La Gaceta publicó hoy una entrevista que le hice a Irma Abraham, de 83 años, dueña de los moteles Ovni, Halley y Sideral y conocida empresaria del rubro en Tucumán. Como el reportaje fue a propósito de una polémica de índole impositiva, quedaron afuera algunas reflexiones sobre la prostitución, que aprovecho para compartirlas en este post. Textuales de la Turca:
• La prostitución, bien organizada, debe ser llevada por los gobiernos. Los países adelantados, Bélgica, Holanda, Alemania, Francia, España, todos habilitan prostíbulos, pero bien organizados.
• Tucumán es la tercera provincia donde más sida hay. Hoy se habla mucho de educación sexual, pero se debe hablar más de higiene sexual.
• Yo no soy la Virgen María; yo tuve muchos años el negocio de la noche. Pero para mí una prostituta era una señorita, y un cliente, un señor.
martes, 31 de agosto de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
La crisis de agosto
Estoy en crisis. Sí. Porque agosto es muy agosto. Alguna vez escribí en este blog algunas consideraciones sobre abril. Y ahora pienso que agosto se parece un poco a ese maldito mes. Y se parece porque también es timorato, indeciso, insípido. Hoy, por ejemplo, Tucumán amaneció frío, gris, polvoriento, sucio, y a las tres de la tarde salió el sol, hizo calor y dio sed y ganas de llevar el escritorio a la vereda. Pero no. Es agosto. Es invierno y, a la vez, no lo es. Uno no sabe si ponerse o sacarse el suéter, si salir a tomar algo al aire libre o encerrarse a respirar el olor a cocina de los bares y a llenar las sillas de bultos. Agosto es incómodo. No llueve y todo el mundo anda con tos o con alergias o está en la cama. Es irrespirable. Agosto, como abril, es un mes que se queda en medias tintas. El verano está lejos y la primavera tampoco está a la vuelta de la esquina. Es, de facto, la mitad del año. Da la sensación de que no hay tiempo para lo novedoso, para la creatividad. Son 31 días que pasan, sin más. Agosto me agobia, me fastidia, me preocupa, me agosta.
miércoles, 14 de julio de 2010
Las tres similitudes entre Joaquín Sabina y Chavela Vargas
Me había olvidado de postear un comentario que le escuché a Joaquín Sabina en la plaza de toros madrileña de Ventas, durante el concierto que dio a fines del mes pasado. Antes de cantar Por el bulevar de los sueños rotos, canción dedicada a Chavela Vargas, dijo que él y la cantante mexicana, de 91 años, tienen tres cosas en común: los dos hemos sido muy borrachos; ambos hemos sido muy mujeriegos; y ahora, los dos estamos acabados, y yo más que ella.
lunes, 12 de julio de 2010
España vive la fiesta más grande de su historia
La Gaceta publicó hoy un informe que escribí sobre los festejos de los españoles tras el Mundial de Sudáfrica. Al momento de postear esto, las calles de Madrid seguían atestadas. Un amigo extremeño, el señor L, observaba con alegría y nostalgia las celebraciones por televisión. Me decía: estoy viendo el Paseo de la Castellana, que antes se llamaba la Avenida del Generalísimo, lleno de banderas, como cuando el dictador desfilaba ufano. Y hoy, los mismos colores... pero en libertad.
lunes, 5 de julio de 2010
Ser abuelo
Hace unos minutos, en la redacción de EFE, un compañero anunció que en marzo va a ser abuelo. Luego de una catarata de enhorabuenas, y una vez que cada uno volvió a su escritorio a seguir bajando teclas, el congratulado -de unos cuarenta y pico de años- aprovechó el silencio y reflexionó: ¿sabéis cuál es el problema de ser abuelo? Que tienes que dormir con una abuela.
jueves, 17 de junio de 2010
Las expectativas de los hinchas españoles
En La Gaceta se publicó hoy un informe que escribí desde Madrid sobre qué esperan los españoles de su selección en el Mundial de Sudáfrica.
lunes, 7 de junio de 2010
Apuntes sobre el iPad
El viernes pasado, el periodista Tino Fernández Arias, redactor jefe del periódico económico Expansión y consultor de Innovation International Media Consulting Group, nos dio a los becarios del Programa Balboa una conferencia titulada iPad: oportunidad para la prensa escrita. Aquí van algunos apuntes que tomé.
• Los diarios se convierten en dinosaurios sin flexibilidad, con monstruosas estructuras y rotativas que pronto no servirán para nada. Hoy, por cada paso que damos en los periódicos hay quienes corren carreras.
• El iPad por sí solo no es la solución a los problemas de los diarios y de las revistas; no es la única tableta ni soporte para la prensa que estará disponible en el mercado; pero es un dispositivo decisivo para regenerar el consumo pago de los contenidos que producen los medios de prensa.
• A diferencia de internet, el iPad comienza de cero siendo pago.
• Es tan portátil como una revista, tan barato como un periódico, tan impactante como la televisión de alta definición, tan simple como un iPhone, tan entretenido como un videojuego y tan versátil como una PC.
• A no confundirse: el iPad no es la versión electrónica de una revista ni de un periódico. Es la oportunidad que tienen los periódicos y las revistas de demostrar que son capaces de generar contenidos diferentes.
• Hay que preocuparse por vender atención, porque donde hay atención siempre hay dinero.
• El iPad significa una tercera corriente de contenidos y es, definitivamente, el gran impulsor de la transición entre el off line y el on line para la prensa.
• Aunque no me creáis, el periodista está en el centro de estos cambios; el contenido periodístico es el rey y el diseño gráfico, el príncipe. El corazón de las tabletas está en las redacciones.
• El periodista debe hacer un esfuerzo para conocer la tecnología. Se requieren editores multimedias y éstos son los que van a determinar qué periodistas están mejor preparados para producir los contenidos.
• Las tabletas singnifican una nueva cultura, nuevas redacciones, nuevas formas de consumo y una nueva mentalidad empresarial. Los directivos y gerentes de periódicos ya deben ser superusuarios de estas tabletas. Ya mismo.
• La clave está en contenidos únicos, en una utilidad única, en un empaquetado único, en una experiencia única. Hay que dar la seguridad a los lectores de que a los contenidos que ofrecerá un periódico en el iPad o en cualquier tableta no los ofrecerá ningún otro medio.
• Los contenidos del iPad no deben ser los de un sitio web tradicional ni tampoco una versión en PDF de un periódico. No. Se trata de contenidos que se pueden leer y tocar. Pensad en esto.
• La sola presencia del medio en formato de iPad no garantiza el negocio.
• ¿Cómo van a ser en el iPad los crucigramas o la sección de meteorología de un periódico? ¿Os lo imagináis?
• El iPad puede ser a los periódicos lo que iTunes a la industria discográfica.
• Si la industria discográfica se hubiera preocupado por sus clientes tanto como lo hizo por la piratería no hubiera perdido tanto dinero. Teniendo en cuenta esta experiencia, los periodistas y los medios debemos preocuparnos por nuestros lectores, más que por la posibilidad de que en internet se copien los contenidos.
• La clave del negocio está en buscar formas de pago que, además de electrónicas, sean rápidas y sencillas. Pero antes hay que pensar por qué contenidos estamos pidiéndole al lector que nos pague.
• Se formarán pequeñas compañías de periodistas, infógrafos y diseñadores gráficos independientes que ofrecerán contenidos a los grandes medios, en forma de aplicación para tabletas.
• La buena noticia de esto es que hay futuro para la prensa escrita, y que la tecnología, que nos ha hundido, ahora nos puede rescatar. Es fundamental entender la base de este nuevo negocio.
• Los diarios se convierten en dinosaurios sin flexibilidad, con monstruosas estructuras y rotativas que pronto no servirán para nada. Hoy, por cada paso que damos en los periódicos hay quienes corren carreras.
• El iPad por sí solo no es la solución a los problemas de los diarios y de las revistas; no es la única tableta ni soporte para la prensa que estará disponible en el mercado; pero es un dispositivo decisivo para regenerar el consumo pago de los contenidos que producen los medios de prensa.
• A diferencia de internet, el iPad comienza de cero siendo pago.
• Es tan portátil como una revista, tan barato como un periódico, tan impactante como la televisión de alta definición, tan simple como un iPhone, tan entretenido como un videojuego y tan versátil como una PC.
• A no confundirse: el iPad no es la versión electrónica de una revista ni de un periódico. Es la oportunidad que tienen los periódicos y las revistas de demostrar que son capaces de generar contenidos diferentes.
• Hay que preocuparse por vender atención, porque donde hay atención siempre hay dinero.
• El iPad significa una tercera corriente de contenidos y es, definitivamente, el gran impulsor de la transición entre el off line y el on line para la prensa.
• Aunque no me creáis, el periodista está en el centro de estos cambios; el contenido periodístico es el rey y el diseño gráfico, el príncipe. El corazón de las tabletas está en las redacciones.
• El periodista debe hacer un esfuerzo para conocer la tecnología. Se requieren editores multimedias y éstos son los que van a determinar qué periodistas están mejor preparados para producir los contenidos.
• Las tabletas singnifican una nueva cultura, nuevas redacciones, nuevas formas de consumo y una nueva mentalidad empresarial. Los directivos y gerentes de periódicos ya deben ser superusuarios de estas tabletas. Ya mismo.
• La clave está en contenidos únicos, en una utilidad única, en un empaquetado único, en una experiencia única. Hay que dar la seguridad a los lectores de que a los contenidos que ofrecerá un periódico en el iPad o en cualquier tableta no los ofrecerá ningún otro medio.
• Los contenidos del iPad no deben ser los de un sitio web tradicional ni tampoco una versión en PDF de un periódico. No. Se trata de contenidos que se pueden leer y tocar. Pensad en esto.
• La sola presencia del medio en formato de iPad no garantiza el negocio.
• ¿Cómo van a ser en el iPad los crucigramas o la sección de meteorología de un periódico? ¿Os lo imagináis?
• El iPad puede ser a los periódicos lo que iTunes a la industria discográfica.
• Si la industria discográfica se hubiera preocupado por sus clientes tanto como lo hizo por la piratería no hubiera perdido tanto dinero. Teniendo en cuenta esta experiencia, los periodistas y los medios debemos preocuparnos por nuestros lectores, más que por la posibilidad de que en internet se copien los contenidos.
• La clave del negocio está en buscar formas de pago que, además de electrónicas, sean rápidas y sencillas. Pero antes hay que pensar por qué contenidos estamos pidiéndole al lector que nos pague.
• Se formarán pequeñas compañías de periodistas, infógrafos y diseñadores gráficos independientes que ofrecerán contenidos a los grandes medios, en forma de aplicación para tabletas.
• La buena noticia de esto es que hay futuro para la prensa escrita, y que la tecnología, que nos ha hundido, ahora nos puede rescatar. Es fundamental entender la base de este nuevo negocio.
martes, 1 de junio de 2010
FMI: el de ayer, el de siempre
En el suplemento económico de La Gaceta del último domingo se publicó un artículo que escribí sobre la receta argentina del Fondo Monetario Internacional (FMI) para España.
jueves, 20 de mayo de 2010
Entrevista al presidente de la UIA
Esta semana se publicó en La Gaceta una entrevista que le hice en Madrid al presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez.
sábado, 8 de mayo de 2010
Bukowski
Desde que estoy en Madrid mantuve charlas recurrentes sobre cierta degeneración cultural en la que incurren algunas poblaciones. Es que sospecho, prima facie, que Madrid transita esa etapa crítica que una vez sufrieron las ciudades argentinas; ese proceso consumista, de la plata dulce, de la modernización, que paulatinamente provoca que sus ciudadanos dejen de mirar adentro y miren más afuera, relativicen sus costumbres y modifiquen de manera inconsciente su idiosincrasia; un ciclo matizado por el vaciamiento ideológico y por el esnobismo. En hechos concretos, esto supone que la gente se guarde en su casa, dominada por la computadora en vez de disfrutar del parque; que se entregue todos los ratos libres a la frivolidad de algún programa de televisión cursi en lugar de ir, aunque sea de vez en cuando, al teatro a ver qué hacen los artistas locales, o que gaste dinero automáticamente en cada renovación de tecnología de teléfonos celulares sin importarle demasiado los beneficios que supondrá ese gasto. Qué se yo. Apenas son ejemplos de la simple impresión sobre Madrid de un forastero que lleva aquí poco más de tres meses. Pero es una percepción que crece cada día. Entiendo, igualmente, que esa fase con la que tropiezan algunas urbes a la larga o a la corta llega a su fin, y es a partir de entonces cuando la mirada vuelve a la raíz, a lo propio. Creo que esto le pasó a la Argentina después de la crisis de 2002. Madrid, claro, es una gran ciudad. Fue, como dice el escritor barcelonés Luis Carandell, capital de un imperio, capital de una nación, capital de la gloria, capital de la movida, capital europea de la cultura y hasta se la llamó la capital del mundo. Y, en consecuencia, aquí se puede encontrar de todo. Ese todo, en el Madrid actual, contiene una elevada cuota ordinariez, de extravagancia, con pocos elementos que en verdad la distinguen de otras ciudades. Sin embargo, las peculiaridades, aunque algo ocultas, de vez en cuando aparecen, y cuando uno menos las espera: no sé si es fruto de la crisis económica misma que sufre España desde hace tres años o del espíritu resistente de un grupo de rebeldes o un mero nicho que la bonanza devastadora de cultura no logró erradicar, o una mezcla de las tres cosas, el caso es que esta semana descubrí un rincón del Madrid rico, del Madrid diferente, del Madrid inteligente, si se quiere, con el que hasta ahora no me había topado. Bukowski, como el escritor norteamericano Charles Bukowski, se llama el bar del barrio Malasaña al que fui a tomar unas copas con Catalina Oquendo, mi compañera colombiana del Programa Balboa. Un sucucho angosto, un poco descuidado, pero colorido, adornado con pósters y propagandas en papel pegado a la pared de actividades artísticas y concurrido por parroquianos de estilo alternativo, pero alternativo auténtico; es decir, gente tranquila de verdad, con escasas ganas llamar la atención y con muchas de pasarla bien, el indiscutible sentido de una tertulia madrileña. En ese garito cada miércoles la gente lee poesía de un atril sostenido por unas piernas de maniquí con medias red. Después de un par de rones, con Cata escuchamos poemas y relatos de autoría comarcana y nos sorprendió no sólo el silencio absoluto de todos los contertulios, sino sus ganas -o su necesidad- de expresarse y, en particular, la belleza de los versos. Fue un hallazgo balsámico, gustoso, entre tanta invariabilidad, tanta cosa trillada. Al salir, nos contactamos con uno de los autores, Enrique Gamella Rodríguez, a quien le pedimos que nos enviara algunos de sus poemas, a lo que accedió con gentileza. Uno de ellos, Magia, escrito en junio de 2009, dice que en un rincón de la memoria duerme una caja negra, vacía y llena, y junto a ella, alguien acaricia las ilusiones que esperan dentro. También escuchamos la lectura de una carta de amor, Querida Alfonsina, escrita en enero de 2009, que con el permiso de Enrique publico ahora en El corcho, junto con un texto introductorio:
Es de noche y se anuncia tormenta. Una mujer de 46 años, hospedada en una pequeña pensión de Mar de Plata, sufre dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor dicta una carta a su hijo Alejandro, de 26 años: “…suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”.
La tormenta ha comenzado. Llegó hasta un espigón y desde allí se arrojó al mar. Por la mañana ven flotar un cuerpo en el agua. Reconocen a la poeta Alfonsina Storni.
Cinco días antes de su muerte, Storni había mandado un último poema, Voy a dormir, al periódico La Nación. Un poema en forma de suicidio.
Querida Alfonsina: te quiero.
Abrazo despacio, uno a uno, nuestros recuerdos y me voy despidiendo entre caricias de las ilusiones que juntos hemos visto crecer.
Sólo me quedó aquella estrella fugaz como tu vida, como la mía y que, sin embargo, siempre estuvo presente, como tu amor, como el mío.
Difícil para un hombre solo, despedirse de dos vidas. Es doloroso.
¿Conoces tú ahora de mi dolor, Alfonsina? El dolor de estar sin ti, sin tu mirada amante, sin tu sonrisa de vida, sin tus manos de poesía, sin tus palabras para mí. El dolor de extrañarte constantemente. A cada momento. Fíjate Alfonsina, tú me enseñaste a amar, y ahora el dolor ha conseguido que odie. Y odio con la misma pasión y con la misma fuerza que antes amé.
Amaba el viento y ahora le odio, porque fue él y no yo el que te acarició hasta el final. Amaba la luz suave de los atardeceres y ahora la odio porque fue ella y no yo la que te vio ese último momento.
Pero, sobre todo, odio el mar. Y le odio porque tú lo elegiste como amante para que te abrazara mientras morías. Te abrazo, acaricio tu pelo, estrecho tu cintura, beso tus ojos, tus labios, tus manos... Y yo no Alfonsina. Y yo no. Y le odio más porque te devolvió con la triste estupidez de aquellos que son incapaces de apreciar lo que se les ofrece. Yo jamás te hubiera devuelto. Nunca, por nada. Si yo hubiera sido el mar te habría guardado en lo más profundo de mis mares para tenerte siempre a mi lado. No sólo te habría vestido de espuma y de sal y te habría dejado mis caracolas y mis caballitos marinos. Te habría dejado jugar con las olas, reír con los delfines, cantar con las ballenas, habríamos paseado por los fondos de arena suave, al atardecer, como te gustaba… Pero nunca te habría devuelto. (En realidad, ¿sabes? Lo odio todo, menos a ti, a tu recuerdo).
Siento que hubieras salido mientras te llamaba insistentemente, desesperadamente, aquella tarde, Alfonsina. ¡Cuánto me hubiera gustado salir contigo! De hecho, yo también salgo en este momento. A tu encuentro, amor. Un beso.
Sorpresa, Madrid.
Es de noche y se anuncia tormenta. Una mujer de 46 años, hospedada en una pequeña pensión de Mar de Plata, sufre dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor dicta una carta a su hijo Alejandro, de 26 años: “…suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”.
La tormenta ha comenzado. Llegó hasta un espigón y desde allí se arrojó al mar. Por la mañana ven flotar un cuerpo en el agua. Reconocen a la poeta Alfonsina Storni.
Cinco días antes de su muerte, Storni había mandado un último poema, Voy a dormir, al periódico La Nación. Un poema en forma de suicidio.
Querida Alfonsina: te quiero.
Abrazo despacio, uno a uno, nuestros recuerdos y me voy despidiendo entre caricias de las ilusiones que juntos hemos visto crecer.
Sólo me quedó aquella estrella fugaz como tu vida, como la mía y que, sin embargo, siempre estuvo presente, como tu amor, como el mío.
Difícil para un hombre solo, despedirse de dos vidas. Es doloroso.
¿Conoces tú ahora de mi dolor, Alfonsina? El dolor de estar sin ti, sin tu mirada amante, sin tu sonrisa de vida, sin tus manos de poesía, sin tus palabras para mí. El dolor de extrañarte constantemente. A cada momento. Fíjate Alfonsina, tú me enseñaste a amar, y ahora el dolor ha conseguido que odie. Y odio con la misma pasión y con la misma fuerza que antes amé.
Amaba el viento y ahora le odio, porque fue él y no yo el que te acarició hasta el final. Amaba la luz suave de los atardeceres y ahora la odio porque fue ella y no yo la que te vio ese último momento.
Pero, sobre todo, odio el mar. Y le odio porque tú lo elegiste como amante para que te abrazara mientras morías. Te abrazo, acaricio tu pelo, estrecho tu cintura, beso tus ojos, tus labios, tus manos... Y yo no Alfonsina. Y yo no. Y le odio más porque te devolvió con la triste estupidez de aquellos que son incapaces de apreciar lo que se les ofrece. Yo jamás te hubiera devuelto. Nunca, por nada. Si yo hubiera sido el mar te habría guardado en lo más profundo de mis mares para tenerte siempre a mi lado. No sólo te habría vestido de espuma y de sal y te habría dejado mis caracolas y mis caballitos marinos. Te habría dejado jugar con las olas, reír con los delfines, cantar con las ballenas, habríamos paseado por los fondos de arena suave, al atardecer, como te gustaba… Pero nunca te habría devuelto. (En realidad, ¿sabes? Lo odio todo, menos a ti, a tu recuerdo).
Siento que hubieras salido mientras te llamaba insistentemente, desesperadamente, aquella tarde, Alfonsina. ¡Cuánto me hubiera gustado salir contigo! De hecho, yo también salgo en este momento. A tu encuentro, amor. Un beso.
Sorpresa, Madrid.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Sobre cómo afecta la crisis griega a España
En La Gaceta se publicó esta semana un informe que escribí acerca de los perjuicios que ocasiona la crisis griega a la economía española.
jueves, 29 de abril de 2010
Sobre la última paliza en el metro de Madrid
lunes, 26 de abril de 2010
Lisboa, el barrio


En pocas ciudades se percibe una sensación de tranquilidad categórica, completa, como en Lisboa, lo cual se contrapone con su condición de capital de un país europeo y hasta hace poco más de cien años, de un imperio. Será la calzada portuguesa, de piedritas amarillas, blancas y azules, o los kilómetros de adoquinado, que dificultan el tránsito rápido y obligan la vista del paisaje. O las casitas blancas con tejas, en cuyas fachadas están empotradas decenas de macetas y platos pintados. Así es una del vecindario céntrico Caramão: la de la avó Laura, tal como figura en un cartel de cerámica ubicado arriba de la puerta principal. Imagino a su dueña, a esa abuela portuguesa: pelo blanco, paso cansino, mirada dulce, mejillas rosas y manos cocineras. La imagino sentada en su silla, frente a la calle, saludando sonriente a cualquiera que pase caminando. Una vida prudente, discreta. La serenidad lisboeta se deja ver también en los balcones de las casonas palaciegas del Bairro Alto, en los que están tendidos calzones, camisas y pantalones recién lavados. Mi amigo Pancho Pardo, compañero chileno del Programa Balboa, dice que el olor a ropa limpia es esperanzador. Ese olor a jabón... Lisboa es saludable. Es quietud, es sosiego. Es el musgo en la pared; en los bares, el culto de los fadistas modernos, todos hijos de Amalia Rodrigues; el azulejo relevado; el tranvía añoso; el andar presumido de un gato gordo; un barcito de entrada corta y su barrita, sus mesitas, sus sillitas, sus vasitos, sus ceniceritos, su mocita. Es raro, pero esta urbe me parece un gran barrio. Es el diálogo justo entre la gente, de un silencio venerable. Un hombre, una mujer y su hija -de unos tres años- pasando la tarde en la plaza sin decirse una palabra, unidos, en calma; cuatro viejos jugando a los naipes; el beso apasionado debajo de un farol, colgado de una pared enferma crónica de humedad; la revolución poética, la de los claveles en vez de balas; la mirada del pescador en el horizonte interminable del Atlántico; los barcos mansos en el Tajo. Lisboa es paz.jueves, 22 de abril de 2010
Programa Balboa
Ya está abierta la convocatoria para el X Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos, que se realizará entre febrero y julio de 2011, en Madrid, como cada año desde 2002.
miércoles, 21 de abril de 2010
Periodismo... ¿qué?
Periodismo ciudadano. En los últimos días me vine preguntando qué es este insólito concepto, inventado por algún novel entusiasta de internet, sino la vulgarización de una profesión noble -con perdón de las desviaciones- a la que millones de personas en el mundo les dedican años de estudio y de práctica -caminando la calle, golpeando las puertas de los despachos, sufriendo tratos desdeñosos y soportando la presión de la hora de cierre y los malos pagos-, y que en muchos casos arriesgan sus vidas para conseguir datos y elaborar esos benditos productos llamados noticia, crónica, informe, panorama, reportaje, entrevista. El periodismo 3.0, el periodismo ciudadano… a veces pienso que el término periodismo ciudadano tal vez sea un vil subterfugio de las patronales para prescindir de trabajadores con vocación real de periodistas, en nombre de la democratización de la información. Periodismo no es filmar un accidente con un celular y subirlo a YouTube. Periodismo no es contar en un blog qué linda que es la Tour Eiffel para los amigos y los familiares que están a 14.000 kilómetros de distancia. Periodismo no es opinar en Facebook sobre lo injusto que fue otorgar el premio Nobel de la Paz a Barack Obama. Periodismo no es retwittear a los seguidores un artículo escrito por un auténtico periodista, que consideró seriamente al lector a la hora de ponerse a bajar teclas. El periodista es un ciudadano, pero el ciudadano no es necesariamente un periodista. El ciudadano puede tener la exclusiva, pero eso no lo hace periodista. El ciudadano puede (o podrá) prescindir de los medios para informarse, pero no del periodista. El periodismo ciudadano es al periodismo lo que el curanderismo a la medicina. El periodismo ciudadano no existe. El periodismo es uno solo: se llama periodismo y lo ejercen los periodistas.
lunes, 19 de abril de 2010
Caricaturas de Matador
Estas caricaturas son de Julio César González, alias Matador, caricaturista del periódico El Tiempo, de Colombia. Las tomé de su blog. Para verlas más grandes, clickear en cada imagen.
domingo, 11 de abril de 2010
En un bar de Alcalá de Henares
Hoy visité Alcalá de Henares, una ciudad de la comunidad de Madrid conocida por haber sido el pueblo natal de Miguel de Cervantes Saavedra. Tomé el tren de Cercanías a las tres de la tarde y llegué media hora después. El día, inmejorable: sol pleno, temperatura en torno de los 23 grados, ambiente seco, viento suave y fresco. Óptimo. Luego de pasear unas horas con mi amigo Juan Torres, compañero del Programa Balboa, de caminar por callejoncitos y plazas verdes y de ver edificios de arquitectura imponente y Don Quijotes y Sancho Panzas por doquier, nos metimos en un bar a tomar cerveza, entre un gentío que descansaba del trajín universitario y se divertía. La música, a todo volumen. En el televisor, el partido del Espanyol de Barcelona contra el Atlético de Madrid. De repente, una lluvia de bolsas de plástico. Regalaban remeras y pufs inflables; de onda. Lo que hay en tu vaso dice mucho de tí, era la inscripción de las remeras. Curioso. Al rato, un españolito de cuatro o cinco años, altanero, entró de sopetón al garito y, enojado, le gritó no sé qué quejas a un treintañero que tal vez era su padre, señalándolo con su dedito. Y salíó raudamente del lugar, entre miradas de extrañeza. Cosas raras. Pero mi mayor sorpresa fue cuando el DJ cambió la electrónica por La mano de Dios, del Potro Rodrigo. A poco que debutó, Maradó, Maradó, la 12 fue quien coreó, Maradó, Maradó, su sueño tenía una estrella llena de gol y gambetas... Yo, entusiasmado; pero en el bar el tema pasó sin pena ni gloria, y volvió la electrónica. Me dio la sensación de que el clima de fiesta cayó en un pozo mientras sonó. Sólo yo lo canté. Supuse entonces que el DJ era argentino y le pregunté al barman si era así. Me respondió: ¿este? Este no es argentino, macho. Este es más español que el tío Paco, ¡joder!
martes, 6 de abril de 2010
Messi, el protagonista
Este fin de semana se publicó en La Gaceta un informe que escribí desde Madrid sobre el fenómeno Lionel Messi y la opinión de los españoles sobre el argentino, de quien muchos se animan a decir ya que es mejor jugador del que fue Diego Armando Maradona. También salió una entrevista que le hice a José Ángel Castro Savoie, un experimentado periodista de la agencia EFE, donde estoy trabajando actualmente.
lunes, 5 de abril de 2010
Decadencia
A Ana Cristina Pereira, la periodista oriunda del archipiélago de Madeira que me hospedó en Oporto durante los días de descanso de Semana Santa, le pregunté por qué eligió esa ciudad para vivir y trabajar después de graduarse en la universidad, y me respondió, tajante, que lo hizo porque Oporto es decadente; una decadencia —luego entendí— por oposición a la pujanza y el crecimiento que hace que las ciudades europeas sean cada vez más parecidas entre sí. Más que tratarse de un lugar que empobrece, mi colega se refirió quizás al desinterés de una sociedad por la modernidad y a cierto rechazo al esnobismo; a que los portuenses optan por vivir con lo que tienen, con amor a lo propio, sin más, con pocas ganas de cambiar. Total, ¿para qué? Caminando, noté que las personas aprovechan del río, el Duero, y a la vez el océano, el Atlántico, con plena conciencia de que son dos grandes tesoros; se suben al parsimonioso tranvía marrón y así eluden la velocidad y el caos de la calle; se siguen conmoviendo con las melodías y los arpegios nostalgiosos del fado y su guitarra de doce cuerdas, y disfrutan del encuentro nocturno en un bar clandestino, montado en uno de los tantos edificios antiguos que lucen esa derruida majestuosidad, y de comer francesinhas, beber vino dulce y corretear patos en el Parque da Cidade. En la plaza vi a un hombre sacar a pasear a su tristeza de todos los días, y también a su perro; miré hacia un balcón del casco histórico, donde una abuela saludaba sonriente entre la ropa tendida a un grupo de turistas que le tomaba fotos a los azulejos decorados de las fachadas; miré hacia una roca grande de la costa, donde el sol alumbraba el amor eterno de una pareja de cincuentones sentados frente al mar, mientras un pescador solitario aguardaba el botín con la paciencia y el entusiasmo del primer día. Así de decadente es Oporto.
martes, 30 de marzo de 2010
Anuncios afrodisíacos
El de la foto es el letrero de un comercio madrileño de venta de artículos de ortopedia. Está ubicado en la zona de la estación de Metro Cuatro Caminos. Unas cuadras antes, en la pizarra de un restaurante vi que el segundo plato del menú del día era filete de choto con patatas. En otro se ofrecían conchas de pescado. Bueh...
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