoniales del diario La Gaceta, una de ellas en el mismo aeropuerto de Tucumán. Consulté con los archivos del diario; increíblemente, me dicen que la foto no existe. Yo mismo pensé, recuerdo, en sacarle una foto, pero en ese entonces no se podía sacar fotos en lugares públicos. Una amiga periodista, ante mi consulta, fue a la plaza y consultó con el placero, quien no recordaba el giro de la estatua, que para mí representa una metáfora de metáforas. De los giros ridículos de la historia.
Noviembre de 1976. El general Antonio Domingo Bussi entra al edificio de Tribunales, en Tucumán. Mira hacia la arboleda de lapachos en la plaza de enfrente. “¿Cómo andan las cosas por aquí?”, pregunta con una voz que imagino autoritaria y condescendiente, cuyos ecos persisten, como rémoras de un naufragio, en el tono de su llanto en el juicio que le están librando estos días. “Y cómo quiere que estén, general, si hasta Yrigoyen nos da la espalda”, contesta alguien cuya identidad nunca supe.
La plaza Yrigoyen está en el barrio sur de Tucumán, a pocas cuadras de la casa en la que crecí. En el punto de cruce de sus diagonales hay una estatua del Peludo, obra de Ernestina Azlor, con un pedestal asimétrico, que mira hacia el centro de Tucumán, dando, en efecto, la espalda a Tribunales.
Nunca supe si el diálogo, que circuló en esos días por Tucumán como tantas anécdotas bussianas, realmente existió. Lo que sí puedo atestiguar es que en diciembre de 1976 la estatua amaneció dada vuelta. La vi muchas veces, desde muchos ángulos, en las tardes que pasábamos con mi novia de adolescencia sentados en los bancos de la plaza y además desde un kiosco (que sigue existiendo) en el extremo opuesto a Tribunales, donde se vendían los que para mí son los mejores sánguches de milanesa del mundo.
Por varios meses, no puedo precisar exactamente cuántos, Yrigoyen miró hacia Tribunales, quizá supervisando las actividades de una Justicia de caricatura, a su izquierda lo que antes estaba a su derecha, dándole la espalda a su propio nombre (curiosamente está escrito Irigoyen), y quizá preocupado por no caerse del pedestal. Siempre cuento la anécdota a extranjeros cuando sale el tema del gobierno militar y de lo grotesco de sus métodos. De esos tiempos de terror hay otras anécdotas por cierto muy documentadas. Los menhires (piedras milenarias de las culturas aborígenes) de Tafí del Valle, agrupados para formar un parque turístico. Los veinte o treinta mendigos (entre ellos Pachequito, el Loco Perón que rompía ladrillos con la cabeza, el Loco Vera) que en invierno de ese año fueron empujados a un camión militar y depositados en medio del campo catamarqueño, para que no entorpezcan, se decía entonces, la visual de la ciudad ante una visita de Videla. Varios murieron de frío y hambre. Pero de Yrigoyen dado vuelta no encontré registros gráficos. Busqué la foto varias veces en muestras testimoniales del diario La Gaceta, una de ellas en el mismo aeropuerto de Tucumán. Consulté con los archivos del diario; increíblemente, me dicen que la foto no existe. Yo mismo pensé, recuerdo, en sacarle una foto, pero en ese entonces no se podía sacar fotos en lugares públicos. Una amiga periodista, ante mi consulta, fue a la plaza y consultó con el placero, quien no recordaba el giro de la estatua, que para mí representa una metáfora de metáforas. De los giros ridículos de la historia.
martes, 5 de agosto de 2008
Chascarrillos urbanos
Anoche, en la tradicional sandwichería Don Pepe, de Barrio Sur:
Cajero: ¿Qué van a querer?
Joven médica (o enfermera), acompañada de otro muchacho (estimo de unos 30 años ambos): Queremos milanesas.
Cajero: ¿Cuántas? ¿Dos?
Joven médica: Mmm... No sé, pero me parece que tres o cuatro, porque tenemos más hambre que el Chavo.
La conversación me hizo acordar a mi amigo Diego Jemio. El suele recordar que un conocido suyo acostumbra a decir: “tiene más hambre que mucama ’i hippie”.
Me hacen cagar de risa esas comparaciones. O como dos referidas a hacerse el boludo:
- Se hace el boludo como perro que ha volteao la olla.
- Se hace el boludo como payaso que se ha golpeao en serio.
Cajero: ¿Qué van a querer?
Joven médica (o enfermera), acompañada de otro muchacho (estimo de unos 30 años ambos): Queremos milanesas.
Cajero: ¿Cuántas? ¿Dos?
Joven médica: Mmm... No sé, pero me parece que tres o cuatro, porque tenemos más hambre que el Chavo.
La conversación me hizo acordar a mi amigo Diego Jemio. El suele recordar que un conocido suyo acostumbra a decir: “tiene más hambre que mucama ’i hippie”.
Me hacen cagar de risa esas comparaciones. O como dos referidas a hacerse el boludo:
- Se hace el boludo como perro que ha volteao la olla.
- Se hace el boludo como payaso que se ha golpeao en serio.
lunes, 28 de julio de 2008
La base está
Les acerco un concepto esperanzador sobre el periodismo que escribió Ernesto Schoo y que se publicó ayer en La Gaceta Literaria.
Consejos para los jóvenes periodistas
Cuando se acaba de cumplir ochenta años y se llevan a cuestas cincuenta y cinco de profesión, es inevitable que nos pidan consejos para los jóvenes novicios. Una salvedad previa: los cambios tecnológicos -la computación, la informática, el correo electrónico- están conduciendo a cambios de comunicación y percepción tan radicales, tanto desde el punto de vista del emisor como del receptor, que acaso mis palabras resulten obsoletas. Creo, sin embargo, que algunas cosas no cambian: yo aconsejaría no perder nunca y cultivar siempre, enfáticamente, la curiosidad y el entusiasmo. Y, al margen de aquellas noticias que exigen una seca precisión en los datos, abordar siempre el texto como si se estuviera contando un cuento. Que es lo que el lector quiere, lo que todos queremos: que nos cuenten un cuento para entender el mundo y entendernos a nosotros mismos, y para saber que no estamos del todo solos y desamparados en el espacio cuyo silencio eterno espantaba a Pascal: que alguien nos acompaña y nos cuenta una historia antes de dormir.
Consejos para los jóvenes periodistas
Cuando se acaba de cumplir ochenta años y se llevan a cuestas cincuenta y cinco de profesión, es inevitable que nos pidan consejos para los jóvenes novicios. Una salvedad previa: los cambios tecnológicos -la computación, la informática, el correo electrónico- están conduciendo a cambios de comunicación y percepción tan radicales, tanto desde el punto de vista del emisor como del receptor, que acaso mis palabras resulten obsoletas. Creo, sin embargo, que algunas cosas no cambian: yo aconsejaría no perder nunca y cultivar siempre, enfáticamente, la curiosidad y el entusiasmo. Y, al margen de aquellas noticias que exigen una seca precisión en los datos, abordar siempre el texto como si se estuviera contando un cuento. Que es lo que el lector quiere, lo que todos queremos: que nos cuenten un cuento para entender el mundo y entendernos a nosotros mismos, y para saber que no estamos del todo solos y desamparados en el espacio cuyo silencio eterno espantaba a Pascal: que alguien nos acompaña y nos cuenta una historia antes de dormir.
martes, 22 de julio de 2008
Crónica de una cobertura excitante
El día siguiente de la sesión del Senado que concluyó con el desempate del vicepresidente, Julio Cobos, se publicó en La Gaceta.com una crónica que me habían encargado acerca de cómo siguieron los periodistas de todo el país la maratónica jornada desde los salones Azul y de las Provincias. Aquí va.
Hace unas horas, cuando todavía era de noche, el Congreso fue lo más parecido a una Marmicoc. Los taxistas no llevaban a nadie hasta la zona. Allí, en la plaza, cientos de manifestantes oficialistas, con fuegos artificiales, pancartas y banderas, observaron la sesión por medio de pantallas gigantes y pasaron de la algarabía a la confusión, a la desolación y a la rabia, secuencia que a la inversa se vivió a cinco kilómetros de distancia en Palermo, donde ruralistas y opositores observaron el debate.
Las 18 horas y 50 minutos de discusión fueron seguidas por periodistas, por funcionarios y por personal del Senado en medio de una maraña de rumores y de idas y venidas. En el majestuoso palacio parlamentario muy pocas personas podían pasar al recinto y a los palcos. Inclusive, buena parte del personal de la Cámara Alta también tenía limitados los accesos. “Menem se va a la mierda. Dicen que está con mucha fiebre y no va a estar para la votación. Cagó la oposición”, vociferó un acreditado del Congreso a las 9 de la noche. Más tarde, finalmente, habló Carlos Saúl. A punto de comenzar su discurso, la aparición del dos veces ex presidente en las pantallas gigantes ubicadas en los salones Azul y De las Provincias provocó un ¡uuuuuuuhhhhhhhhh! de asombro generalizado, y algunas risas socarronas como las del cronista de CQC, Clemente Cancella. Después, durante toda la alocución, el silencio fue sepulcral.
“Aparecio Rached!”. Del recinto llegaban las noticias por SMS a los celulares. “llgó Sadi” (sic). Con ellos, el oficialismo sumaba 37 votos, y le ganaba a los 34 votos opositores, descontando la ausencia de Menem.
En el medio, llegaban de visita algunos funcionarios, como la diputada kirchnerista Diana Conti que, distendida y convencida de la victoria, fumaba un cigarrillo blanco y finito e intercambiaba bromas con sus asesores mientras concedía entrevistas. Afuera, sonaban bombas de estruendo y una multitud gritaba y cantaba en apoyo al Ejecutivo nacional.
Cerca de la medianoche la televisión tiró la bomba de que la votación estaría empatada en 36. “¿Qué pasó ahora?”, preguntó un movilero desesperado y hastiado a sus colegas, justo después de haber salido al aire diciendo que el oficialismo ganaba con 37 votos. “Rached se dio vuelta. Lo llamó Alfonsín. Y Menem ya sabemos que se queda. Están en parda”, le respondieron, en lenguaje truquero.
Revuelo. Quedaba todavía casi una decena de oradores. El calor iba en ascenso en la Plaza de los dos Congresos. Adentro, también. Hablaron la ultraopositora Chiche Duhalde y el ultrakirchnerista Nicolás Fernádez. Los cronistas tomaban nota y un enviado infiltrado de Guillermo Moreno exclamaba frente a las pantallas gigantes: “senadores, respeten la democracia”. Un muchacho vestido con un ambo negro repartía entre los periodistas una publicación oficialista: “Revista Ka”.
Las ojeras eran cada vez más grandes. Los techos eran altos, pero el humo del cigarrillo igualmente logró imponerse en el ambiente. Habló Sanz. Habla Pichetto. La definición está al caer.
Otro ¡uuuuuuuhhhhhhhhh! generalizado y risas, cuando apareció el 36 a 36 en la pizarra electrónica. Afuera el bullicio era ensordecedor y las banderas y las pancartas estaban cada vez más altas. “Por nuestros hijos, por nuestra patria, ni un paso atrás”, decía una que pertenecía a Madres de Plaza de Mayo.
Cobos tomó el micrófono. Lo acomodó 100.000 veces. Lo constriñó, lo dobló, lo movió. Era su más próxima e inmediata descarga. “No me gustaría ser el micrófono del vicepresidente en estos momentos”, decía una movilera, entre nerviosas risas. Muchos temblaban. Otros se comían las uñas o se revolvían el pelo o no paraban de fumar. “Mi voto no es positivo”. Final de la sesión. Todos, afuera. Militantes K intentaban derribar las vallas. Se rearma el cordón policial. Los senadores y Cobos se retiraban por la puerta de atrás. Caían piedras. Todos, adentro, de vuelta. Se rompieron algunos vidrios del edificio del Senado. Después, las banderas y las pancartas desaparecieron. La multitud se desconcentró. La calma volvió al lugar. Pero la tensión continúa.
Hace unas horas, cuando todavía era de noche, el Congreso fue lo más parecido a una Marmicoc. Los taxistas no llevaban a nadie hasta la zona. Allí, en la plaza, cientos de manifestantes oficialistas, con fuegos artificiales, pancartas y banderas, observaron la sesión por medio de pantallas gigantes y pasaron de la algarabía a la confusión, a la desolación y a la rabia, secuencia que a la inversa se vivió a cinco kilómetros de distancia en Palermo, donde ruralistas y opositores observaron el debate.
Las 18 horas y 50 minutos de discusión fueron seguidas por periodistas, por funcionarios y por personal del Senado en medio de una maraña de rumores y de idas y venidas. En el majestuoso palacio parlamentario muy pocas personas podían pasar al recinto y a los palcos. Inclusive, buena parte del personal de la Cámara Alta también tenía limitados los accesos. “Menem se va a la mierda. Dicen que está con mucha fiebre y no va a estar para la votación. Cagó la oposición”, vociferó un acreditado del Congreso a las 9 de la noche. Más tarde, finalmente, habló Carlos Saúl. A punto de comenzar su discurso, la aparición del dos veces ex presidente en las pantallas gigantes ubicadas en los salones Azul y De las Provincias provocó un ¡uuuuuuuhhhhhhhhh! de asombro generalizado, y algunas risas socarronas como las del cronista de CQC, Clemente Cancella. Después, durante toda la alocución, el silencio fue sepulcral.
“Aparecio Rached!”. Del recinto llegaban las noticias por SMS a los celulares. “llgó Sadi” (sic). Con ellos, el oficialismo sumaba 37 votos, y le ganaba a los 34 votos opositores, descontando la ausencia de Menem.
En el medio, llegaban de visita algunos funcionarios, como la diputada kirchnerista Diana Conti que, distendida y convencida de la victoria, fumaba un cigarrillo blanco y finito e intercambiaba bromas con sus asesores mientras concedía entrevistas. Afuera, sonaban bombas de estruendo y una multitud gritaba y cantaba en apoyo al Ejecutivo nacional.
Cerca de la medianoche la televisión tiró la bomba de que la votación estaría empatada en 36. “¿Qué pasó ahora?”, preguntó un movilero desesperado y hastiado a sus colegas, justo después de haber salido al aire diciendo que el oficialismo ganaba con 37 votos. “Rached se dio vuelta. Lo llamó Alfonsín. Y Menem ya sabemos que se queda. Están en parda”, le respondieron, en lenguaje truquero.
Revuelo. Quedaba todavía casi una decena de oradores. El calor iba en ascenso en la Plaza de los dos Congresos. Adentro, también. Hablaron la ultraopositora Chiche Duhalde y el ultrakirchnerista Nicolás Fernádez. Los cronistas tomaban nota y un enviado infiltrado de Guillermo Moreno exclamaba frente a las pantallas gigantes: “senadores, respeten la democracia”. Un muchacho vestido con un ambo negro repartía entre los periodistas una publicación oficialista: “Revista Ka”.
Las ojeras eran cada vez más grandes. Los techos eran altos, pero el humo del cigarrillo igualmente logró imponerse en el ambiente. Habló Sanz. Habla Pichetto. La definición está al caer.
Otro ¡uuuuuuuhhhhhhhhh! generalizado y risas, cuando apareció el 36 a 36 en la pizarra electrónica. Afuera el bullicio era ensordecedor y las banderas y las pancartas estaban cada vez más altas. “Por nuestros hijos, por nuestra patria, ni un paso atrás”, decía una que pertenecía a Madres de Plaza de Mayo.
Cobos tomó el micrófono. Lo acomodó 100.000 veces. Lo constriñó, lo dobló, lo movió. Era su más próxima e inmediata descarga. “No me gustaría ser el micrófono del vicepresidente en estos momentos”, decía una movilera, entre nerviosas risas. Muchos temblaban. Otros se comían las uñas o se revolvían el pelo o no paraban de fumar. “Mi voto no es positivo”. Final de la sesión. Todos, afuera. Militantes K intentaban derribar las vallas. Se rearma el cordón policial. Los senadores y Cobos se retiraban por la puerta de atrás. Caían piedras. Todos, adentro, de vuelta. Se rompieron algunos vidrios del edificio del Senado. Después, las banderas y las pancartas desaparecieron. La multitud se desconcentró. La calma volvió al lugar. Pero la tensión continúa.
lunes, 21 de julio de 2008
El que esté libre de pecados…
El silencio proverbial del inicio de un viaje largo y nocturno en colectivo hasta Buenos Aires se interrumpió ni bien pasaron diez minutos desde la partida de la terminal de ómnibus de Tucumán. ¡Pum! ¡Crrrrrrasshhh! Murmuros. Un pasajero que estaba sentado en un asiento del medio del colectivo se levanta ileso pero aturdido, absorto. Desde la banquina alguien había arrojado un cascote de ripio, que impactó y destruyó una de las ventanas del vehículo.
Los azafatos no habían tenido tiempo de pedirnos a los clientes que cubriéramos las ventanas con las cortinas para evitar este tipo de siniestros. Siempre lo hacen. En cada viaje. Pero esta vez ocurrió de antemano. A mí es la primera vez que me pasaba.
Después del incidente, el colectivo nunca se detuvo hasta que llegamos a la base logística de la empresa de viajes. Allí unos operarios terminaron de destruir en pedazos lo que quedaba del ventanal, dejando perfectamente libre el rectángulo para empotrar otro vidrio. La enmienda demoró unos 35 minutos.
Me decía Santiago, mi colega con quien viajé por una cobertura para La Gaceta, que probablemente se trató de asaltantes en un intento de robo. No sé. Tal vez el propósito haya sido sencillamente el de hacer daño. Lo cierto es que no sólo fue un gran susto tener que esperar, sino un padecimiento.
Igualmente, el mayor garrón fue lo que tuvimos que ver en la tele: “El increíble cuerpo humano”, un documental de la National Geographic. Realmente hubiera preferido un policial yanqui de los 80, barato y predecible. Me calcé los auriculares y me dispuse a escuchar música española para pasar el mal trago. Contamíname, pero no con el humo que asfixia el aire. Ven, pero sí con tus ojos y con tus bailes…
Los azafatos no habían tenido tiempo de pedirnos a los clientes que cubriéramos las ventanas con las cortinas para evitar este tipo de siniestros. Siempre lo hacen. En cada viaje. Pero esta vez ocurrió de antemano. A mí es la primera vez que me pasaba.
Después del incidente, el colectivo nunca se detuvo hasta que llegamos a la base logística de la empresa de viajes. Allí unos operarios terminaron de destruir en pedazos lo que quedaba del ventanal, dejando perfectamente libre el rectángulo para empotrar otro vidrio. La enmienda demoró unos 35 minutos.
Me decía Santiago, mi colega con quien viajé por una cobertura para La Gaceta, que probablemente se trató de asaltantes en un intento de robo. No sé. Tal vez el propósito haya sido sencillamente el de hacer daño. Lo cierto es que no sólo fue un gran susto tener que esperar, sino un padecimiento.
Igualmente, el mayor garrón fue lo que tuvimos que ver en la tele: “El increíble cuerpo humano”, un documental de la National Geographic. Realmente hubiera preferido un policial yanqui de los 80, barato y predecible. Me calcé los auriculares y me dispuse a escuchar música española para pasar el mal trago. Contamíname, pero no con el humo que asfixia el aire. Ven, pero sí con tus ojos y con tus bailes…
sábado, 12 de julio de 2008
Reflexión de Josep Pla sobre el orden
En “El cuaderno gris” figura otra definición del escritor catalán Josep Pla que me ha resultado particularmente acertada. Se la leí hace unos días a mi amiga Maby Sosa para justificar el pintoresco orden de su departamento, en el que estoy alojándome durante estos días hasta que me entreguen el mío. En la casa, la presencia de mi madre es visible por todas partes. Sospecho que si pudiera ordenaría hasta los sentimientos (...) El orden tiene esto de malo: paraliza, admira, invita a no tocar nada. Invita a dejarlo todo para mañana. Dejar una cosa para mañana es dejarla para siempre.
miércoles, 9 de julio de 2008
Diálogo por celular
Un hombre camina por la vereda de Bonafide, en San Martín al 600, mientras habla por celular, aparentemente, con su mujer:
- No, mi amor, voy a llegar a la casa enseguidita nomás. Hoy quiero verlo a Tinelli ya bañadito, limpito... tranquilo. Y no quiero que nadie me hinche las pelotas.
- No, mi amor, voy a llegar a la casa enseguidita nomás. Hoy quiero verlo a Tinelli ya bañadito, limpito... tranquilo. Y no quiero que nadie me hinche las pelotas.
viernes, 4 de julio de 2008
Publicidad exagerada

¿Por qué el mega evento del siglo? ¿Una exposición jurásica y otra de animales constituyen el gran acontecimiento del siglo? ¿De cuál siglo? ¿No bastan los ejemplares que hay en el Lillo? ¿Dinosaurios reales? ¿No se habían extinguido hace miles de años ya? ¿Por qué ese afán por la pedantería en las publicidades? ¿Por qué no aprovechan semejante afiche para atraer al público de otra forma? Ya fui al Lillo y a varios zoológicos y vi las Jurasic Park, y no sé. Difícilmente otra muestra me resulte más atractiva que lo que ya vi. Encima, la entrada cuesta 10 pesos.
martes, 1 de julio de 2008
Reprimendas de madres a hijos en España
* Viaje en colectivo desde la ciudad hasta las sierras madrileñas:
Niña (de unos seis años): Anda, dámelo un segundo.
Madre: ¡No, porque tú pierdes todo lo que te dan!
Niña: Si te lo pierdo, te compro uno nuevo con mi paga.
Madre: No, he dicho. Y estate quietecilla, ¿eh?
* Niño de unos tres corriendo en la vereda de la avenida principal de Granada:
Madre: ¡Enrique, Enrique, ven aquí!
(El niño siguió corriendo sin hacer caso)
Madre: ¡Parece que este niño no tiene pai ni mai!
* A la salida del zoológico de Casa de Campo, en Madrid:
Niño (con cara de conpungido): Perdona...
Madre: Perdona, perdona... ¡Carlos Perdona te voy a empezar a llamar, porque es lo único que te oigo decir todo el tiempo!
Niña (de unos seis años): Anda, dámelo un segundo.
Madre: ¡No, porque tú pierdes todo lo que te dan!
Niña: Si te lo pierdo, te compro uno nuevo con mi paga.
Madre: No, he dicho. Y estate quietecilla, ¿eh?
* Niño de unos tres corriendo en la vereda de la avenida principal de Granada:
Madre: ¡Enrique, Enrique, ven aquí!
(El niño siguió corriendo sin hacer caso)
Madre: ¡Parece que este niño no tiene pai ni mai!
* A la salida del zoológico de Casa de Campo, en Madrid:
Niño (con cara de conpungido): Perdona...
Madre: Perdona, perdona... ¡Carlos Perdona te voy a empezar a llamar, porque es lo único que te oigo decir todo el tiempo!
martes, 24 de junio de 2008
La universalidad de Piazzolla y los íconos argentinos

Sorprendido, detuve unos instantes mi caminata por las ruinas romanas para escuchar el bandoneón que tocaba un músico callejero. El artista interpretaba Libertango, de Astor Piazzolla. Melodía bella, nostálgica, apasionada, neurótica, como el propio Piazzolla definió alguna vez a su música. Mi bandoneón es como tener una mujer en los brazos. Lo acaricio, le pego. La excitación rítmica me lleva a eso. Un músico no es un empleado solemne, sentenció una vez, durante una entrevista que le hacía el recientemente fallecido Bernardo Neustadt. Escuchar Libertango tan lejos de casa me puso la piel de gallina. El escenario no guardaba ninguna relación con la canción, pero igualmente me estremecí. Y pensé, además, en el alcance internacional que logró uno de los más famosos compositores argentinos de tango. Piazzolla, junto a Mafalda (en Holanda vi a la venta la colección completa de las tiras de Quino, y muñequitos de ella y de los principales personajes), al Diego y a Mercedes Sosa (en La Alhambra, Granada, una mujer con la que intercambié un breve diálogo se animó a entonar un par de estrofas de Canción con todos) son definitivamente los principales íconos argentinos en el mundo. A ellos se les suman algunos contemporáneos, tales como Lionel Messi, aunque su trascendencia aún es un misterio.
martes, 17 de junio de 2008
El pedaleo masivo

Una de las cosas que me llaman la atención en Europa es que en varias ciudades el uso de la bici es multitudinario. Es ecológico, económico y práctico. Por ejemplo, en Berlín, donde estuve este fin de semana, y en Barcelona, donde el ayuntamiento puso en marcha un sistema que se llama bicing. Se trata de bicicletas públicas que pueden ser utilizadas por cualquiera. Se debe pasar una tarjeta (no es cara; son 24 euros al año) por el detector que está ubicado en las estructuras de hierro en las que se estacionan las bicis; se toma la bici indicada y se la puede devolver en cualquiera de los cientos de estacionamientos distribuidos por toda la ciudad. ¿Funcionaría un sistema así en San Miguel de Tucumán? Pregunto no sólo por los afanos (en Barcelona también se las roban) si no también por las características de la ciudad. Yo creo que no. O que, por lo menos, sería muy complicado.
sábado, 7 de junio de 2008
Definición de lactancia, según Josep Pla
Estoy leyendo "El cuaderno gris", la obra insigne del más célebre escritor catalán de todos los tiempos, Josep Pla. Allí encontré un concepto sobre la primera infancia, la de los primeros meses, que me pareció maravilloso. Aquí va: sospecho que la época de los pañales es la más feliz de la existencia terrenal. ¡Qué tiempo de maravilla! Esos sueños tan largos, esos almohadones tan blandos, esas deliciosas madrugadas y esos líquidos suculentos y delicados ¡no se deberían sorber de pasada! ¡Vivir en un mundo en que, esencialmente, sólo se tiene hambre y ver que todo el mundo se esfuerza por saciárosla, tiene que ser un deslumbramiento contínuo, una fascionación beatífica! ¿Os lo imagináis? Es muy cierto lo que digo, que el abrigo de la infancia crea, con los años, por contraste, la sensación de intemperie y de inseguridad. La vida se convierte en una nostalgia de la dulzura perdida, de la felicidad robada. Pero, de aquella época de placeres tranquilos y de bienestar vegetal, me ha sido siempre imposible retener cualquier recuerdo preciso y concreto... Eso debe aumentar probablemente el encanto de la época de lactancia como paraíso perdido -como paraíso terrenal-.
lunes, 2 de junio de 2008
Del jacuzzi y el autobombo
La semana pasada estuve en Madrid; en el Santiago Bernabéu. El estadio parece dibujado en correspondencia con la envergadura del club: el Real Madrid. Las gradas, que soportan la visita de hasta 85.000 personas, están pintadas de azul y blanco; el césped está muy bien conservado y el interior es impecable y moderno: hay una exposición de trofeos; una sala de prensa para casi un centenar de periodistas; una tienda (obviamente) con todo el merchandising merengue a la venta, y, justo para esta época, un homenaje temporario y exclusivo a la "saeta rubia", Alfredo Di Stéfano, una deidad de los madridistas. El recorrido está bien pensado; es agradable. Hasta te permiten sentarte en los bancos de suplentes. Completito. Pero me parece que se les escapó la tortuga (Diego Armando Maradona, Buenos Aires, 1997) con que los vestuarios tengan jacuzzi. ¡Sí! ¡Jacuzzi! En el local y en el visitante. También, que durante el recorrido uno se tope cada dos por tres con carteles en los que se lee: "El mejor club de la historia". ¿Quién le dio tal título? ¿O qué les hará pensar, con tan fuerte convicción, que es el Real Madrid y no otro? ¿Sólo la cantidad de copas ganadas le dan automáticamente a un equipo la corona del mejor de la historia?
Nada de BigMac, ni de Cajita Feliz, ni las pelotas
Amigos, una de las más gratas situaciones que viví durante este periplo por el Viejo Continente ocurrió en Sevilla, donde comí "montaítos". Estos son como sanguchitos en pan francés -o mignoncitos, tal vez- con salmón, con jamón, con papas, realmente muy ricos. Además, me atendieron rápido; la ración de seis montaítos me dejó más que satisfecho y pagué sólo siete euros, con bebida incluida. Digo sólo siete euros porque comer afuera sale más bien carito en Europa. La cadena de restaurantes es muy conocida en España: hay 115 locales. Se llama "Cervecería 100 Montaditos".
lunes, 19 de mayo de 2008
Reflexión sobre el conflicto con el campo
Alperovich lo explicó sin tapujos: la Nación necesita sacarle plata al campo para pagar la deuda externa. Hay U$S 9.000 millones de vencimientos este año; a U$S 4.000 millones los sacará refinanciando la deuda con la Anses y con las AFJP. ¿Cómo paga los otros U$S 5.000 millones, si no hay crédito? Con el superávit, que es lo que ingresa menos lo que se gasta; y parte de ese superávit está dado por la retención a la soja. Así de clarito había expuesto el gobernador el 26 de marzo, en pleno paro agropecuario, un día después de que los sojeros tucumanos lo criticaron por haberse puesto del lado de la administración central y de espaldas al sector productivo. Siete semanas han pasado desde aquellas declaraciones sin que Cristina de Kirchner ni sus funcionarios hayan detallado las verdaderas razones de la última suba de las retenciones (en el caso de la soja alcanzan el 44,1%) y del esquema de movilidad, que establece que este impuesto subirá o bajará de acuerdo con la variación de los precios internacionales de cada cereal.
Que sirven para distribuir la riqueza. Primera mentira. El país crece gracias a la demanda internacional de commodities que la Argentina produce y al tipo de cambio que permite un extraordinario ingreso de capitales por todas las vías. Pero la matriz distributiva sigue siendo la misma que la de los 90: el derrame. Y, en este sentido, está claro que las retenciones propician una mayor concentración de la riqueza en pocos actores. Más genuino sería expropiar tierras y distribuirlas entre los que menos tienen; y dejar de subsidiar a las grandes corporaciones alimenticias con el dinero de los pequeños productores. ¿Por qué no al revés: aplicarles retenciones a estas y subsidiar a los agricultores para que produzcan más?
Que son necesarias para frenar la inflación. Segunda mentira. Las retenciones se aplican desde 2002, cuando se salió del 1 a 1, y el Estado nacional requería urgentemente fondos para sanear las finanzas públicas, en medio de la peor crisis económica que haya sufrido el país. Desde entonces, la economía ha crecido más del 45% y los precios alconsumidor han aumentado más del 150% (siempre según el Indec). La gente siente que cada vez le alcanza menos la plata.
El primer problema en este conflicto nacional -y en muchos otros más, sin dudas-, es que este Gobierno no transparenta sus propósitos y traslada asuntos públicos de cualquier índole al plano político. Resulta incomprensible que la Presidenta (¿o Néstor Kirchner?) haya llevado al extremo la pelea con el campo, inclusive a costas de una pronta e inesperada caída de su consideración en la sociedad (ganó la Presidencia con el 44% de los votos y hoy, faltándole tres años de mandato, su imagen positiva alcanza con suerte el 30%), cuando podía haberlo solucionado mucho antes. Bastaba con explicarles a las entidades ruralistas la necesidad de caja y ofrecerles una propuesta para bajar la alícuota de las retenciones, o bien, modificar el esquema de movilidad. Esa es la madre del borrego, aunque también -hay que decirlo- fue la gota que rebasó el vaso en medio de una ausencia total de política agropecuaria. En verdad, la única política agropecuaria de este Gobierno y de su falso modelo productivo consiste en sacarle dinero al campo para sostener el superávit. Y los que más pierden son los pequeños productores. Para los grandes son apenas rasguños. A esta altura, no se entiende cómo sigue en funciones el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza.
Mientras la administración central busca enceguecidamente más dinero, crece la deuda externa y aumenta el gasto público improductivo; y no sería descabellado pensar que también se incrementa la pobreza, si se tiene en cuenta la suba del valor de la canasta básica. Además, el país pierde terreno en la carrera internacional de los países emergentes por propiciar la radicación de inversiones de peso que, en definitiva, constituyen, al menos en el caso argentino, la solución ideal para la suba del costo de vida y para la crisis energética (otro grave problema). En efecto, según un informe de la Comisión Económica para América Latina yel Caribe (Cepal), la inversión extranjera directa alcanzó el año pasado un récord de 106.000 millones de dólares en América Latina y el Caribe, pero la Argentina no figuró entre los más elegidos, con 5.720 millones de dólares. Durante 2007, los países preferidos por los inversores fueron Brasil (con 34.585 millones de dólares), seguido por México (23.230 millones), Chile(14.457 millones) y Colombia (9.028 millones).
El Gobierno nacional siempre tuvo la llave para solucionar el conflicto con el campo. Pero optó por dilatarlo absurdamente, mientras la economía entró en una desmejora, producto, en buena parte, de la incertidumbre que se extendió durante estos días. Eso sí: apura el proyecto de construcción del tren bala, que seguramente ubicará al país en la cresta internacional de la modernidad.
Que sirven para distribuir la riqueza. Primera mentira. El país crece gracias a la demanda internacional de commodities que la Argentina produce y al tipo de cambio que permite un extraordinario ingreso de capitales por todas las vías. Pero la matriz distributiva sigue siendo la misma que la de los 90: el derrame. Y, en este sentido, está claro que las retenciones propician una mayor concentración de la riqueza en pocos actores. Más genuino sería expropiar tierras y distribuirlas entre los que menos tienen; y dejar de subsidiar a las grandes corporaciones alimenticias con el dinero de los pequeños productores. ¿Por qué no al revés: aplicarles retenciones a estas y subsidiar a los agricultores para que produzcan más?
Que son necesarias para frenar la inflación. Segunda mentira. Las retenciones se aplican desde 2002, cuando se salió del 1 a 1, y el Estado nacional requería urgentemente fondos para sanear las finanzas públicas, en medio de la peor crisis económica que haya sufrido el país. Desde entonces, la economía ha crecido más del 45% y los precios alconsumidor han aumentado más del 150% (siempre según el Indec). La gente siente que cada vez le alcanza menos la plata.
El primer problema en este conflicto nacional -y en muchos otros más, sin dudas-, es que este Gobierno no transparenta sus propósitos y traslada asuntos públicos de cualquier índole al plano político. Resulta incomprensible que la Presidenta (¿o Néstor Kirchner?) haya llevado al extremo la pelea con el campo, inclusive a costas de una pronta e inesperada caída de su consideración en la sociedad (ganó la Presidencia con el 44% de los votos y hoy, faltándole tres años de mandato, su imagen positiva alcanza con suerte el 30%), cuando podía haberlo solucionado mucho antes. Bastaba con explicarles a las entidades ruralistas la necesidad de caja y ofrecerles una propuesta para bajar la alícuota de las retenciones, o bien, modificar el esquema de movilidad. Esa es la madre del borrego, aunque también -hay que decirlo- fue la gota que rebasó el vaso en medio de una ausencia total de política agropecuaria. En verdad, la única política agropecuaria de este Gobierno y de su falso modelo productivo consiste en sacarle dinero al campo para sostener el superávit. Y los que más pierden son los pequeños productores. Para los grandes son apenas rasguños. A esta altura, no se entiende cómo sigue en funciones el secretario de Agricultura, Javier de Urquiza.
Mientras la administración central busca enceguecidamente más dinero, crece la deuda externa y aumenta el gasto público improductivo; y no sería descabellado pensar que también se incrementa la pobreza, si se tiene en cuenta la suba del valor de la canasta básica. Además, el país pierde terreno en la carrera internacional de los países emergentes por propiciar la radicación de inversiones de peso que, en definitiva, constituyen, al menos en el caso argentino, la solución ideal para la suba del costo de vida y para la crisis energética (otro grave problema). En efecto, según un informe de la Comisión Económica para América Latina yel Caribe (Cepal), la inversión extranjera directa alcanzó el año pasado un récord de 106.000 millones de dólares en América Latina y el Caribe, pero la Argentina no figuró entre los más elegidos, con 5.720 millones de dólares. Durante 2007, los países preferidos por los inversores fueron Brasil (con 34.585 millones de dólares), seguido por México (23.230 millones), Chile(14.457 millones) y Colombia (9.028 millones).
El Gobierno nacional siempre tuvo la llave para solucionar el conflicto con el campo. Pero optó por dilatarlo absurdamente, mientras la economía entró en una desmejora, producto, en buena parte, de la incertidumbre que se extendió durante estos días. Eso sí: apura el proyecto de construcción del tren bala, que seguramente ubicará al país en la cresta internacional de la modernidad.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Sabor a nada
Anoche fui a cenar a Setimio, un wine bar ubicado frente a la plaza Urquiza de esta ciudad. Los martes son días especiales: hay sushi. La única que vez que degusté esos bocaditos orientales de pescado crudo, de arroz y de otras yerbas fue el año pasado, cuando mi amiga Martina Delacroix gentilmente había planificado un selecto convite en ocasión del estreno de un departamento que acababa de alquilar. Ahora tenía ganas de comparar los que había cocinado Martina con los del chef de Setimio, uno de los poquísimos comercios en Tucumán donde se puede comer sushi. El lunes había ido a hacer las reservas, porque el lugar es chico y necesitan saber cuántos son para poder estimar la cantidad de comida a preparar, según me comentaron. Hecha la reserva, llegué a la vinoteca ayer cerca de las 23, después de una jornada laboral agitada. Subí por las escaleras. Había pedido una mesa en el primer piso. La cristalería de los vasos y de las botellas se combinaba armoniosamente con la madera de los muebles y de algunos elegantes cachivaches relacionados con la vinería y con la gastronomía en general. Buen gusto. Buena música. No era el chill out barato que está en boga en los lugares top. No sé qué era, pero agradaba. Se dejaba escuchar. El salón no estaba lleno. Eso también era bueno. Los otros tres comensales (mi hermana, su novio y mi compañera) me esperaban sentados. Después de una breve charla introductoria, nos pusimos a hojear la carta. Decidimos qué pedir. Llamé al mozo:
- ¿Qué tal? Queremos dos porciones de sushi surtid…
- No, no hay sushi.
- ¿Cómo que no hay sushi?
- Es que se acabó.
- ¿Cómo que se acabó? Yo hice las reservas ayer para cuatro person...
- Sí, pero usted reservó la mesa, no el sushi.
Respuesta inverosímil. Inadmisible. Pero respetuosa, eso sí.
23.30. Era tarde. No convenía salir a buscar otro restaurante. Volvimos a revisar la carta. Esta vez, el mismo mozo nos acercó atentamente, hay que decirlo, unos bocaditos que habían quedado. “Para que no se queden con las ganas”, nos dijo. ¡Pero no era sushi! ¡Era comida china! Y para nada buena, por cierto. Eran como empanaditas con apenas un golpe de horno, como crudas, rellenas de atún. Gusto a nada.
Pedimos pasta. Veintidós pesos un platito de sorrentinos de morondanga, con gusto a… ¡nada! Lo único rico de la noche fue el Latitud 33 Cabernet Sauvignon, al que por suerte lo hacen en Bodegas Chandón, y no en Setimio.
Cuando terminamos de cenar, habiendo tratado de pasarla bien a pesar de la saga de chascos, se acercó el chef del sushi, el que cocina todos los martes, y nos ofreció sus más sinceras disculpas. “Ojalá vuelvan pronto para que puedan ser compensados”, nos dijo, con un acento educado y con una sonrisa amable, pacífica. Después, se fue a saludar en otras mesas.
Demasiado glamour.
- ¿Qué tal? Queremos dos porciones de sushi surtid…
- No, no hay sushi.
- ¿Cómo que no hay sushi?
- Es que se acabó.
- ¿Cómo que se acabó? Yo hice las reservas ayer para cuatro person...
- Sí, pero usted reservó la mesa, no el sushi.
Respuesta inverosímil. Inadmisible. Pero respetuosa, eso sí.
23.30. Era tarde. No convenía salir a buscar otro restaurante. Volvimos a revisar la carta. Esta vez, el mismo mozo nos acercó atentamente, hay que decirlo, unos bocaditos que habían quedado. “Para que no se queden con las ganas”, nos dijo. ¡Pero no era sushi! ¡Era comida china! Y para nada buena, por cierto. Eran como empanaditas con apenas un golpe de horno, como crudas, rellenas de atún. Gusto a nada.
Pedimos pasta. Veintidós pesos un platito de sorrentinos de morondanga, con gusto a… ¡nada! Lo único rico de la noche fue el Latitud 33 Cabernet Sauvignon, al que por suerte lo hacen en Bodegas Chandón, y no en Setimio.
Cuando terminamos de cenar, habiendo tratado de pasarla bien a pesar de la saga de chascos, se acercó el chef del sushi, el que cocina todos los martes, y nos ofreció sus más sinceras disculpas. “Ojalá vuelvan pronto para que puedan ser compensados”, nos dijo, con un acento educado y con una sonrisa amable, pacífica. Después, se fue a saludar en otras mesas.
Demasiado glamour.
De nuevo estoy de vuelta
Después de larga ausencia (caló hondo el título de la entrada anterior), El Corcho se reencuentra hoy con sus lectores. Amigos, ha sido un mes de mucho trabajo y, tal vez, de demasiadas distracciones. No voy a decirles que estoy con todas las pilas, pero al menos voy a tratar de postear con una mayor constancia. Un abrazo fraterno.
martes, 8 de abril de 2008
El tiempo no importa
A La Calesita no le pasan los años. La cartelería de la egregia peluquería para chicos da cuenta de ello (¡El austral dejó de circular hace 17 años!). También, los fígaros, que visten la misma chaqueta marrón y siguen haciendo las veces de maestros tijereteros, caminando en semicírculo una y otra vez alrededor de esos pequeños tronitos en altura. También, los clientes, que siguen yendo pese al paso de las generaciones (¿cuántas serán ya?). Y también, indudablemente, ese pintoresco tiovivo que gira todo el tiempo con los mismos dibujitos de Disney (me parecía inmenso cuando era chico). En tiempos en los que el minimalismo y la modernidad urbana parecen quitarle valor a lo tradicional, a lo histórico, La Calesita guiña un ojo desde la esquina de Junín y Santiago del Estero, en San Miguel de Tucumán. Ojalá lo siga haciendo.
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