El desamor es una conmoción bestial.
El desamor funda una distancia implacable entre uno y la otra persona y supone un ataque feroz al ego, como la noción de mortalidad. Coincidencia, en cambio, es inmortalidad.
El desamor funda una distancia implacable entre uno y la otra persona y supone un ataque feroz al ego, como la noción de mortalidad. Coincidencia, en cambio, es inmortalidad.
En el amor, el rechazo es angustiante. Y la angustia, como sentenció Jacques Lacan, es el único estado de ánimo que no engaña.
A menudo uno siente la necesidad de que hubiese analgésicos para intangibles como el ego doliente o el desamor, o morfina para la angustia. Y llorar.
A menudo es imperioso un buen llanto en soledad; copioso, como un chaparrón; con la cara contra la almohada. Y despertarse al día siguiente y poner esa misma cara hinchada al sol y al viento renovador de la mañana.
Dormir es la forma más eficaz de huir de esa angustia.
Dormir es la forma más eficaz de huir de esa angustia.
Parafraseando a Francisco Umbral, en la cima del desamor, como en todas las cimas, hay quietud. Una quietud mortal –escribió Paco– en la que el corazón es una piedra desnuda y el pensamiento, una cinta muda.
Porque el desamor es un camino sin vuelta atrás. Y por eso es aterrador.
El desamor es una prisión cruel.
El desamor es una palabra sorda.
El desamor es pavoroso, porque el final, que es el fin de todo, se anticipa por entregas manifiestas o inferidas. Pero ciertas. Uno, por lo general, va sabiendo cómo termina una historia.
El desamor es una prisión cruel.
El desamor es una palabra sorda.
El desamor es pavoroso, porque el final, que es el fin de todo, se anticipa por entregas manifiestas o inferidas. Pero ciertas. Uno, por lo general, va sabiendo cómo termina una historia.
Desamor, ataque al ego y necesidad brutal de afecto. Es el cóctel de la tristeza. Ese penoso cóctel psíquico que aparece como un duende en una noche glacial e inesperada. Una vejación atonal, infeliz, insoportablemente pesada y fantasmal, como una fiebre de cuarenta grados en el alma.

