miércoles, 24 de marzo de 2010

Anteojos negros usaban los seis

Mi aporte en el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia es postear una canción que aprendí en el secundario, el año en que el artista tucumano Luis Gómez Salas fue nuestro profesor de música. Entonces tenía 15 años, era adolescente y no sabía muy bien de qué se trataba esto de la dictadura. Hoy, por suerte, entiendo un poco más de qué fue la cosa. Y quiero enterarme de más. Pensé que se trataba de cieguitos, de Los Twist. Nunca más.

Fernando Vallejo y la Iglesia católica

Mauricio Builes, periodista de la revista Semana de Colombia y compañero mío en el Programa Balboa, me ha relatado detalles de la videoconferencia que dio hace instantes el escritor Fernando Vallejo, desde Bogotá, para el público de Casa de América (Madrid) en ocasión de la presentación de su último libro, El don de la vida. Vallejo -el novelista colombiano más importante, después de Gabriel García Márquez- explicó que el título de su obra, en verdad, es una ironía sobre el axioma de la Iglesia católica, según el cual la vida es un regalo de Dios. A propósito de los escándalos de pederastia eclesiástica, el escritor sostuvo que la culpa no es de los curas, sino de la institución. Ellos son las primeras victimas de la Iglesia, afirmó, y acerca del caso de Georg Ratzinger, hermano del papa, Benedicto XVI, dijo: lo único que lamento es que no me hayan invitado a las orgías con los muchachitos del coro celestial. Vallejo aseveró que pederastia es un concepto que debe redefinirse y reclamó menos demagogia. El sexo -afirmó- es inocente siempre y cuando no haya violencia y doblegación moral. ¿Qué son niños? Humanos de nueve o 12 años. Pero los de 15 años son locomotoras sexuales; ya no son niños. Y si el cura no los masturba se masturbarán solos. No jodan más a estos curitas. Les aconsejo que se salgan de esa institución monstruosa; y a los chicos del seminario, los que queden, que por fortuna ya no son muchos, que no se dejen lavar el cerebro.

lunes, 22 de marzo de 2010

Misterio en la montaña

Los refranes y los aforismos son frecuentes en las paredes de las calles de Granada; en particular, en las de sus pintorescos suburbios montañosos. De acuerdo con una de las leyendas urbanas de la zona, hace unos años la proliferación de una serie de grafitis, de sentencias sarcásticas y de protesta, y su reaparición inmediata en los mismos sitios de donde habían sido borrados por el personal del ayuntamiento, causaron la indignación de las autoridades de la ciudad andaluza; ordenaron la búsqueda del autor, a quien luego de unos meses finalmente pescaron in fraganti. La sorpresa fue que dieron con un viejo y prestigioso profesor de la universidad, que tras haber sido echado de su trabajo, como consecuencia de esta conducta sediciosa, se recluyó en el Sacromonte, donde vive en una de las enigmáticas cuevas, típicas de ese barrio gitano. Ayer, caminando por el Albayzin -el principal arrabal de la ciudad, histórico, de rasgos árabes, de calles empedradas, empinadas, antiquísimas- con mis colegas del Programa Balboa nos detuvimos frente a esta pintada curiosa que se le atribuye al catedrático insurgente (clickear en las fotos para verlas más grandes). Después, ya en el Sacromonte, mantuvimos un breve coloquio con un señor de pelo blanco, largo, y ojos azules desafiantes, penetrantes, de una extravagante mezcla entre diabólicos y nostálgicos. Fue en un pasaje quieto, una esquina solitaria en la que se sentía -no exagero- cierta turbación o energía negativa, un miedo a no sé qué, que este cíngaro maduro se nos aceró de golpe y, sin presentarse, nos dijo, con una voz lejana, pero firme y pacífica: ese es de propiedad privada; es mío. Se refería a un grafiti que nos había llamado la atención, en el que se leía: no más mierda: a la del perro la recojo yo. Luego, el hombre nos pidió amablemente que no le tomáramos fotos, nos recomendó un tradicional bar para visitar más abajo y se fue saludando con un gesto cordial, tan inadvertido como en su aparición. ¿Sería éste el docente rebelde?, nos preguntamos, y sin discusiones acordamos mantener el misterio y quedarnos con un recuerdo amargo y siniestro de este encuentro incógnito; para volver a Granada a sentir el sabor de la transgresión, de la clandestinidad; el lamento moro, un rasguido penoso, un grito estrellado, una mirada sensual, una Alhambra pecaminosa, decadente, roja; una tierra atormentada, cautivadora, ardiente.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Diálogo corrosivo

En las redacciones de diarios siempre hay elementos que ejercitan lo que uno de mis jefes de La Gaceta, Juan José Concha Martínez, llama un buen manejo de la la ironía. Anoche escuché a dos periodistas comentando, con un distinguido sarcasmo, una noticia de la prensa del corazón sobre la separación entre una bailarina y un torero:

Periodista 1: Mira: Cecilia Gómez y Fran Rivera han roto relación. ¡Qué lástima! Formaban una hermosa pareja.
Periodista 2: Me gustaría saber quiénes son estos dos.
Periodista 1: Bueno, pues él es un destrozador de animales y ella es una zorra que se ha tirado a este destrozador de animales.
Periodista 2: Vale, ¿y de qué ministerios son?

lunes, 15 de marzo de 2010

@elcorchito

Desde esta semana soy usuario de Twitter. Mi nombre de usuario es @elcorchito, atento a que se trata de microblogging -he leído que así se escribe- y a que ya poseo un blog -en el que practico el... ¿blogging?- que se llama El Corcho. Algunos de mis colegas del Programa Balboa me han persuadido de los beneficios de esta red social; me han asegurado que es útil para los periodistas. Y yo he aceptado el convite. No quiero quedarme fuera del Periodismo 2.0, del periodismo que viene (¿?) ¡Sí, señor! Soy usuario de Twitter y, por lo tanto, supongo, soy un periodista moderno... En verdad, soy en internet, como en la cocina, un completo inepto; un neorromántico en la era de las comunicaciones que no resiste el esnobismo informático; un pasajero taciturno en el tren a la renovación. Soy usuario de Twitter.

La crisis laboral en España

En el último suplemento Actualidad de La Gaceta salió publicado un informe que escribí desde Madrid sobre la crisis de empleo en España. Para leerlo, clickear aquí.

jueves, 11 de marzo de 2010

Cierra tus ojos y escucha

Caminata nocturna por Madrid. Frío álgido, viento severo. Soledad ingente. Una melodía le agrega a la madrugada esa pizca de tribulación componedora, necesaria y justa después de un día frenético, caótico, histérico. Un instante de realidad. El bandoneón de Ástor Piazzolla. El saxofón de Gerry Mulligan. Reunión cumbre. Close your eyes and listen.

lunes, 8 de marzo de 2010

Lazos

Ahora, que es la primera vez en mi vida en que los días enteros pasan sin compatriotas alrededor y en consecuencia buena parte de los coloquios corresponde a un intercambio verbal sobre las costumbres de cada país, no siento ninguna necesidad de ejercer ese nacionalismo usual en muchas personas, anacrónico para esta coyuntura mundial cosmopolita, derivada de lo que se ha dado en llamar globalización. No soy cultor -mucho menos- del fetichismo snob y superficial que practican otros; ese afán por exhibir una serie de elementos típicos de una sociedad para demostrar lo diferente, lo extraordinario de una nación -pocas veces llega a merecer tal adjetivo- y, de esa forma, justificar la nostalgia que cada uno siente por la tierra. Sin embargo, el caso es que hace un rato he descubierto en el fondo de mi mochila, ya bastante deformada, una barrita de chocolate Tofi que me había comprado hace más de un mes en Buenos Aires, antes de venir a Madrid. Y sí, debo reconocer que el sólo hecho de haberla hallado me produjo cierto enternecimiento. No una melancolía pura y dura, para nada; pero sí una vaga agitación emocional. Me ha pasado lo mismo cuando, de visita por esta ciudad, mi amigo Patricio Conta me regaló una botella de Fernet Branca; y otra vez, hace unos días, cuando escuchaba Heroína, de Sumo, mientras cocinaba un arroz con salchichas. Esas conexiones… no sé. Supongo que no se puede vivir del todo ajeno a la historia de uno, al lugar, inclusive en circunstancias óptimas, de entusiasmo, de complacencia y de satisfacción como estas; que uno puede acostumbrarse a comer cerdo o a ver las películas dobladas al castellano más puro, al que hablan aquí, ese lleno de zetas, pero que a la larga siempre las preferirá subtituladas y nunca olvidará el sabor de unas jugosas entrañas a la parrilla.

domingo, 7 de marzo de 2010

Patrones de conversación

En Madrid vivo rodeado de ciudadanos de distintos países y descubro que hay ciertos denominadores comunes, patrones de conversaciones entre mis amigos y mis colegas argentinos y en mi familia, que aquí no funcionan. Algunos tópicos -por caso, la polémica por el Fondo del Bicentenario, lo mal que está jugando Boca o lo lindo que es salir a tomar un fernet con Coca en verano en Tucumán- quedan anulados. Inconscientemente, empiezo a hablar sobre temas que a los pocos segundos me doy cuenta de que no tendrán admisión. Cuando sigo las noticias acerca del resurgimiento de la disputa soberanista sobre las islas Malvinas, o la expectativa sobre El secreto de sus ojos en los Oscar o el suspenso en torno del equipo que llevará Maradona al Mundial me dan ganas de departir, de mantener un diálogo extenso y profundo sobre esos asuntos. Pero esa plática no es asequible. Y tal vez es lógico que así sea. Lo que hagan los Kirchner o Alperovich poco importa al lado de los escándalos de Berlusconi, de las medidas de Zapatero o de las críticas de Rajoy o de Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, al manejo de la economía española, que está en crisis. La formación que disponga el Chueco Alves para el próximo partido posee escasa relevancia en comparación con la atención masiva que recibe la preparación del Real Madrid para corregir el resultado adverso ante el Olympique de Lyon. El conflicto del Atlántico Sur, pese a que le interesa mucho más a cualquier europeo que a muchos de mis compatriotas, es arcaico, insignificante o ya demasiado discutido en el ámbito mundial. Este choque no me estresa, pero sí me sorprende. Poco a poco voy entendiendo que las discusiones atractivas aquí son otras. Poco a poco voy comprendiendo este nuevo repertorio cotidiano internacional.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Un análisis que faltaba

Un buen analista es aquel que posee una mirada integral de lo que acontece; se detiene en eso que los otros no ven o que advierten y no saben explicar. Un buen analista es el que camina como Juan por su casa en ese espacio intersticial entre los periódicos, la radio, la televisión o internet y la realidad; mira a un lado y al otro, estudia, razona y concibe un comentario. Sin ataduras de ninguna índole, va al quid de la cuestión a contracorriente de la tendencia y ejerce así la parte más plausible del periodismo. Este es el caso de Héctor Abad Faciolince, columnista y asesor editorial del diario colombiano El Espectador. Abad Faciolince redactó un artículo sobre la forzada mea culpa y el abatimiento públicos de Tiger Woods a causa de haber protagonizado un escándalo con prostitutas. En el texto, titulado Pedradas al hombre adúltero, el periodista no cae en la abyección de proponer un indulto al golfista por haber sido infiel, aunque sí señala la crueldad a la que ha sido sometido por los medios de prensa norteamericanos, en consonancia con esa defensa a ultranza de ciertos valores éticos en Estados Unidos -y su escaso correlato social-. Un párrafo de este jocoso y a la vez cabal ensayo -que me acercó Mauricio Builes, redactor de la revista colombiana Semana y becario del Programa Balboa 2010- dice así: a Tiger ya lo molieron, entre terapias sexuales y penitencias públicas. Que se unte de ceniza, que se refugie en el budismo, que persiga la paz de los sentidos: nada logrará sino acabar con lo que es. La negación de la naturaleza humana no deja sino hipocresías, moralismo fariseo y una colosal ridiculez. Un lío de faldas, que debería resolverlo el hombre sólo con su mujer, se vuelve un caso mundial.

lunes, 1 de marzo de 2010

Los indios, el jugador número 12

¡Aleeeeeeeeeeeti! ¡Aleeeeeeeeeeti! ¡Aleeeeeeeeeeeeti! Un hervidero de pasiones aclama al equipo en el Vicente Calderón. Son los indios, el jugador número 12. El partido es por la liga española, contra el Valencia. El referí Alfonso Pérez Burrull, oriundo de la región de Cantabria, anuncia el comienzo. Timidez. Juego mezquino, frívolo. Saque de arco para el visitante. Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeh… ¡Cabrón!, grita la afición roja y blanca, para acompañar la carrera y el pelotazo del portero, César Sánchez, ex jugador del Real Madrid, el enemigo; la mala palabra. El árbitro no cobra un claro penal a favor del local y, de contragolpe, David Silva anota el primer gol, luego de torear al arquero. 1 a 0 para el Valencia. ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!, son los primeros bramidos de la hinchada hacia el juez. ¡Arbitro valiente… valiente hijo de puta!, corean. Impaciencia, enfado con el equipo. ¡Joder! ¡Coño! ¡Un poquito de ganas!, reclama un seguidor nervioso. Otra falta en el área que el referí no cobra. Es una mano alevosa. Esta vez, los jugadores del Aleti se le van encima a Pérez Barrull que, perturbado, acosado, accede a sancionar el penal tras consultarle la jugada polémica al cuarto árbitro. Insólito; se supone que los cuartos árbitros sólo están para asistir al principal en los minutos de adición y en los cambios. Además, se va expulsado el defensor Marchena. La multitud aplaude. Ya es una incuestionable protagonista en la cancha. Cachavacha Forlán empata el partido con un muy poco elegante tiro al medio. ¡Uruguayo! ¡Uruguayo! Vuelve el entusiasmo. ¡Vamos! ¡Que son 10, hostia! Minuto 44: mano a mano de Agüero, tras un regalo de la zaga valenciana. Tira la pelota a la segunda bandeja. ¡Kun! ¡Kun! ¡Kun!, lo consuelan desde las gradas. En el entretiempo me voy a recorrer el estadio. Una terraza óptima para caminar y departir sobre el fútbol. Con mis compañeros del Programa Balboa nos tomamos una gaseosa y comemos semillas de girasol, pipas, como las conocen en España. Volvemos. Arranca el complemento. El arquero Sánchez demora cada saque de arco del visitante. ¡Vikingos, no! ¡Vikingos, no!, reprocha la parcialidad india, en alusión al ex madridista. Comienza el acecho a su portería. ¡Qué malos sois!, descalifica un hincha local a los jugadores valencianos. ¿Qué tal si la das, coño? Ya te compro yo una pelota, se queja otro. Mientras, el Kun empieza a batir la defensa con lances y movimientos espléndidos. Lo golpean. Queda rengueando. Pide asistencia. ¡Agüero! ¡Agüero! ¡Agüero!, lo vitorean. Se recupera. Se ubica sigilosamente en el centro del área chica. Córner y gol de cabeza del argentino. ¡Vence el Aleti, loló, loló, loló! ¡Vence el Aleti, loló, loló, loló!, cantan los indios, y revolean miles de bufandas y gorros rojos y blancos. Patadón del valenciano Miguel. Es expulsado. Adióooooooooos, hijoputa, adióoooooooos, lo despiden socarrona y melodiosamente. El duelo con el arquero Sánchez se reedita. ¡César, muérete! ¡César, muérete!, le gritan. El jugador los hace callar con un gesto desdeñoso con la mano. Ahora los insultos son ensordecedores: ¡Hijoputa! ¡Viejo! Forlán liquida el pleito con un zurdazo distinguido, para reivindicarse. Y más tarde, Jurado, reemplazante del Kun, pone el 4 a 1 final. El Valencia se va atolondrado, confundido. Afuera, los bares están llenos de indios tomando cerveza. Ellos también ganan los partidos.

viernes, 26 de febrero de 2010

Pequeñas diferencias

En España, muchos términos poseen un significado, sino opuesto, bastante diferente al que tienen en la Argentina y en muchos otros países hispanoparlantes. Uno de ellos es el curro, que aquí es sinónimo de trabajo y en mi país es el equivalente a la estafa, o bien, a la labor que uno realiza sin mucho esfuerzo y que por ella percibe una remuneración en algunos casos excesiva. Aquí en Madrid se puede currar a destajo y con eficiencia de camarero, de bancario y de presidente y obtener, respectivamente, muy buenas propinas, excelentes sobresueldos de estímulo y una reelección exitosa, cimentada en una colosal aceptación popular. En cambio, en Tucumán se curra, lo que es muy habitual, en la función pública, lo cual sugiere que el empleado puede no haber asistido ni un día a la oficina y cobrar religiosamente su salario mensual. O sea, un ñoqui.
Para qué hablar de la célebre diferencia entre el coger español -tomar o alcanzar algo, agarrarlo- y el coger argentino -realizar el acto sexual-. En una entrevista televisiva, el actor bonaerense Federico Luppi, que reside aquí desde hace varios años, apuntó que en España se puede coger todos los días un ómnibus, algo que en la Argentina sería surrealista.
En estos días he escuchado con interés que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero analiza no subir los sueldos de los funcionarios, a contrapelo de lo que se había acordado; una medida para hacer frente a la crisis financiera que agobia a las cuentas públicas. ¡Qué bien!, me dije, y pensé en lo bueno que sería que se tomara una decisión similar en la Argentina. Pero al dia siguiente observé desconcertado que varios sindicalistas españoles salieron a quejarse y a repudiar la iniciativa. Me enteré luego que los funcionarios aquí son todos los empleados estatales; es decir, la secretaria de un subdirector, el ordenanza, el cocinero, etcétera. En la Argentina, el vocablo es atribuible sólo a los jerárquicos de la administración pública: un secretario, un legislador, un ministro.
He leído en una pared un grafiti, Contra el paro, ¡asociación!, firmado por la Unión General de Trabajadores (UGT), la central obrera española, equivalente a la CGT argentina. Qué grado de desarrollo alcanzó este país, pensé, si los sindicatos se oponen a las protestas. Pero no. Resulta que paro en España es sinónimo de desocupación, a diferencia de la Argentina, donde significa huelga. Aquí también se llama paro al seguro de desempleo que cobran quienes han sido echados de su trabajo.
¡Qué clase de personas viven en tu ciudad, que organizan estas cosas!, le reprochó indignado un español a un amigo de Pier Barakat, mi compañero peruano del Programa Balboa. El amigo le había comentado al español que para un fin de semana estaba previsto organizar una pollada bailable con niños. Pier me explicó: en Perú la pollada es una reunión en la que se come pollo y los españoles le llaman polla al pene, o sea que aquí una pollada bailable con niños no sería una reunión tan cariñosa.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Lenguas españolas

Junto con el castellano, que es la lengua oficial del Estado español, otros tres idiomas son reconocidos por la Constitución para su uso en determinadas comunidades autónomas: el euskera (País Vasco y Navarra); el catalán (Cataluña, Islas Baleares y Comunidad Valenciana, donde, según el Diccionario de la Real Academia, la variedad del catalán recibe el nombre de valenciano) y el gallego (Galicia). Pero, si se contaran también los dialectos autóctonos que se hablan, los idiomas en España, un país que habitan casi 46 millones de personas, serían 13. En la foto (clickear para ampliarla), un envase de queso en fetas en el que los ingredientes están escritos en las cuatro lenguas españolas preponderantes.

domingo, 21 de febrero de 2010

Fútbol champán

Nessun dorma! Nessun dorma! Tu pure, o Principessa, nella tua fredda stanza... La voz de Luciano Pavarotti no resuena en La Scala de Milan ni en el Metropolitan de Nueva York, sino en el Santiago Bernabeu de Madrid. La magestuosa aria del acto final de la ópera Turandot de Giacomo Puccini revela la retórica de espectáculo deportivo que manejan los madridistas: la grandilocuencia, la pompa, en un estadio elite. El Real Madrid recibe al Villarreal, en un partido de la liga española. Con Juan Torres, mi compañero brasileño del Programa Balboa, nos ubicamos en la sexta bandeja, el gallinero. ¡Y se ve bien! El Bernabeu es de esos recintos en los que desde cualquier lugar se ve bien. Minuto de silencio en memoria de un dirigente fallecido. El público se calla y muchos se ponen de pie, en señal de respeto. El minuto de silencio no es otra cosa que un minuto de silencio en este caso: todo el mundo, mudo, de verdad. Termina el homenaje; aplausos y el partido, por comenzar. Las canciones de la barra brava -de corte fascista, franquista- son inentendibles. La cancha es magnífica, dibujada. El verde del pasto parece tonificado con Photoshop. Hay 22 jugadores y el árbitro. Nadie más. Empieza el juego. Casi no se escuchan silbidos; sólo algunos, como una forma reprender las decisiones del referí. Juan, fanático del Flamengo, se sorprende porque el público aplaude las buenas jugadas. Todas: las del Madrid y las del Villarreal también. La estrella, Cristiano Ronaldo, clava un golazo de tiro libre. 1 a 0. Penal a favor del local. Eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh... ¡gooooooooooooooooool! Es de Kaká. 2 a 0. ¡Cómo joden con las cornetas!, pienso, mientras en el campo Marcos Senna se prepara frente a la pelota para patear un tiro libre. Gol. 2 a 1. El público se inquieta. ¡No te líes! ¡Que la pierdes!, se queja un madridista. El merengue desaprovecha varias chances y, de contragolpe, el visitante comienza a acechar el arco de Iker Casillas. En el entretiempo aprovecho para ir al baño. Carteles publicitarios electrónicos; televisores que transmiten el partido en vivo y escaleras mecánicas. En los vestuarios hay jacuzzis... Arranca la segunda parte. A los pocos minutos, gol de Gonzalo Higuaín, con el pie derecho, tras una acción colectiva. ¡Cómo juegan estos tíos!, se entusiasma otro hincha del Madrid. Demostración de jogo bonito del anfitrión. Desconcierto del visitante, hasta que inesperadamente arma una jugada de asociación y el brasileño Nilmar anota el segundo tanto. Vuelve el suspenso; no el frío: estufas gigantes contrarrestan los crueles cuatro grados de temperatura. Cinco minutos después, Higuaín de nuevo alivia a Manuel Pellegrini, con un segundo tanto. Y luego, Kaká amplía la diferencia con otro gol, de zurda. El entrenador lo premia y lo reemplaza por el ídolo, Raúl. La frutilla del postre. La multitud lo ovaciona. Es la gloria. Penal para el Madrid. ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl!, reclaman los madridistas. Pero al penal lo patea y lo convierte Xabi Alonso. 6 a 2. El submarino amarillo está hundido. Pitido final. Suena la marcha del club blanco: ¡hala Madrid!, ¡hala Madrid! Noble y bélico adalid, caballero del honor. ¡Hala Madrid!, ¡hala Madrid! A triunfar en buena lid, defendiendo tu color... horrible, pero es su himno. La hinchada lo canta alegre y se va exaltada. Y los forasteros, también: ocho goles y el deleite de los cracks en acción, en el gran coliseo del fútbol.

Punto para Cristina

Los que me conocen saben que no simpatizo con el kirchnerismo. Pero hay algunas medidas, como la estatización del sistema jubilatorio, por caso, y tomas de posiciones claras de este gobierno que me tranquilizan, me conforman, me alegran y me entusiasman. Por ejemplo, la decisión, mediante un decreto que firmó la Presidenta, de vedar la exploración de hidrocarburos que Gran Bretaña autorizó en la zona de las Malvinas. Según la resolución, todo buque o artefacto naval que se proponga transitar entre los puertos continentales y las islas deberá solicitar una autorización previa al Gobierno argentino. En los últimos 28 años, ningún presidente argentino -fueron ocho, contando los interinos- ha encarado una acción tan firme en torno del reclamo de la soberanía sobre el archipiélago -del que Gran Bretaña se adueñó deliberadamente y que mantiene ocupado desde 1833-, y tan correcta desde la óptica diplomática, porque junto con ese decreto se ha ratificado la disposición del Estado argentino a un diálogo pacífico con Londres para solucionar el diferendo; una anacrónica situación colonial, como la definió el canciller argentino, Jorge Taiana. Un planteo inquebrantable y civilizado. Un planteo justo. Punto para el Gobierno nacional, el de Cristina Fernández de Kirchner.

viernes, 12 de febrero de 2010

El hombre alto

En estos días he retomado la lectura de El cuaderno gris, de Josep Pla. Es un dietario escrito entre 1918 y 1919, de seiscientas y pico de páginas. A menudo me da la sensación de que no hay párrafo que tenga desperdicio. Por ejemplo, uno en el que el autor describe físicamente a su amigo Alexandre Plana. Dice: es un hombre alto, muy alto -tan alto que se diría que si algún día mirase a suelo tendría vértigo-. Tiene un aire hierático, parsimonioso, lento, en toda su persona. Es un estático. Esto no es debido a ninguna determinación deliberada: es debido a su altura. Es tan largo que parece estorbarse un poco. Siempre hay una parte de su cuerpo que no sabe dónde poner. Tiene que ir con cuidado de no tropezar. Por eso siempre mira adelante... tiene la cara ligeramente picada de viruela. Sus ojos, de un azul grisáceo, más que ojos de soñador, son los ojos de un hombre un poco cansado de soñar.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Madrid, capital del ambiente

Desde hace 10 días vivo en Madrid. Estoy aquí realizando el IX Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos. Mi amigo Diego Jemio me ha recomendado leer el libro Madrid, del periodista catalán Luis Carandell, entre cuyos capítulos he descubierto descripciones de esta ciudad que me gustan. Por ejemplo, que ser de Madrid consiste muy a menudo en no ser de Madrid o que Madrid prohíja a los forasteros dejándoles que sigan siendo lo que eran cuando llegaron. En la introducción, el autor -a pesar de que las mínimas por estos días están bajo cero- define a Madrid, con buen tino, como la capital del ambiente: 'a mí me gusta Madrid por el ambiente', se oye decir con cierta frecuencia. Y aunque no se sabe exactamente lo que eso significa, hay que reconocer que es verdad, que lo bueno de Madrid es el ambiente. En sus cuatro siglos de vida capitalina, Madrid ha sido capital de muchas cosas. Capital de un imperio, capital de una nación, capital de la gloria, capital de la movida, capital europea de la cultura y hasta se la ha llamado 'la capital del mundo'. Pero nunca ha dejado de ser, si puede existir este título, la capital del ambiente.

martes, 9 de febrero de 2010

Nueve ingredientes para ser feliz en la redacción

Pilar Cambra, experimentada columnista del periódico económico Expansión, ha elaborado una lista de nueve ingredientes para ser feliz en una redacción. Aquí van, en la voz de la propia periodista, según su exposición en la última clase que brindó a los becarios del IX Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos.

1) Trabajar con amigos. Hacer amigos de aquellos con los que trabajo. Hay que interesarse, no de una manera violenta y brutal, pero sí discreta, de los problemas que ellos tienen; no sólo de los laborales, sino –más bien- de los personales; porque detrás de alguien que te dice que no puede más o que esto lo está matando hay un problema personal.
2) Defender con uñas y dientes que no tenemos un horario que cumplir, sino una tarea que realizar. En este sentido, también se debe ser exigente con el ideario de la empresa; es decir, demandar qué intereses defiende la empresa y por qué los defiende, y saber aplicar la cláusula de conciencia las veces que sea necesaria.
3) Presentarse como voluntario con frecuencia. Pero ojito: sólo para aquellos trabajos y misiones que sabemos que podemos hacer bien, y no para las cosas que nos desbordan, porque eso puede ser tu tumba. Si se es hipotenso o hipotensa, como yo, está claro que es imposible gozar de lucidez mental si no has tenido una buena noche y te has debido tomar tres cafés en tiempo récord. En ese caso, ofrecerte para una misión a las 8 de la mañana no es recomendable.
4) Preguntar, preguntar y preguntar. Preguntar no es humillante. ¡Nunca! ¡Jamás lo es! A los veteranos les gusta practicar esa misericordia que es enseñar al que no sabe. De modo que preguntar es a menudo un favor que se hace, por lo menos a esta gente. Pero hay que distinguir entre la curiosidad sana y malsana, entre la oportuna y la inoportuna: en la hora de cierre, no puedes ir a preguntar a los gritos: ‘¡oye! ¿No has encontrado un anillo en el lavabo? O bien: ‘¿puedes leerme este texto que acabo de terminar?’. Puede ser hasta peligroso.
5) Sugerir e inventar. Uno no puede ser el enano mudito de Blancanieves en la redacción. Un poquito de espíritu de aventura para no ser mañerista (sic), sino periodista. Si tú te aburres en la redacción, aburrirás a los lectores.
6) Sube y baja, como el nombre de la película de Cantinflas. Este trabajo es así: yo he hecho pies de fotos hasta el hartazgo. Yo he hecho Deportes. Yo he hecho Sucesos (Policiales). Y me he divertido mucho. Creo que a todos nos conviene pasar una temporada en el infierno, en el anonimato. Estos períodos te enseñan que tú eres lo que el medio es. Es decir, un día puedes ser el lucero del alba en el firmamento, y al día siguiente simplemente nada.
7) Estar siempre en contacto con la vida. Las nuevas tecnologías han convertido a los periodistas en burócratas, y los periodistas no debemos ser oficinistas. Lo que sucede no está en Wikipedia: ocurre en la calle, en las tiendas, en las revistas y, sobre todo, en las conversaciones con personas que no son periodistas. Hay que evitar encerrarse en el gueto profesional.
8) Cuidar nuestra propia vida. Aunque el trabajo se lleve la mayor parte de nuestro tiempo, la verdad está ahí fuera. Opino que, si en algún momento debemos optar entre ascender de puesto y mantener la vida privada sin recortarla, la vida de la familia, de los amigos, de las aficiones, yo elegiría ceder la propuesta laboral en vez de menguar la cuota personal. La empresa no tiene corazón ni alma, y cuando a ella se le ocurra estarás en la calle. Y tu marido o tu mujer, y con razón, también pueden abandonarte si pones el trabajo, o la ambición, por encima del resto.
9) Por muy precaria que sea nuestra situación debemos apostar siempre por lo óptimo: la verdad, la bondad y la belleza. No debemos de vendernos por un plato de lentejas, por más que lo necesitemos. La pasaremos muy mal en muchas ocasiones, pero dormiremos tranquilos. Más vale vender helados en un carrito.

Yo he agregado un ingrediente más: para contrarrestar el sedentarismo y la ingesta irresponsable, conviene siempre hacerse tiempo para practicar un deporte y, en lo posible, tratar de comer siempre sano y en horario. Advertí en la clase que mi vida no es el ejemplo adecuado para este ingrediente (como a destiempo y fumo 20 cigarrillos diarios, además de que no practico ninguna disciplina física con regularidad), pero creo que es bueno ser consciente de ese déficit y saber diagnosticarlo para sentirse mejor, en la redacción y en la vida en general.

jueves, 4 de febrero de 2010

El marrón

La periodista Pilar Cambra, redactora jefa del periódico español Expansión, ha dicho en su primera clase a los becarios del IX Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos que en las redacciones se escucha de vez en cuando a algún cronista murmurar con fastidio: ya me ha caído el marrón. Y explicó: el marrón es el trabajillo que le dan a fulano, que se lo pasa a otro fulano, que se lo encarga a mengano y así, como una pelota. El que nadie quiere hacer; la crítica de un libro cuyo autor es amigo de tu editor o el lugar en el que se realiza un copetín para celebrar algo que no le interesa a nadie. Eso es el marrón. Es bueno, siempre que te haya caído el marrón, avisarle a tu jefe que harás el trabajo, pero que no eres ningún tonto. Aquí, en Madrid, comienzo a confirmar que el diarismo en España no es muy diferente al de la Argentina.

martes, 5 de enero de 2010

Ese enigmático bálsamo

En este camino inevitable hacia el escepticismo que he comenzado a transitar desde que soy periodista, en este forzoso avance hacia la mayor incredulidad y la negación antipática de lo sobrenatural y los desvíos del existencialismo, un misterio cotidiano germina, de vez en cuando, como capullo en el desierto envenenado de la sospecha: el déjà vu. Felizmente, no puedo encontrarle explicación al hecho de vivir un instante que ya ha aparecido en mi mente con anterioridad. Meses, años antes. El déjà vu asoma cuando menos lo espero y en lugares familiares o inmemoriales, y pasa volando como una estrella fugaz, riéndose del esfuerzo en vano por retenerlo y someterlo a un cuestionario burdo y terrenal. Se esfuma al amanecer, como el ser querido que ya no vive y aparece en sueños extraños y sofocantes. Es un baldazo de desperdicios lanzado al parco señor Intelecto; una grosería proferida a la jactanciosa señora Razón. Es una alucinación real, cierta, casi tangible, que me arrulla a menudo, de repente. Es un canto alegre a la locura. Una cantimplora de agua bendita en la montaña de la muerte. Una confusión vestida de esperanza.