miércoles, 19 de agosto de 2009

Divorcio de primavera


Hoy se cumplen 40 años del último día en que los Beatles grabaron todos juntos. Ese 19 de agosto de 1969 terminaron Abbey Road. Días después se produjo su separación artística. Para siempre. El disco salió a la venta el 26 de setiembre y para fines de ese año vendió cuatro millones de placas. Entonces, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr ya no se podían ni ver. Su último disco, Let it be, había sido grabado antes que Abbey Road, pero salió en 1970. Según me contó Roberto Delgado, un colega del diario, fanático de los melenudos de Liverpool, los primeros meses de 1969, cuando grabaron Let it be, el trato entre los cuatro músicos era ya muy agresivo y se percibía un malhumor permanente en las sesiones. Por eso no querían sacar ese disco, y lo postergaron hasta 1970. En agosto se juntaron para grabar Abbey Road y todo fue más calmo. A los tres días de haber concluido la tarea, Lennon se le acercó a McCartney y le dijo que ya no quería saber nada más. El disco es increíble.

martes, 18 de agosto de 2009

La primera dama de la canción

Hoy traje al diario un disco de temas de Ella Fitzgerald, mi preferida entre las cantantes de jazz. Sus interpretaciones son sensuales, enérgicas, justas, llenas de ternura. Su voz es de esas que conmueve con su franqueza, con su prodigiosa soltura. Entre Misty, Summertime (esa inolvidable versión con Louis Armstrong) y Beewitched, me acordé de una semblanza que escribió hace ya más de cinco años mi colega y amigo Roberto Espinosa para el portal Mundoclasico.com. El artículo es un repaso galanteado de la vida de la cantante, que como la de la mayoría de las estrellas de la música negra, no ha sido nada fácil. Ella es Ella. La primera dama de la canción.

martes, 4 de agosto de 2009

¿Una foto, señores?

Disfruto de sentarme a tomar café y de conversar en bares de esta ciudad; de esas largas sobremesas, de la polémica, de las catarsis, de los buenos momentos. Y de varios cigarrillos al sol. A menudo, aparece un hombre de entre cincuenta y sesenta años que se acerca a cada mesa y pregunta caballerosamente: ¿una foto, señores? Lo he visto en la mayoría de los bares que frecuento, cercanos a mi departamento y a mi trabajo, y no he observado a ningún comensal que acepte la propuesta. El fotógrafo ofrece instantáneas tomadas con una cámara de rollo. Un trabajo, digamos, artesanal. No soy yo de esas personas a las que lo antiguo les parece pintoresco o de las que se afanan todo el tiempo en rescatar lo demodé, pero el caso de este artista citadino sí resulta distinguido en estos tiempos. Salir a la calle a vender fotos tomadas y elaboradas con los implementos tradicionales es revindicar el oficio. La foto en papel, el recuerdo tangible, ha ido perdiendo terreno frente a los álbumes digitales, Facebook, fotologs y demás yerbas cibernéticas. Es lo que pronto pasará con la información de los periódicos, como en el que trabajo. Pienso en los ebooks, también, y me asusta un poco ese fenómeno, esos raros libros sin hojas. Deseo que la electrónica y la informática se demoren un poquito y se apiaden de lo concreto, de lo palpable; poder seguir ennegreciéndome los dedos con el diario y pasar las fotos en ronda.

martes, 28 de julio de 2009

Polos

Noventa y un años tiene Efraín Wachs y participa de torneos mundiales de atletismo. Para celebrar su cumpleaños, corrió 91 veces 100 metros en Tucumán. Yo tengo 64 años menos que este viejito y, aunque me propongo limpiar mis pulmones y mejorar el ritmo cardíaco, todos los días postergo una vueltita al parque 9 de Julio.

jueves, 16 de julio de 2009

Invierno, oficina y jazz

Esta tarde: vidrio empañado, calor de encierro, estrago glacial, café con leche, Gershwin. Love is here to stay, en las cuerdas de Yehudi Menuhin y de Stéphane Grappelli.

lunes, 13 de julio de 2009

Pilar Rahola y el golpe de Estado blando

El domingo salió publicada en La Gaceta Literaria una interesante entrevista a la periodista española Pilar Rahola. La recomiendo. Aquí va un fragmento. Creo que cualquier golpe de Estado debe ser condenado. El actual gobierno de Honduras tomó el peor de los caminos; se equivocó. Pero de ahí a convertir a (Manuel) Zelaya en un santo hay un abismo. Pienso que se trató de un contragolpe a quien quebraba las leyes, gobernaba de espaldas a la sociedad e intentaba convertir a su país en un satélite de Chávez. Zelaya intentó un golpe de Estado blando: el que consiste en socavar la democracia desde la democracia, replicando lo que se hace en Venezuela y en Bolivia. Lo notable de Zelaya es que violó la Constitución y ahora apela a ella para volver a su cargo. Criticó a Estados Unidos y ahora va corriendo a ver a Hillary Clinton. Forma parte de la lógica, o la contradicción, populista. Lo que yo le preguntaría a Cristina Kirchner, que viaja en el avión con Correa a denunciar el golpe, es dónde estaba antes. ¿Dónde estaba Cristina cuando Zelaya desmantelaba la libertad en Honduras? ¿Por qué se paseaba de la mano de Castro? Argentina está cada vez más cerca de Chávez y cada vez más lejos del sentido común. Lula, Bachelet, Tabaré Vázquez no viajaron. Sí Cristina, y en medio de la pandemia que vive su país.

lunes, 6 de julio de 2009

Culpa cotidiana

Juan está apresurado. Parece correr descalzo por las brasas, aunque lleva puestos los mocasines. Todavía no se ha despabilado de un sueño profundo y terrible. Está atolondrado, con los ojos abiertos pero sin haber despertado, y su paso es tan veloz que las piernas comienzan a dolerle mientras avanza en su trayecto, el de todos los días. Sin importarle demasiado sus pulmones ni la lasitud del recién levantado, enciende ese despiadado primer cigarrillo, el que le sigue a los treinta del día anterior; su corazón apura el trote y de golpe sufre un breve mareo y un cansancio de veinticuatro horas. Maldice el día, nublado y frío, y se injuria por haberse quedado dormido otra vez. Cuando vuelve a conectar su pensamiento con la ciudad se topa con uno de los bares que frecuenta. Se sienta a una mesa en la vereda. Pide un cortado y una medialuna dulce y apaga el pucho en el piso. Las sienes le duelen tanto que parece que van a estallar. Se refriega los ojos y toma el diario de una silla desocupada. Revuelve su mochila y no encuentra los antejos. La puta madre, reniega en voz baja. Se hace tarde para volver a casa a buscarlos. Lee el periódico y se asombra por la rapidez con que progresa su asimilación de las noticias. Razona que el mejor momento para leer es la mañana, aunque ya son las cuatro menos cuarto de la tarde. Vuelve a cuestionar su incurable ociosidad y proyecta precarios planes para dejar de fumar o para ejercitar el cuerpo y la mente. Utopías. Sale del café ya despejado por completo de la pesadilla que lo afligió hasta hace media hora y enciende otro pucho. Han pasado veinte minutos desde que cerró la puerta del departamento (¿la cerré?, se pregunta) y llegaría una hora tarde a cumplir su deber. Empieza a escudriñar sus obligaciones y recuerda una tarea prevista para el mediodía. Ya fue, dice, ahora entristecido. Se convence de que debe arribar lo más pronto posible a la meta. Se angustia cuando imagina los comentarios socarrones y las miradas con sorna a su pelo mojado, a sus ojos menguados y a la barba de dos días, que no ha tenido tiempo de rasurar. Se fija en las vidrieras si no ha salido muy despeinado, si la camisa no está muy arrugada, si el nudo de la corbata no es de secundaria y si el saco aguantará un día más sin ir a la tintorería. Todo en orden. Camina y dirige una mirada involuntaria a las baldosas de siempre. Esta vez se da cuenta de que ninguna le gusta y que tal vez por eso las observa todos los días con espontaneidad. Llega a la esquina y, como no pasan autos pese a que el semáforo está en verde, cruza la calle con la misma celeridad. De pronto sale el sol y se frena para disfrutarlo antes de meterse en la oficina todo el día. Le gusta el sol y comprueba con agrado que el centro goza de un silencio venerable. Prende otro Parliament. Llegar a las cuatro y cuarto es lo mismo que a las cuatro, se dice para redimirse. Se acuerda de las buenas horas de anoche: de los chistes, del póquer, del alcohol, de la música. Una sonrisa se le forma inconscientemente en su cara y se mantiene unos largos segundos… ¡pero qué pelotudo que soy!, piensa, enojado y de vuelta agitado, mientras saca el celular de su bolsillo y se fija en la hora. Tira el pucho y sigue viaje. Su cuerpo empieza a transpirar. Está apuradísimo, pero ya más cerca. Menos mal que vivo a unas cuadras, cavila. Cuando por fin llega a la puerta del trabajo repara en algo que cuarenta minutos antes debía haber advertido; no sabe si reír o llorar: hoy es su día de franco.

domingo, 5 de julio de 2009

Postales de una definición de película

Los últimos minutos de la final entre Vélez y Huracán se asemejan al desenlace de una película de Alex de la Iglesia: caótico, violento, grotesco, electrizante. Y largo. Después del gol de Maxi Moralez, una anciana, invulnerable, festeja el triunfo del Fortín al borde de la cancha, entre los cuerpos técnicos, cuando faltaban aún ocho minutos para que termine el juego. Angel Cappa abandona la mesura y la elegancia, desata la furia del que ya se ve segundo y se revela camorrista, desbocado; el barrio es inocultable en el fútbol, para los menottistas y para todos. El partido sigue. Fricción: planchazos, puñetazos, bravuconadas. La gloria quemera se queda a medio metro del arco rival, después de un córner. Pitazo final. Los hinchas velezanos se meten como cucarachas en el campo. Otros prefieren las alturas y escalan por el alambrado de las tribunas. Bomberos les largan chorros de agua fría en pleno invierno porteño y después del granizo. Un jugador de Vélez se ríe a carcajadas con el rostro lleno de sangre; uno de Huracán, aplastado, llora de pie. En Liniers vuelven a gritar campeón. En Parque Patricios ven al Globo caerse del cielo.

miércoles, 1 de julio de 2009

Venta callejera

Las ofertas de los vendedores callejeros de la peatonal Mendoza provocan risas y comentarios socarrones en mi trabajo. Durante el horario comercial, la voz potente de estos comerciantes se escucha con claridad en toda la redacción y los artículos que venden dan cuenta de que siguen las tendencias de mercado, quizás más a tempo que una multinacional. Hoy, dos de ellos hicieron furor durante la tarde:

Vendedor callejero 1: ¡Vendo lo que está de moda: lo' huevito que crecen en el agua y sale un dinosaurio! ¡Lo' huevito, lo' huevito! ¡El huevo Kinder no va má'...!

Vendedor callejero 2: ¡Barato vendo lo' barbijo, vendo!

martes, 30 de junio de 2009

El excéntrico Eric Cantona

Hoy un compañero me ha leído en el trabajo un artículo que se publicó en canchallena.com -la nueva web deportiva del diario La Nación-, referido al recordado futbolista francés -hoy director de cine- Eric Cantona. La nota está firmada por Ezequiel Fernández Moores y se titula El espíritu de Cantona. Es divertida; está muy bien escrita; me gustó. Aquí va un párrafo. El 25 de enero de 1995, cuando salía expulsado de la cancha de Crystal Palace, un joven de 20 años vinculado a grupos de extrema derecha, lo insultó. Cantona saltó desde el campo a la tribuna para darle una patada de kung fu que recorrió el mundo. Manchester United lo había suspendido por cuatro meses y multado con el máximo de dos semanas de salario. La Federación inglesa citó a Cantona y, recordando aquel episodio de 1991 ante el tribunal francés, Graham Kelly, uno de los dirigentes ante los cuales debía declarar, se reunió en privado con el jugador. Le aconsejó que pidiera perdón, que se disculpara ante todos por su actitud. Y allí fue Cantona: "pido perdón a todos, a mi club Manchester United, a mis compañeros de equipo, a los fans, a la Federación…y también quiero disculparme con la prostituta que compartió mi cama la tarde pasada". La suspensión aumentó a ocho meses, la multa a 10.000 libras. Además, lo condenaron a dos semanas de cárcel, que conmutó con 120 horas de servicio comunitario. Volvió al Manchester para ganar dos nuevos títulos de Liga, distinciones y retirarse campeón a los 30 años, porque ya no tenía más para dar y enojado porque el departamento de marketing del club quería convertirlo "en una mercadería".

viernes, 26 de junio de 2009

Ensamble tanguero

Cómo cambian las cosas los años. Hoy no sé más quién soy. Toda mi vida es el ayer. Los recuerdos me han hecho mal. ¡Qué noche llena de hastío y de frío! Y sin garúa, ni luna, ni estrellas siquiera. Solo estoy. Acobardado, como un pájaro sin luz. La historia no vuelve a repetirse, muñequita dulce y rubia. Esta noche, mareado, río por no llorar; y amarrado al recuerdo, sigo esperando... en vano. Fuga. Misterio. A lo lejos suena la voz del bandoneón. Cierro mis ojos y escucho a Malena, herida por un sable sin remaches; y cual reo meditabundo me pongo a silbar su canción. Recuerdo tu cuerpo en la intimidad... pero esta noche aquí no hay nada, nada más que tristeza y quietud. ¡Cuánta nieve hay en mi alma! Me largaste sin decirme hasta la vista. Cobarde, desgraciada, sin corazón. Ahora no me sigas, ni me llames, ni me beses ni me llores ni me quieras más.

domingo, 21 de junio de 2009

El noble Huracán

Este Huracán, el de Angel Cappa, es de esos equipos con estirpe, con linaje de grandes. No es sólo el jogo bonito, el tiki tiki, como le dicen al estilo de juego del DT; sino la efectividad, las sensaciones que provoca entre sus simpatizantes. Hoy, por ejemplo, la televisión mostró un arrugado hincha agarrado del alambrado de la popular, llorando sin consuelo, conmovido, después del tercer gol a Arsenal. Reminiscencias automáticas del campeonato de 1973. Ahora, otro título está cerca. Este Globo es elegante. Y no sólo porque los jugadores pisan la pelota, la juegan al toque o tiran caños, sino también por la postura misma de los futbolistas: figura erguida, trote distinguido, pases con swing de golfista. Pocos equipos victoriosos poseyeron esas características. Tal vez el River de Ramón Díaz, en el que jugaban Berti, Gallardo, Francescoli y Sorín, o el indestructible Boca de Basile, con Insúa, Bilos y Gago. Raro, sí, pero ese Boca sí era refinado. Así es este Huracán: una cofradía de alcurnia mística, que deleita a no sólo a los quemeros.

sábado, 13 de junio de 2009

Periodismo económico

Tía lejana: ¡Qué grande que estás ya, chango! ¿Qué estás estudiando?
Sobrino: No, ya terminé la facultad. Estoy trabajando ahora.
Tía lejana: Ajá, ¿y a qué te dedicás?
Sobrino: Soy periodista. Trabajo en un diario.
Tía lejana: ¡Ah, mirá qué bien! Qué hermosa profesión, ¿no? Se debe aprender mucho ahí. ¿Te gusta?
Sobrino: Sí...
Tía lejana: ¿Y qué hacés? Reportajes, artículos, ¿no?
Sobrino: Eh, sí.
Tía lejana: ¿Y qué? ¿Les hacés preguntas a los futbolistas, al director técnico...?
Sobrino: Eh, no. Yo trabajo en el área de Economía.
Tía lejana: No me digás. Qué interesante. O sea que estás todo el día con la Bolsa y todo eso, ¿no?
Sobrino: No, hago los breves.

lunes, 8 de junio de 2009

Pavana orgásmica

Je t'aime; moi non plus (Yo te amo; yo tampoco) es un canto al amor y al placer sexual. Un éxito de 1969 del gran cantante francés Serge Gainsbourg y de su pareja, la actriz y cantante inglesa Jane Birkin. Ambos se hicieron famosos con esta pavana orgásmica que, aunque simple, directa y repetitiva, debe ser una de las canciones más sensuales y melodiosas jamás compuesta.

miércoles, 3 de junio de 2009

La araña y el alacrán

Hace unas semanas, mi amigo Diego Jemio me habló sobre La migala, un cuento del escritor mexicano Juan José Arreola. En el relato, el protagonista, decidido a matar -o a malherir- su despecho, compra una araña venenosa y la libera en su departamento, con el propósito de que el pánico a una posible picadura mortal le gane al estrago, a esa insoportable soledad. Al respecto, le comenté a Diego que hace unas semanas se apareció un alacrán bailando valses alegremente en mi baño, y que conviví con el miedo a un ataque sorpresivo y silencioso del arácnido durante varios días: sacudiendo las sábanas, abriendo las canillas antes de mojarme. Pero hasta el momento -y afortunadamente- no he vuelto a encontrármelo. Aquí no había penas, ni desamores, ni Beatriz para llorar. Sospecho que un buen día el escorpión se marchó a buscar el desengaño a otro lado.

martes, 19 de mayo de 2009

Corazón coraza

Una de las obras más bellas que canté es la versión musical de la compositora Beatriz Corona del poema de Mario Benedetti Corazón coraza. Aquí va un pequeño homenaje al poeta, que murió esta semana. Es una interpretación en vivo del Coro de Cámara Tucumán en el certamen coral de música popular de Venado Tuerto (Santa Fe), en 2004.

martes, 5 de mayo de 2009

Rock alrededor del tajo

La carta del mes de la edición aniversario de la Rolling Stone me pareció graciosa, concisa, piola. La escribió Marcos Mizzi, de Buenos Aires, y se llama Rock alrededor del tajo.

La primera vez siempre duele. Y ésta es la primera carta que te dirijo a vos. No te voy a contar mi no adherencia a las tribus urbanas, ni tampoco te voy a aburrir elogiando una banda de hace treinta años. A lo que quiero apuntar es al caretaje del “rock” y del “ambiente rockero”. Yo también soy adolescente y entiendo en el alma tu necesidad de sentirte especial. Pero te voy a revelar un secretito: escuchar Pink Floyd, usar mochilas con parches y odiar a Tinelli no es ser copado. Odiás al mundo, ¿y qué? ¿Hacés algo más que odiarlo y decir que la música está cada día peor y que así no se llega a ningún lado porque el rock se volvió como Benjamin Button? Soy de la idea de que el rock es transgresión. Nació de los negros que sólo podían joder al blanco con una guitarra y un acorde en séptima menor: imaginate. Tu idea del rock y la música es triste. Hay una canción de Damas Gratis que, con un ritmo genial, dice: “Dale, meneá pa’bajo, mové ese tajo”. Hay otra canción, ésta de Pescado Rabioso, que dice: “Me gusta ese tajo que ayer conocí”. Escuchar a Pablo Lescano es grasa. Escuchar al Flaco no. No sé si me entendés la idea.

sábado, 2 de mayo de 2009

¿Derby?

Periodista I: Che, hoy juega el Real con el Barça.
Periodista II: Cierto, es el Derby.
Periodista I: ¿Derby? Yo conozco el Derby Suaves nomás.