lunes, 27 de abril de 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
La crisis de abril
Estoy en crisis. Sí. Abril nunca me gustó. Nunca comprendí las canciones en las que se menciona a abril como un mes de ensueño, de enamoramiento. Abril me sabe híbrido. No hace frío ni calor, o hacen los dos a la vez. En abril comienza el año, y cuando éste no ofrece novedades, la sensación es de espanto. Se convive con el destierro en el pago. Los confines son inciertos. Los cambios están bien lejos. ¡Recién estamos en abril, la puta madre! ¿Cómo hay gente que le puede poner Abril a su hija? Si se le pudiera poner diciembre a un hijo, le pondría Diciembre. O Septiembre, que tampoco me sienta mal. En abril el sol ya no es el mismo. No hay lluvias copiosas y el paisaje adquiere un amarillento viejo. Prefiero el color. O el azul-negro de la noche, el momento del día en el que paso mis mejores horas, últimamente. Abril se queda a medio camino. No es invierno ni verano. No es zamba ni chacarera. No es helado ni chocolate. No es cerveza ni fernet. No es chicha ni limonada. Abril es intratable.
miércoles, 8 de abril de 2009
Mirada a Bernasconi
Olor a café y a pucho viejo; a diario caliente, a tortillas recién horneadas. Un hombre de chaqueta y gorro celestes charla con todos. ¡Qué grande Atlético, papá!, provoca, cada tanto, mientras seca las tazas, en su búsqueda permanente de conversación. La chicana conecta. Desde la barra, un cliente bromea a los gritos con otro, que está sentado a una de las mesas; después, con el lustrín. El de siempre. El revistero de al lado abandona unos instantes un templete amarillento, atiborrado de publicaciones, y su radio modelo 70. Entra al bar. Jueguelé al 27, amigo. Es el año de nacimiento de Alfonsín, le dice a un hombre que saboreaba un cortadito caliente y hojeaba páginas monotemáticas sobre la muerte del ex presidente. Todos se conocen. La flor del desierto es una bonita chica, encargada de la caja. Habla poco. Las mujeres hablan poco cuando hay tantos hombres. Ríe. Esa es su forma de comunicarse. Son seis pesos, responde, mientras la registradora vomita varios tickets de una sola vez. Bernasconi nunca fue un nicho para la intelligentzia ni para los jóvenes. Fútbol, quiniela y política son las razones de vivir. Es un bar de mañana. Uno de los primeros al paso en Tucumán. Nunca fue la bohemia, que se quedó sin La Cosechera y sin El buen gusto. A Bernasconi entran y salen funcionarios, jueces, legisladores, empresarios y sindicalistas de los más rancios. En no más de dos cuadras están la Casa de Gobierno, bancos, la Federación Económica, la Caja Popular de Ahorros… y al frente, la plaza Independencia. San Martín 453. Baldosas negras, toldo y puerta tenaz con vidrios y férreos barrotes. Es una de las fachadas del señorial edificio del Jockey Club. Es el punto de encuentro.
sábado, 4 de abril de 2009
El pueblo sabe a quién llorar
Uno de los mejores homenajes al ex presidente Raúl Alfonsín que leí es el del panorama sabatino de Alvaro Aurane, editor de Política del diario La Gaceta, de Tucumán. Se titula El pueblo sabe a quién llorar y considero que es un repaso justo de la trayectoria del líder radical.
jueves, 2 de abril de 2009
Sentencia de café
Mujer de unos 50 años, sentada a la mesa de un bar: A la tenología no la para nada, ¿eh? Nada la para a la tenología. Te aviso.
martes, 31 de marzo de 2009
Bongo, bongo, bongo, bongo
Duda: ¿por qué ahora que estamos en emergencia sanitaria en Tucumán todo el mundo canta Dengue, dengue, dengue, dengue, en la misma melodía de Ese es el bongo bongo, del Monstruo Sebastián?
lunes, 30 de marzo de 2009
Una Babel de trinos
Hay artistas que, da la sensación, llevan la música en la sangre. Con mi amiga Maby Sosa fuimos a ver a Rubén Rada con Javier Malosetti dos veces, una en La Trastienda (Buenos Aires), con nuestro amigo Diego Jemio, y la otra en la plaza Independencia (Tucumán). La segunda vez estuve más cerca del escenario y me di cuenta de que el Negro es de esos músicos: cierra los ojos; independiza las manos, que marcan el ritmo, del cuerpo, que se menea sincopadamente, mientras juega con agudos y falsetes y hace muecas con la cara y cierra y abre los ojos. Rada se adueña de la música. La música sin él sería diferente. Lo mismo ocurre con otros -pocos- artistas, tales como Charly García, Caetano Veloso o Daniel Barenboim. No conocí a Gustavo Cuchi Leguizamón, pese a que canté obras de él en el coro y lo hacemos a menudo cuando organizamos guitarreadas con mis compadres. No lo conocí pero imagino que también debe haber sido de esos músicos. Escuché un disco de él y leí una anécdota que escribió para La Gaceta Roberto Espinosa, que creo que confirma mi suposición.
Se paró en el ombligo de la plaza Urquiza. Cerró los ojos. Hizo un silencio. Comenzó a silbar hasta convertirse paulatinamente en una suerte de “Cuchi chalchalero”. A los pocos minutos los pájaros lo rodearon. Se le subían a los zapatos. Los más osados se posaban en los hombros. En la cabeza, abriéndole surcos en la gomina. Una Babel de trinos y alados saltimbanquis alborotaban el mediodía. “Ahora nos vamos a divertir un poco”, dijo. Empezó a silbar un poco más abajo del tono. El desconcierto se apoderó de la turba emplumada, mientras Gustavo Leguizamón carcajeaba con fervor. Corría el año 88. Media hora antes, en el entusiasmo de la entrevista, el pianista y compositor salteño había sugerido: “la Universidad, que tiene una Escuela de Música tan importante, debería tener un taller de pájaros para que sus alumnos aprendieran de la observación y la escucha. Cuando era chango, mi mama tenía una pajarera y por áhi, se le callaba un chalchalero. ‘Si me das un peso te lo hago cantar’, le decía y ganaba la apuesta. Yo me pongo a silbar y los tengo al ratito a mi alrededor...”. Viendo mi expresión de asombro, dijo: “¿que no me creís, Espinosín? ¿Dónde hay una plaza cerca?”. Rumbeamos a la Urquiza. En el camino, lanzó varias carcajadas: “Alguien definió la música como la combinación de los sonidos. Vino otro y le agregó los silencios. Hasta que llegaron los rockeros y le pusieron los ruidos”. La música no necesita de palabras para comunicar, para desencadenar sentimientos, estados de ánimo, sensaciones, no sólo entre las personas. Tal vez porque todos tenemos un coyuyo en el corazón.
Se paró en el ombligo de la plaza Urquiza. Cerró los ojos. Hizo un silencio. Comenzó a silbar hasta convertirse paulatinamente en una suerte de “Cuchi chalchalero”. A los pocos minutos los pájaros lo rodearon. Se le subían a los zapatos. Los más osados se posaban en los hombros. En la cabeza, abriéndole surcos en la gomina. Una Babel de trinos y alados saltimbanquis alborotaban el mediodía. “Ahora nos vamos a divertir un poco”, dijo. Empezó a silbar un poco más abajo del tono. El desconcierto se apoderó de la turba emplumada, mientras Gustavo Leguizamón carcajeaba con fervor. Corría el año 88. Media hora antes, en el entusiasmo de la entrevista, el pianista y compositor salteño había sugerido: “la Universidad, que tiene una Escuela de Música tan importante, debería tener un taller de pájaros para que sus alumnos aprendieran de la observación y la escucha. Cuando era chango, mi mama tenía una pajarera y por áhi, se le callaba un chalchalero. ‘Si me das un peso te lo hago cantar’, le decía y ganaba la apuesta. Yo me pongo a silbar y los tengo al ratito a mi alrededor...”. Viendo mi expresión de asombro, dijo: “¿que no me creís, Espinosín? ¿Dónde hay una plaza cerca?”. Rumbeamos a la Urquiza. En el camino, lanzó varias carcajadas: “Alguien definió la música como la combinación de los sonidos. Vino otro y le agregó los silencios. Hasta que llegaron los rockeros y le pusieron los ruidos”. La música no necesita de palabras para comunicar, para desencadenar sentimientos, estados de ánimo, sensaciones, no sólo entre las personas. Tal vez porque todos tenemos un coyuyo en el corazón.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Bien por Hebe
La líder de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, le respondió con dureza a la conductora de TV Susana Giménez, que pidió la pena de muerte para los delincuentes y dijo que la colimba garantizaría más seguridad y ayudaría a sacar a los jóvenes del paco. ¿Cuál es nuestra seguridad con estas vedettes, que son más putas que vedettes, que se atreven a hablar de derechos humanos cuando bailaron y se acostaron con todos los represores? Y si Susana le hubiera acertado al amante que tenía (por Huberto Roviralta) con el cenicero en la cabeza y lo hubiera matado, ¿qué? ¿Habría que haberla matado a ella, entonces? ¿Por qué no piensan en lo que dicen? Porque en vez de cabeza tienen un maní. Lo único que tienen son tetas y no son de ellas, dijo Bonafini. Estas vedettes tienen el mismo justificativo que tuvieron para matar a nuestros hijos. Decían ‘está bien que los maten, son terroristas’ y ahora dicen que hay que ‘matar a todo el que mata’. Abrámosle la cabeza a la gente, que ven a los pelotudos como Sandro apoyando la pena de muerte. Que no jodan porque cuando mataron a nuestros hijos, siguieron ganando guita y estaban con los milicos, dijo la Madre de Plaza de Mayo. Hebe de Bonafini siempre es dura, pero lejos está de la locura que muchos le atribuyen. Y fue la única que se animó a a contestarle a toda esta sarta de tilingos poderosos como Susana Giménez, Sandro, Tinelli y Spinetta, que aprovechan su popularidad para decir elegantes barbaridades que la gente compra. Por personajes como estos estamos como estamos.
lunes, 16 de marzo de 2009
Frases que suenan feo
• ¡Eh, mermá el volumen, ura!
• Mmm, ‘ta loco el olor a garra que tiene este culiao.
• No la toco ni con un palo a la gorda arrecha esa.
• ¡Dejá de jodé’! Cómo so’ de hurgueto, ¿no?
• Mmm, ‘ta loco el olor a garra que tiene este culiao.
• No la toco ni con un palo a la gorda arrecha esa.
• ¡Dejá de jodé’! Cómo so’ de hurgueto, ¿no?
viernes, 6 de marzo de 2009
Te amo, te odio, dame más
Disculpá mi ingratitud, pero insisto: no te quiero más. He forjado con vos una relación que ya no controlo. Por eso, necesito dejarte. Pero no puedo. Estás conmigo todo el día; todos los días. Y a la noche, en la oscuridad de mi habitación, sos el único que me comprende. Cuando te vas, me dejás calientes los labios; me quitás el sueño y me das sed. Me acompañás. Me hacés pensar. Me cagás la vida. Esta semana he intentado cerrarte las puertas para siempre. Es imposible. Cómo me gustaría que nos viéramos menos. Que no me hieras tanto. Que no seás tan absorbente. Que me dejés tranquilo. Que respetés mis tiempos y mi entorno. No te importa nada. Si hasta te hacés el pícaro y, de vez en cuando, transgredís la ley. Te cambiaste la ropa y el perfume, pero seguís siendo igual: un insensible. Vengo prometiéndoles a mis amigos, a mi familia y a mí mismo que te voy a abandonar. Que voy a mudar de aires. Pero es en vano: me gustás mucho. Vamos de vuelta, cigarrito querido. El último, antes de dormir.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Cómo creo que debe ser una buena crónica
Una buena crónica debe ser como un gol de cabeza, después de una jugada de pizarrón. Como una carne a punto o unos fideos al dente. Como una obra cantada con emoción, sin calar ni subir, con un manejo sutil de la dinámica y discreto del vibrato. Como una discusión sin cesiones ni exabruptos, pero con los puntos sobre las íes. Como un castillo de naipes de tres pisos, no más, aunque firme. Como un escote atrevido; no pornográfico. Como un próspero panal de clase media, sin abeja reina. Como ganar la partida con un póquer de sietes, o con 30 el envido envido. Como un zurcido fino. Como bailar un tango sin besar, pero quedar a un paso de hacerlo.
martes, 24 de febrero de 2009
Sleep
Eric Whitacre, un joven músico estadounidense, compuso esta joyita de la música académica contemporánea: Sleep. Hace poco la ensayábamos con en el Coro de Cámara Tucumán. Creo que la cantamos un par de veces. Es un placer hacerlo. Es una obra muy sutil. Es impresionante. La letra, de Charles Anthony Silvestri, es una alegoría sobre la muerte. Aquí va una versión (no sé de qué agrupación coral es, pero suena muy, muy bien).
sábado, 14 de febrero de 2009
Mary Poppins y el crac económico
Probablemente, la escena que sintetiza más acabadamente las corridas bancarias es una del clásico de Disney Mary Poppins, de 1964. En esa secuencia cinematográfica, Michael Banks, uno de los dos pequeños a cargo de esa institutriz misteriosa y encantadora, se había negado a depositar los dos céntimos de sus ahorros en el banco del cual su padre era accionista. Quiero mi dinero, había gritado el niño, luego de que el jefe de la entidad financiera, una de las de mayor renombre en Londres, después de intentar persuadirlo, directamente le arrebató de sus manos las monedas. La queja, entonces, se expandió velozmente en el lobby de la empresa, como un derrumbe de fichas de dominó. Los clientes empezaron a reclamar sus ahorros a viva voz. El banco quebró.
La alegoría tal vez sirva para comprender un poco la actual crisis internacional, que comenzó siendo inmobiliaria, financiera, accionaria y estadounidense, y ahora ya es económica y global. La desconfianza ganó terreno. Las burbujas se reventaron una tras otra. Los mercados estallaron como pompas de jabón.
El ahora crac, que se desató en la segunda mitad de 2006 como consecuencia del colapso del mercado de hipotecas de alto riesgo (subprime), en Estados Unidos, se agravó con el correr de los meses al punto que casi ninguna nación escapa ya de la retracción general del nivel de actividad. Y este año estuvo marcado, en particular, ya no por las subprime, sino por los coletazos del estallido de ese negocio traicionero, que creció extraordinariamente de la mano de un libremercadismo a ultranza:
• Bancos, aseguradoras y grupos económicos de distinta índole cayeron en bancarrota.
• Desaceleración de las principales economías, que luego se expandió al resto del mundo.
• Pérdidas millonarias generales.
• Escándalos sobre acciones fraudulentas hasta el momento soslayadas por el monstruoso flujo de capitales de las economías centrales.
• La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) dispuso inauditas rebajas de su tasa de interés. Sólo este año el tipo de referencia cayó del 4% al histórico 0% de hoy.
• Por primera vez, el capitalismo, como paradigma del progreso, ha entrado en un plano de cuestionamientos.
• De hecho, se dispusieron intervenciones colosales nunca vistas de los Estados en los mercados y acciones conjuntas entre los bloques de naciones del mundo.
Frente a este cambio de escenario -parafraseando Fabiana Cantilo- los Estados acudieron a la enfermera; Estados Unidos, al deshollinador.
En la principal economía del planeta se votó como presidente a un ciudadano afroamericano, de discurso progresista y de retórica de héroe sensible, con propuestas de gobierno modernas y concretas, aunque de dudosa efectividad en el caso de las orientadas a corregir la catastrófica coyuntura económica del País del Norte y del mundo.
Analistas entienden que se han sobredimensionado las posibilidades con que cuenta una sola persona de resolver los problemas de millones. La recesión ya golpea por lo menos a Alemania, a Italia, a España, a Francia, a Japón y a Estados Unidos, y se descuenta que a más países industrializados y a otros tantos emergentes -acaso, la Argentina- también los azotará en 2009. Por caso, según informes privados, el crac ya se cobró casi 9.000 despidos y más de 33.000 suspensiones laborales en nuestro país.
Entre el suelo y el techo
En otra escena de la inolvidable Mary Poppins, un tío de Bert, el compañero de aventuras de la niñera, estaba gravamente enfermo... de risa. Mientras el tío Albert -así se llamaba- más se reía, más alto volaba. Su lecho de enfermo era, pues, el techo. Y como la felicidad del tío Albert no cesaba, y con sus chistes contagiaba a los visitantes -Mary Poppins, Bert, y los pequeños Jane y Michael Banks-, todos terminaron tomando el té en lo más alto de su casa, entre carcajada y carcajada. Cuando los comensales anunciaron que se retiraban, al no poder curar al risueño anfitrión, el tío Albert, por fin, se recuperó de su enfermedad: quedó atrapado en una tristeza ingente, en el suelo de su comedor.
A los mercados también se les terminó la fiesta. Ahora, la economía mundial debería poner los pies sobre la tierra.
La alegoría tal vez sirva para comprender un poco la actual crisis internacional, que comenzó siendo inmobiliaria, financiera, accionaria y estadounidense, y ahora ya es económica y global. La desconfianza ganó terreno. Las burbujas se reventaron una tras otra. Los mercados estallaron como pompas de jabón.
El ahora crac, que se desató en la segunda mitad de 2006 como consecuencia del colapso del mercado de hipotecas de alto riesgo (subprime), en Estados Unidos, se agravó con el correr de los meses al punto que casi ninguna nación escapa ya de la retracción general del nivel de actividad. Y este año estuvo marcado, en particular, ya no por las subprime, sino por los coletazos del estallido de ese negocio traicionero, que creció extraordinariamente de la mano de un libremercadismo a ultranza:
• Bancos, aseguradoras y grupos económicos de distinta índole cayeron en bancarrota.
• Desaceleración de las principales economías, que luego se expandió al resto del mundo.
• Pérdidas millonarias generales.
• Escándalos sobre acciones fraudulentas hasta el momento soslayadas por el monstruoso flujo de capitales de las economías centrales.
• La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) dispuso inauditas rebajas de su tasa de interés. Sólo este año el tipo de referencia cayó del 4% al histórico 0% de hoy.
• Por primera vez, el capitalismo, como paradigma del progreso, ha entrado en un plano de cuestionamientos.
• De hecho, se dispusieron intervenciones colosales nunca vistas de los Estados en los mercados y acciones conjuntas entre los bloques de naciones del mundo.
Frente a este cambio de escenario -parafraseando Fabiana Cantilo- los Estados acudieron a la enfermera; Estados Unidos, al deshollinador.
En la principal economía del planeta se votó como presidente a un ciudadano afroamericano, de discurso progresista y de retórica de héroe sensible, con propuestas de gobierno modernas y concretas, aunque de dudosa efectividad en el caso de las orientadas a corregir la catastrófica coyuntura económica del País del Norte y del mundo.
Analistas entienden que se han sobredimensionado las posibilidades con que cuenta una sola persona de resolver los problemas de millones. La recesión ya golpea por lo menos a Alemania, a Italia, a España, a Francia, a Japón y a Estados Unidos, y se descuenta que a más países industrializados y a otros tantos emergentes -acaso, la Argentina- también los azotará en 2009. Por caso, según informes privados, el crac ya se cobró casi 9.000 despidos y más de 33.000 suspensiones laborales en nuestro país.
Entre el suelo y el techo
En otra escena de la inolvidable Mary Poppins, un tío de Bert, el compañero de aventuras de la niñera, estaba gravamente enfermo... de risa. Mientras el tío Albert -así se llamaba- más se reía, más alto volaba. Su lecho de enfermo era, pues, el techo. Y como la felicidad del tío Albert no cesaba, y con sus chistes contagiaba a los visitantes -Mary Poppins, Bert, y los pequeños Jane y Michael Banks-, todos terminaron tomando el té en lo más alto de su casa, entre carcajada y carcajada. Cuando los comensales anunciaron que se retiraban, al no poder curar al risueño anfitrión, el tío Albert, por fin, se recuperó de su enfermedad: quedó atrapado en una tristeza ingente, en el suelo de su comedor.
A los mercados también se les terminó la fiesta. Ahora, la economía mundial debería poner los pies sobre la tierra.
viernes, 6 de febrero de 2009
El día en que la astrología le ganó a la economía
Hace unas semanas, en Buenos Aires, con mi amigo Diego Jemio comentábamos una entrevista que el diario Crítica de la Argentina le había hecho a Ludovica Squirru. En la nota, la periodista María Fernanda Mainelli afirma que antes de que la astróloga, poeta y actriz trajera al país las predicciones basadas en el I-Ching, en el boliche te preguntaban de qué signo eras, pero ahora también te preguntan: ¿y en el Horóscopo Chino? Actualmente, en la Argentina y en Uruguay se venden 140.000 ejemplares del libro por año.
Hace unos meses, invitado por el diario La Gaceta de Tucumán, disertó en el ciclo de conferencias el economista Mario Blejer. Después de su charla magistral, y casi al final del período de intercambio con el público, una mujer le espetó al ex presidente del Banco Central que no estaba diciendo nada nuevo, ya que, mucho antes de que los gurúes de las mercados adviertan el estallido de las hipotecas subprime, Ludovica había predicho en el Horóscopo Chino que las cosas se iban a complicar en materia financiera. Atónito, pero pacífico, Blejer ensayó una respuesta técnica y racional, pero la mujer, porfiada, insistía en destacar la certera previsión de la astróloga más famosa del país. Ante la imposibilidad de convencer a esta honorable pero atrevida señora de que las causas de la crisis no son azarosas, Blejer esbozó un final elegante, silencioso, y, tras los aplausos del auditorio, se retiró del salón y se metió raudamente en el auto para protegerse de la lluvia.
Hace unos meses, invitado por el diario La Gaceta de Tucumán, disertó en el ciclo de conferencias el economista Mario Blejer. Después de su charla magistral, y casi al final del período de intercambio con el público, una mujer le espetó al ex presidente del Banco Central que no estaba diciendo nada nuevo, ya que, mucho antes de que los gurúes de las mercados adviertan el estallido de las hipotecas subprime, Ludovica había predicho en el Horóscopo Chino que las cosas se iban a complicar en materia financiera. Atónito, pero pacífico, Blejer ensayó una respuesta técnica y racional, pero la mujer, porfiada, insistía en destacar la certera previsión de la astróloga más famosa del país. Ante la imposibilidad de convencer a esta honorable pero atrevida señora de que las causas de la crisis no son azarosas, Blejer esbozó un final elegante, silencioso, y, tras los aplausos del auditorio, se retiró del salón y se metió raudamente en el auto para protegerse de la lluvia.
martes, 3 de febrero de 2009
El mito Sebreli
Hace poco más de dos meses subí un post sobre una entrevista que mi colega Irene Benito le había hecho para La Gaceta al sociólogo Juan José Sebreli, a propósito de su nuevo libro, Comediantes y mártires. En esta publicación, el intelectual toma cuatro personalidades nacionales (Eva Duarte de Perón, Carlos Gardel, Ernesto Che Guevara y Diego Maradona), los cuestiona y elabora una teoría según la cual la insatisfecha sociedad argentina los convirtió en mitos populares debido a su necesidad permanente de ídolos. En torno de la entrada se había armado un debate acerca del ensayista y de su obra, que él mismo había anticipado que iba a generar escozor. Ayer, casualmente, leí una crítica bien ácida al propio Sebreli y a su nuevo libro. Salió en el diario Crítica de la Argentina y está escrita por un colega de Sebreli, Pablo Alabarces. Me impactó. En particular, el remate del artículo: El pensamiento de Sebreli forma parte de aquello mismo que critica: la liviandad exasperada con la que nuestra cultura erige a ciertas figuras como faros intelectuales o culturales a despecho de sus pobrezas. Exagerando, pero no tanto: Sebreli es a la sociología lo que Tinelli a la cultura de masas. No en vano, hace unos años le dio clases de filosofía a Mirtha Legrand. Los resultados están a la vista.
viernes, 30 de enero de 2009
Decir lo mismo
Nos interesaba llevarnos de Cuba ejemplares de la edición del Granma del 1 de enero, 50º aniversario de la Revolución. Le preguntamos a Idelisa, nuestra anfitriona, si nos iba a resultar difícil obtenerlo. Le dijimos que queríamos comprar varios de esa fecha, porque sería valioso contar con una publicación que suponíamos emblemática. Nos contestó: por supuesto que se los puedo conseguir. Y varios. Si ese diario hace 50 años que no informa nada; siempre dice lo mismo. Finalmente, después de haber podido adquirir una decena de ejemplares, pensé: en los periódicos de países capitalistas, ¿aparece información muy distinta cada día o siempre, más o menos, también se publica lo mismo?
domingo, 25 de enero de 2009
Profesionales del baile
Los cubanos se destacan en muchos ámbitos, pero en la danza hacen punta. En todas las discos de la isla a las que fui observé decenas de parejas bailando con una naturalidad y un erotismo extraordinarios. En cada discoteca la postal es cientos de personas moviéndose así: sensualmente y al ritmo. En la Argentina, cuando se oye cuarteto, rápidamente la gente se forma en dúos y bailotea, dando vueltas de la mano y sacudiendo la cadera un poco. Pero en Cuba es diferente: todos parecen profesionales y la danza es indiscutiblemente más sofisticada. En un boliche de Trinidad que se llama La Cueva, después de haber meneado casi con pasión su cuerpo durante un par de canciones, una mulata preciosa fue a descansar a la mesa contigua en la que estaba sentado yo. Luego de que me pidió candela para encender un cigarrillo, le pregunté cuál era la danza que todos bailaban y me respondió que se llama Casino; algo parecido a la salsa. Entonces, le dije que me resultaba un estilo difícil, que demanda cierto aprendizaje, y le confesé que yo no podría asimilarlo en una noche. Y me contestó: ¡no!, es de lo más fácil. Sólo tienes que dar un par de pasos y después la música sola te lleva. Así de sencillo. Así de complejo.
viernes, 16 de enero de 2009
Quinceañero
Entre las cosas que traje de Cuba hay discos y libros. Uno que estoy leyendo se llama Las derrotas, del poeta, ensayista y narrador cubano Alberto Rodríguez Tosca. Aquí va uno de los poemas. Se llama 15.
Yo siempre quise ser un gran poeta. Incluso yo estaba llamado a ser un gran poeta. Tenía quince años cuando el gran poeta que iba a ser empujó la puerta de mi cuarto y me dijo: "Tú vas a ser un gran poeta... pero hay que trabajar". Tenía quince años y era yo. No el trotavientos que ahora soy y se burla de todo y a toda hora le saca la lengua a aquel gran poeta que iba a ser. Tenía quince años y cada noche una palabra distinta se acostaba conmigo y en la mañana amanecíamos con hijos que crecían en la tarde y en la noche se acostaban con otras palabras que daban a luz palabras nuevas, hijas del siguiente amanecer. No era nada despreciable mi familia cuando tenía quince años y el mundo comenzaba a mis pies y terminaba en la lengua de Dios justo en el instante en que empezaba a decir "hágase esto y lo otro y aquello y lo de más allá". Tenía quince años y era yo. Tenía quince años y era Dios. Sí, yo estaba llamado a ser un gran poeta. Por Dios lo juro. Y también por mi madre, que otro día entró a mi cuarto y me dijo: "Yo no sé si tú vas a ser un gran poeta, pero lo que sea que vayas a ser... hay que trabajar".
Yo siempre quise ser un gran poeta. Incluso yo estaba llamado a ser un gran poeta. Tenía quince años cuando el gran poeta que iba a ser empujó la puerta de mi cuarto y me dijo: "Tú vas a ser un gran poeta... pero hay que trabajar". Tenía quince años y era yo. No el trotavientos que ahora soy y se burla de todo y a toda hora le saca la lengua a aquel gran poeta que iba a ser. Tenía quince años y cada noche una palabra distinta se acostaba conmigo y en la mañana amanecíamos con hijos que crecían en la tarde y en la noche se acostaban con otras palabras que daban a luz palabras nuevas, hijas del siguiente amanecer. No era nada despreciable mi familia cuando tenía quince años y el mundo comenzaba a mis pies y terminaba en la lengua de Dios justo en el instante en que empezaba a decir "hágase esto y lo otro y aquello y lo de más allá". Tenía quince años y era yo. Tenía quince años y era Dios. Sí, yo estaba llamado a ser un gran poeta. Por Dios lo juro. Y también por mi madre, que otro día entró a mi cuarto y me dijo: "Yo no sé si tú vas a ser un gran poeta, pero lo que sea que vayas a ser... hay que trabajar".
martes, 30 de diciembre de 2008
El DF, prima facie
Veintiseis millones de habitantes se calcula que viven en la Ciudad de México. Desde el cielo, una vista interminable de luces y de avenidas. Desde el autobús, carteles de propaganda oficial contra el crimen organizado y contra el narcotráfico, y publicidad de multinacionales. Poco verde; mucho cemento. Piedras preciosas y picante, para matar el hambre. Una mezcla de militancia nativista con capitalismo a ultranza. Pobreza y riqueza extremas. Y vasto merchandising de la Virgen de Guadalupe, en la que los mexicanos guardan la esperanza y redimen sus penas cada día. Podés comer frijoles, tacos y cajeta lechera; beber tequila y cerveza Corona. Podés escuchar rancheras, Luis Miguel y boleros conservadores, como los de las telenovelas de las dos de la tarde. La sequedad te quiebra los labios. El smog te opaca el horizonte. Te doblás el cuello mirando un rascacielo tras otro, y los aviones que salen del aeropuerto cada 40 segundos. Te asombrás frente a los frescos de Diego Rivera. Te intrigan las huellas de la civilización Azteca. Te estremecen las favelas; inmensas, en el cordón urbano. Distrito Federal, una extraña belleza, ancestral y moderna. Buenos Aires me atormenta. México me mata.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Sutileza
El ocurrente cartel dice No fume, por amor al arte. Pertenece al Museo Municipal de Bellas Artes Dr. Genaro Pérez, de la capital cordobesa. Dicho de paso, una pinacoteca que contiene obras argentinas de una excelente calidad pictórica -por lo menos, en la visión de un novato entusiasta como yo-.
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