viernes, 5 de noviembre de 2010

La sonrisa de la muerte

Acabo de volver de un encuentro con amigos. La muerte me acompañó a casa y está aquí, ahora, sentada, en silencio, mirándome con ojos tiernos. Tras un par de cortejos, se acuesta a mi lado, reza un Padrenuestro y se duerme. En verdad, finge dormir, y me mira de reojo. Yo, en cambio, si me dormiré y ella calará en mi sueño, tomará mi mano y andaremos juntos el camino de la vida. Me señalará la desdicha y la finitud. Luego, beberemos vino. Más tarde, la muerte y yo haremos el amor. Ella querrá más y yo me negaré; le diré que me deje soñar en paz, que lo dejemos para otra noche. Ella sonreirá y se dormirá después que yo.

sábado, 2 de octubre de 2010

Cuatro reflexiones sobre la derecha y la izquierda

• La derecha es simplista y la izquierda es apoteósica. La demagogia es el denominador común.
• La derecha relativiza y la izquierda sobreactúa. El quid de la cuestión siempre es sorteado.
• La derecha es tecnócrata y la izquierda es poética. En ambos casos, los planes son tan sugestivos como inservibles.
• La derecha es elegante y la izquierda es descocada. Nunca denotan lo que realmente son.

martes, 31 de agosto de 2010

Entrevista a Irma Abraham

La Gaceta publicó hoy una entrevista que le hice a Irma Abraham, de 83 años, dueña de los moteles Ovni, Halley y Sideral y conocida empresaria del rubro en Tucumán. Como el reportaje fue a propósito de una polémica de índole impositiva, quedaron afuera algunas reflexiones sobre la prostitución, que aprovecho para compartirlas en este post. Textuales de la Turca:
La prostitución, bien organizada, debe ser llevada por los gobiernos. Los países adelantados, Bélgica, Holanda, Alemania, Francia, España, todos habilitan prostíbulos, pero bien organizados.
Tucumán es la tercera provincia donde más sida hay. Hoy se habla mucho de educación sexual, pero se debe hablar más de higiene sexual.
Yo no soy la Virgen María; yo tuve muchos años el negocio de la noche. Pero para mí una prostituta era una señorita, y un cliente, un señor.

miércoles, 25 de agosto de 2010

La crisis de agosto

Estoy en crisis. Sí. Porque agosto es muy agosto. Alguna vez escribí en este blog algunas consideraciones sobre abril. Y ahora pienso que agosto se parece un poco a ese maldito mes. Y se parece porque también es timorato, indeciso, insípido. Hoy, por ejemplo, Tucumán amaneció frío, gris, polvoriento, sucio, y a las tres de la tarde salió el sol, hizo calor y dio sed y ganas de llevar el escritorio a la vereda. Pero no. Es agosto. Es invierno y, a la vez, no lo es. Uno no sabe si ponerse o sacarse el suéter, si salir a tomar algo al aire libre o encerrarse a respirar el olor a cocina de los bares y a llenar las sillas de bultos. Agosto es incómodo. No llueve y todo el mundo anda con tos o con alergias o está en la cama. Es irrespirable. Agosto, como abril, es un mes que se queda en medias tintas. El verano está lejos y la primavera tampoco está a la vuelta de la esquina. Es, de facto, la mitad del año. Da la sensación de que no hay tiempo para lo novedoso, para la creatividad. Son 31 días que pasan, sin más. Agosto me agobia, me fastidia, me preocupa, me agosta.

miércoles, 14 de julio de 2010

Las tres similitudes entre Joaquín Sabina y Chavela Vargas

Me había olvidado de postear un comentario que le escuché a Joaquín Sabina en la plaza de toros madrileña de Ventas, durante el concierto que dio a fines del mes pasado. Antes de cantar Por el bulevar de los sueños rotos, canción dedicada a Chavela Vargas, dijo que él y la cantante mexicana, de 91 años, tienen tres cosas en común: los dos hemos sido muy borrachos; ambos hemos sido muy mujeriegos; y ahora, los dos estamos acabados, y yo más que ella.

lunes, 12 de julio de 2010

España vive la fiesta más grande de su historia

La Gaceta publicó hoy un informe que escribí sobre los festejos de los españoles tras el Mundial de Sudáfrica. Al momento de postear esto, las calles de Madrid seguían atestadas. Un amigo extremeño, el señor L, observaba con alegría y nostalgia las celebraciones por televisión. Me decía: estoy viendo el Paseo de la Castellana, que antes se llamaba la Avenida del Generalísimo, lleno de banderas, como cuando el dictador desfilaba ufano. Y hoy, los mismos colores... pero en libertad.

lunes, 5 de julio de 2010

Ser abuelo

Hace unos minutos, en la redacción de EFE, un compañero anunció que en marzo va a ser abuelo. Luego de una catarata de enhorabuenas, y una vez que cada uno volvió a su escritorio a seguir bajando teclas, el congratulado -de unos cuarenta y pico de años- aprovechó el silencio y reflexionó: ¿sabéis cuál es el problema de ser abuelo? Que tienes que dormir con una abuela.

jueves, 17 de junio de 2010

Las expectativas de los hinchas españoles

En La Gaceta se publicó hoy un informe que escribí desde Madrid sobre qué esperan los españoles de su selección en el Mundial de Sudáfrica.

lunes, 7 de junio de 2010

Apuntes sobre el iPad

El viernes pasado, el periodista Tino Fernández Arias, redactor jefe del periódico económico Expansión y consultor de Innovation International Media Consulting Group, nos dio a los becarios del Programa Balboa una conferencia titulada iPad: oportunidad para la prensa escrita. Aquí van algunos apuntes que tomé.

• Los diarios se convierten en dinosaurios sin flexibilidad, con monstruosas estructuras y rotativas que pronto no servirán para nada. Hoy, por cada paso que damos en los periódicos hay quienes corren carreras.
• El iPad por sí solo no es la solución a los problemas de los diarios y de las revistas; no es la única tableta ni soporte para la prensa que estará disponible en el mercado; pero es un dispositivo decisivo para regenerar el consumo pago de los contenidos que producen los medios de prensa.
• A diferencia de internet, el iPad comienza de cero siendo pago.
• Es tan portátil como una revista, tan barato como un periódico, tan impactante como la televisión de alta definición, tan simple como un iPhone, tan entretenido como un videojuego y tan versátil como una PC.
• A no confundirse: el iPad no es la versión electrónica de una revista ni de un periódico. Es la oportunidad que tienen los periódicos y las revistas de demostrar que son capaces de generar contenidos diferentes.
• Hay que preocuparse por vender atención, porque donde hay atención siempre hay dinero.
• El iPad significa una tercera corriente de contenidos y es, definitivamente, el gran impulsor de la transición entre el off line y el on line para la prensa.
• Aunque no me creáis, el periodista está en el centro de estos cambios; el contenido periodístico es el rey y el diseño gráfico, el príncipe. El corazón de las tabletas está en las redacciones.
• El periodista debe hacer un esfuerzo para conocer la tecnología. Se requieren editores multimedias y éstos son los que van a determinar qué periodistas están mejor preparados para producir los contenidos.
• Las tabletas singnifican una nueva cultura, nuevas redacciones, nuevas formas de consumo y una nueva mentalidad empresarial. Los directivos y gerentes de periódicos ya deben ser superusuarios de estas tabletas. Ya mismo.
• La clave está en contenidos únicos, en una utilidad única, en un empaquetado único, en una experiencia única. Hay que dar la seguridad a los lectores de que a los contenidos que ofrecerá un periódico en el iPad o en cualquier tableta no los ofrecerá ningún otro medio.
• Los contenidos del iPad no deben ser los de un sitio web tradicional ni tampoco una versión en PDF de un periódico. No. Se trata de contenidos que se pueden leer y tocar. Pensad en esto.
• La sola presencia del medio en formato de iPad no garantiza el negocio.
• ¿Cómo van a ser en el iPad los crucigramas o la sección de meteorología de un periódico? ¿Os lo imagináis?
• El iPad puede ser a los periódicos lo que iTunes a la industria discográfica.
• Si la industria discográfica se hubiera preocupado por sus clientes tanto como lo hizo por la piratería no hubiera perdido tanto dinero. Teniendo en cuenta esta experiencia, los periodistas y los medios debemos preocuparnos por nuestros lectores, más que por la posibilidad de que en internet se copien los contenidos.
• La clave del negocio está en buscar formas de pago que, además de electrónicas, sean rápidas y sencillas. Pero antes hay que pensar por qué contenidos estamos pidiéndole al lector que nos pague.
• Se formarán pequeñas compañías de periodistas, infógrafos y diseñadores gráficos independientes que ofrecerán contenidos a los grandes medios, en forma de aplicación para tabletas.
• La buena noticia de esto es que hay futuro para la prensa escrita, y que la tecnología, que nos ha hundido, ahora nos puede rescatar. Es fundamental entender la base de este nuevo negocio.

martes, 1 de junio de 2010

FMI: el de ayer, el de siempre

En el suplemento económico de La Gaceta del último domingo se publicó un artículo que escribí sobre la receta argentina del Fondo Monetario Internacional (FMI) para España.

jueves, 20 de mayo de 2010

Entrevista al presidente de la UIA

Esta semana se publicó en La Gaceta una entrevista que le hice en Madrid al presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez.

sábado, 8 de mayo de 2010

Bukowski

Desde que estoy en Madrid mantuve charlas recurrentes sobre cierta degeneración cultural en la que incurren algunas poblaciones. Es que sospecho, prima facie, que Madrid transita esa etapa crítica que una vez sufrieron las ciudades argentinas; ese proceso consumista, de la plata dulce, de la modernización, que paulatinamente provoca que sus ciudadanos dejen de mirar adentro y miren más afuera, relativicen sus costumbres y modifiquen de manera inconsciente su idiosincrasia; un ciclo matizado por el vaciamiento ideológico y por el esnobismo. En hechos concretos, esto supone que la gente se guarde en su casa, dominada por la computadora en vez de disfrutar del parque; que se entregue todos los ratos libres a la frivolidad de algún programa de televisión cursi en lugar de ir, aunque sea de vez en cuando, al teatro a ver qué hacen los artistas locales, o que gaste dinero automáticamente en cada renovación de tecnología de teléfonos celulares sin importarle demasiado los beneficios que supondrá ese gasto. Qué se yo. Apenas son ejemplos de la simple impresión sobre Madrid de un forastero que lleva aquí poco más de tres meses. Pero es una percepción que crece cada día. Entiendo, igualmente, que esa fase con la que tropiezan algunas urbes a la larga o a la corta llega a su fin, y es a partir de entonces cuando la mirada vuelve a la raíz, a lo propio. Creo que esto le pasó a la Argentina después de la crisis de 2002. Madrid, claro, es una gran ciudad. Fue, como dice el escritor barcelonés Luis Carandell, capital de un imperio, capital de una nación, capital de la gloria, capital de la movida, capital europea de la cultura y hasta se la llamó la capital del mundo. Y, en consecuencia, aquí se puede encontrar de todo. Ese todo, en el Madrid actual, contiene una elevada cuota ordinariez, de extravagancia, con pocos elementos que en verdad la distinguen de otras ciudades. Sin embargo, las peculiaridades, aunque algo ocultas, de vez en cuando aparecen, y cuando uno menos las espera: no sé si es fruto de la crisis económica misma que sufre España desde hace tres años o del espíritu resistente de un grupo de rebeldes o un mero nicho que la bonanza devastadora de cultura no logró erradicar, o una mezcla de las tres cosas, el caso es que esta semana descubrí un rincón del Madrid rico, del Madrid diferente, del Madrid inteligente, si se quiere, con el que hasta ahora no me había topado. Bukowski, como el escritor norteamericano Charles Bukowski, se llama el bar del barrio Malasaña al que fui a tomar unas copas con Catalina Oquendo, mi compañera colombiana del Programa Balboa. Un sucucho angosto, un poco descuidado, pero colorido, adornado con pósters y propagandas en papel pegado a la pared de actividades artísticas y concurrido por parroquianos de estilo alternativo, pero alternativo auténtico; es decir, gente tranquila de verdad, con escasas ganas llamar la atención y con muchas de pasarla bien, el indiscutible sentido de una tertulia madrileña. En ese garito cada miércoles la gente lee poesía de un atril sostenido por unas piernas de maniquí con medias red. Después de un par de rones, con Cata escuchamos poemas y relatos de autoría comarcana y nos sorprendió no sólo el silencio absoluto de todos los contertulios, sino sus ganas -o su necesidad- de expresarse y, en particular, la belleza de los versos. Fue un hallazgo balsámico, gustoso, entre tanta invariabilidad, tanta cosa trillada. Al salir, nos contactamos con uno de los autores, Enrique Gamella Rodríguez, a quien le pedimos que nos enviara algunos de sus poemas, a lo que accedió con gentileza. Uno de ellos, Magia, escrito en junio de 2009, dice que en un rincón de la memoria duerme una caja negra, vacía y llena, y junto a ella, alguien acaricia las ilusiones que esperan dentro. También escuchamos la lectura de una carta de amor, Querida Alfonsina, escrita en enero de 2009, que con el permiso de Enrique publico ahora en El corcho, junto con un texto introductorio:

Es de noche y se anuncia tormenta. Una mujer de 46 años, hospedada en una pequeña pensión de Mar de Plata, sufre dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor dicta una carta a su hijo Alejandro, de 26 años: “…suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”.
La tormenta ha comenzado. Llegó hasta un espigón y desde allí se arrojó al mar. Por la mañana ven flotar un cuerpo en el agua. Reconocen a la poeta Alfonsina Storni.
Cinco días antes de su muerte, Storni había mandado un último poema, Voy a dormir, al periódico La Nación. Un poema en forma de suicidio.

Querida Alfonsina: te quiero.

Abrazo despacio, uno a uno, nuestros recuerdos y me voy despidiendo entre caricias de las ilusiones que juntos hemos visto crecer.
Sólo me quedó aquella estrella fugaz como tu vida, como la mía y que, sin embargo, siempre estuvo presente, como tu amor, como el mío.
Difícil para un hombre solo, despedirse de dos vidas. Es doloroso.
¿Conoces tú ahora de mi dolor, Alfonsina? El dolor de estar sin ti, sin tu mirada amante, sin tu sonrisa de vida, sin tus manos de poesía, sin tus palabras para mí. El dolor de extrañarte constantemente. A cada momento. Fíjate Alfonsina, tú me enseñaste a amar, y ahora el dolor ha conseguido que odie. Y odio con la misma pasión y con la misma fuerza que antes amé.
Amaba el viento y ahora le odio, porque fue él y no yo el que te acarició hasta el final. Amaba la luz suave de los atardeceres y ahora la odio porque fue ella y no yo la que te vio ese último momento.
Pero, sobre todo, odio el mar. Y le odio porque tú lo elegiste como amante para que te abrazara mientras morías. Te abrazo, acaricio tu pelo, estrecho tu cintura, beso tus ojos, tus labios, tus manos... Y yo no Alfonsina. Y yo no. Y le odio más porque te devolvió con la triste estupidez de aquellos que son incapaces de apreciar lo que se les ofrece. Yo jamás te hubiera devuelto. Nunca, por nada. Si yo hubiera sido el mar te habría guardado en lo más profundo de mis mares para tenerte siempre a mi lado. No sólo te habría vestido de espuma y de sal y te habría dejado mis caracolas y mis caballitos marinos. Te habría dejado jugar con las olas, reír con los delfines, cantar con las ballenas, habríamos paseado por los fondos de arena suave, al atardecer, como te gustaba… Pero nunca te habría devuelto. (En realidad, ¿sabes? Lo odio todo, menos a ti, a tu recuerdo).
Siento que hubieras salido mientras te llamaba insistentemente, desesperadamente, aquella tarde, Alfonsina. ¡Cuánto me hubiera gustado salir contigo! De hecho, yo también salgo en este momento. A tu encuentro, amor. Un beso.

Sorpresa, Madrid.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Sobre cómo afecta la crisis griega a España

En La Gaceta se publicó esta semana un informe que escribí acerca de los perjuicios que ocasiona la crisis griega a la economía española.

jueves, 29 de abril de 2010

Sobre la última paliza en el metro de Madrid

Hoy se publicó en La Gaceta un análisis que escribí acerca de la golpiza que se perpetró en el metro de Madrid en marzo y que fue difundida en los últimos días por el diario El Mundo, de España.

lunes, 26 de abril de 2010

Lisboa, el barrio

En pocas ciudades se percibe una sensación de tranquilidad categórica, completa, como en Lisboa, lo cual se contrapone con su condición de capital de un país europeo y hasta hace poco más de cien años, de un imperio. Será la calzada portuguesa, de piedritas amarillas, blancas y azules, o los kilómetros de adoquinado, que dificultan el tránsito rápido y obligan la vista del paisaje. O las casitas blancas con tejas, en cuyas fachadas están empotradas decenas de macetas y platos pintados. Así es una del vecindario céntrico Caramão: la de la avó Laura, tal como figura en un cartel de cerámica ubicado arriba de la puerta principal. Imagino a su dueña, a esa abuela portuguesa: pelo blanco, paso cansino, mirada dulce, mejillas rosas y manos cocineras. La imagino sentada en su silla, frente a la calle, saludando sonriente a cualquiera que pase caminando. Una vida prudente, discreta. La serenidad lisboeta se deja ver también en los balcones de las casonas palaciegas del Bairro Alto, en los que están tendidos calzones, camisas y pantalones recién lavados. Mi amigo Pancho Pardo, compañero chileno del Programa Balboa, dice que el olor a ropa limpia es esperanzador. Ese olor a jabón... Lisboa es saludable. Es quietud, es sosiego. Es el musgo en la pared; en los bares, el culto de los fadistas modernos, todos hijos de Amalia Rodrigues; el azulejo relevado; el tranvía añoso; el andar presumido de un gato gordo; un barcito de entrada corta y su barrita, sus mesitas, sus sillitas, sus vasitos, sus ceniceritos, su mocita. Es raro, pero esta urbe me parece un gran barrio. Es el diálogo justo entre la gente, de un silencio venerable. Un hombre, una mujer y su hija -de unos tres años- pasando la tarde en la plaza sin decirse una palabra, unidos, en calma; cuatro viejos jugando a los naipes; el beso apasionado debajo de un farol, colgado de una pared enferma crónica de humedad; la revolución poética, la de los claveles en vez de balas; la mirada del pescador en el horizonte interminable del Atlántico; los barcos mansos en el Tajo. Lisboa es paz.

jueves, 22 de abril de 2010

miércoles, 21 de abril de 2010

Periodismo... ¿qué?

Periodismo ciudadano. En los últimos días me vine preguntando qué es este insólito concepto, inventado por algún novel entusiasta de internet, sino la vulgarización de una profesión noble -con perdón de las desviaciones- a la que millones de personas en el mundo les dedican años de estudio y de práctica -caminando la calle, golpeando las puertas de los despachos, sufriendo tratos desdeñosos y soportando la presión de la hora de cierre y los malos pagos-, y que en muchos casos arriesgan sus vidas para conseguir datos y elaborar esos benditos productos llamados noticia, crónica, informe, panorama, reportaje, entrevista. El periodismo 3.0, el periodismo ciudadano… a veces pienso que el término periodismo ciudadano tal vez sea un vil subterfugio de las patronales para prescindir de trabajadores con vocación real de periodistas, en nombre de la democratización de la información. Periodismo no es filmar un accidente con un celular y subirlo a YouTube. Periodismo no es contar en un blog qué linda que es la Tour Eiffel para los amigos y los familiares que están a 14.000 kilómetros de distancia. Periodismo no es opinar en Facebook sobre lo injusto que fue otorgar el premio Nobel de la Paz a Barack Obama. Periodismo no es retwittear a los seguidores un artículo escrito por un auténtico periodista, que consideró seriamente al lector a la hora de ponerse a bajar teclas. El periodista es un ciudadano, pero el ciudadano no es necesariamente un periodista. El ciudadano puede tener la exclusiva, pero eso no lo hace periodista. El ciudadano puede (o podrá) prescindir de los medios para informarse, pero no del periodista. El periodismo ciudadano es al periodismo lo que el curanderismo a la medicina. El periodismo ciudadano no existe. El periodismo es uno solo: se llama periodismo y lo ejercen los periodistas.

lunes, 19 de abril de 2010

Caricaturas de Matador

Estas caricaturas son de Julio César González, alias Matador, caricaturista del periódico El Tiempo, de Colombia. Las tomé de su blog. Para verlas más grandes, clickear en cada imagen.

domingo, 11 de abril de 2010

En un bar de Alcalá de Henares

Hoy visité Alcalá de Henares, una ciudad de la comunidad de Madrid conocida por haber sido el pueblo natal de Miguel de Cervantes Saavedra. Tomé el tren de Cercanías a las tres de la tarde y llegué media hora después. El día, inmejorable: sol pleno, temperatura en torno de los 23 grados, ambiente seco, viento suave y fresco. Óptimo. Luego de pasear unas horas con mi amigo Juan Torres, compañero del Programa Balboa, de caminar por callejoncitos y plazas verdes y de ver edificios de arquitectura imponente y Don Quijotes y Sancho Panzas por doquier, nos metimos en un bar a tomar cerveza, entre un gentío que descansaba del trajín universitario y se divertía. La música, a todo volumen. En el televisor, el partido del Espanyol de Barcelona contra el Atlético de Madrid. De repente, una lluvia de bolsas de plástico. Regalaban remeras y pufs inflables; de onda. Lo que hay en tu vaso dice mucho de tí, era la inscripción de las remeras. Curioso. Al rato, un españolito de cuatro o cinco años, altanero, entró de sopetón al garito y, enojado, le gritó no sé qué quejas a un treintañero que tal vez era su padre, señalándolo con su dedito. Y salíó raudamente del lugar, entre miradas de extrañeza. Cosas raras. Pero mi mayor sorpresa fue cuando el DJ cambió la electrónica por La mano de Dios, del Potro Rodrigo. A poco que debutó, Maradó, Maradó, la 12 fue quien coreó, Maradó, Maradó, su sueño tenía una estrella llena de gol y gambetas... Yo, entusiasmado; pero en el bar el tema pasó sin pena ni gloria, y volvió la electrónica. Me dio la sensación de que el clima de fiesta cayó en un pozo mientras sonó. Sólo yo lo canté. Supuse entonces que el DJ era argentino y le pregunté al barman si era así. Me respondió: ¿este? Este no es argentino, macho. Este es más español que el tío Paco, ¡joder!

martes, 6 de abril de 2010

Messi, el protagonista

Este fin de semana se publicó en La Gaceta un informe que escribí desde Madrid sobre el fenómeno Lionel Messi y la opinión de los españoles sobre el argentino, de quien muchos se animan a decir ya que es mejor jugador del que fue Diego Armando Maradona. También salió una entrevista que le hice a José Ángel Castro Savoie, un experimentado periodista de la agencia EFE, donde estoy trabajando actualmente.

lunes, 5 de abril de 2010

Decadencia

A Ana Cristina Pereira, la periodista oriunda del archipiélago de Madeira que me hospedó en Oporto durante los días de descanso de Semana Santa, le pregunté por qué eligió esa ciudad para vivir y trabajar después de graduarse en la universidad, y me respondió, concluyente, que lo hizo porque Oporto es decadente; una decadencia -luego entendí- por oposición a la pujanza y a la modernidad perturbadoras que desnaturalizan muchas urbes europeas, cada vez más parecidas entre sí. Más que tratarse de un lugar que empobrece, que empeora económicamente, mi colega se refirió tal vez al rechazo de un pueblo a la innovación y al esnobismo a gran escala; a que los portuenses optaron por vivir con lo que poseen, con amor a lo propio, con pocas ganas de cambiar. Total, ¿para qué? Caminando, advertí que ese concepto es muy claro; que la gente goza del río, el Duero, y del océano, el Atlántico. Sin más. Se sube al parsimonioso tranvía marrón y elude la velocidad y el caos de la calle; se sigue emocionando con los arpegios nostalgiosos del fado y su guitarra de doce cuerdas; y evoca la saudade portuguesa, de una tristeza milenaria, mansa, resignada, distinta de la brasileña, que es más caliente, impura, más novelesca quizás. Disfruta del encuentro nocturno en un bar clandestino, montado en uno de los tantos edificios antiguos que lucen esa derruida magestuosidad; de comer francesinhas, de beber vino dulce y de corretear patos en el Parque da Cidade. En la plaza, un hombre saca a pasear la serenidad -acaso su tristeza- de todos los días, y también su perro; las palomas se comen las migas de pan que quedan entre los adoquines grises, todos diferentes. Desde un balcón del casco histórico, una abuela saluda sonriente entre la ropa tendida a un grupo de turistas que le saca fotos a los azulejos decorados de las fachadas. En una roca grande de la costa, el sol alumbra el cariño fiel de una pareja de cincuentones sentados frente al mar, mientras un pescador solitario aguarda el botín con la paciencia y con el entusiasmo del primer día. Así de decadente es Oporto.

martes, 30 de marzo de 2010

Anuncios afrodisíacos

El de la foto es el letrero de un comercio madrileño de venta de artículos de ortopedia. Está ubicado en la zona de la estación de Metro Cuatro Caminos. Unas cuadras antes, en la pizarra de un restaurante vi que el segundo plato del menú del día era filete de choto con patatas. En otro se ofrecían conchas de pescado. Bueh...

miércoles, 24 de marzo de 2010

Anteojos negros usaban los seis

Mi aporte en el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia es postear una canción que aprendí en el secundario, el año en que el artista tucumano Luis Gómez Salas fue nuestro profesor de música. Entonces tenía 15 años, era adolescente y no sabía muy bien de qué se trataba esto de la dictadura. Hoy, por suerte, entiendo un poco más de qué fue la cosa. Y quiero enterarme de más. Pensé que se trataba de cieguitos, de Los Twist. Nunca más.

Fernando Vallejo y la Iglesia católica

Mauricio Builes, periodista de la revista Semana de Colombia y compañero mío en el Programa Balboa, me ha relatado detalles de la videoconferencia que dio hace instantes el escritor Fernando Vallejo, desde Bogotá, para el público de Casa de América (Madrid) en ocasión de la presentación de su último libro, El don de la vida. Vallejo -el novelista colombiano más importante, después de Gabriel García Márquez- explicó que el título de su obra, en verdad, es una ironía sobre el axioma de la Iglesia católica, según el cual la vida es un regalo de Dios. A propósito de los escándalos de pederastia eclesiástica, el escritor sostuvo que la culpa no es de los curas, sino de la institución. Ellos son las primeras victimas de la Iglesia, afirmó, y acerca del caso de Georg Ratzinger, hermano del papa, Benedicto XVI, dijo: lo único que lamento es que no me hayan invitado a las orgías con los muchachitos del coro celestial. Vallejo aseveró que pederastia es un concepto que debe redefinirse y reclamó menos demagogia. El sexo -afirmó- es inocente siempre y cuando no haya violencia y doblegación moral. ¿Qué son niños? Humanos de nueve o 12 años. Pero los de 15 años son locomotoras sexuales; ya no son niños. Y si el cura no los masturba se masturbarán solos. No jodan más a estos curitas. Les aconsejo que se salgan de esa institución monstruosa; y a los chicos del seminario, los que queden, que por fortuna ya no son muchos, que no se dejen lavar el cerebro.

lunes, 22 de marzo de 2010

Misterio en la montaña

Los refranes y los aforismos son frecuentes en las paredes de las calles de Granada; en particular, en las de sus pintorescos suburbios montañosos. De acuerdo con una de las leyendas urbanas de la zona, hace unos años la proliferación de una serie de grafitis, de sentencias sarcásticas y de protesta, y su reaparición inmediata en los mismos sitios de donde habían sido borrados por el personal del ayuntamiento, causaron la indignación de las autoridades de la ciudad andaluza; ordenaron la búsqueda del autor, a quien luego de unos meses finalmente pescaron in fraganti. La sorpresa fue que dieron con un viejo y prestigioso profesor de la universidad, que tras haber sido echado de su trabajo, como consecuencia de esta conducta sediciosa, se recluyó en el Sacromonte, donde vive en una de las enigmáticas cuevas, típicas de ese barrio gitano. Ayer, caminando por el Albayzin -el principal arrabal de la ciudad, histórico, de rasgos árabes, de calles empedradas, empinadas, antiquísimas- con mis colegas del Programa Balboa nos detuvimos frente a esta pintada curiosa que se le atribuye al catedrático insurgente (clickear en las fotos para verlas más grandes). Después, ya en el Sacromonte, mantuvimos un breve coloquio con un señor de pelo blanco, largo, y ojos azules desafiantes, penetrantes, de una extravagante mezcla entre diabólicos y nostálgicos. Fue en un pasaje quieto, una esquina solitaria en la que se sentía -no exagero- cierta turbación o energía negativa, un miedo a no sé qué, que este cíngaro maduro se nos aceró de golpe y, sin presentarse, nos dijo, con una voz lejana, pero firme y pacífica: ese es de propiedad privada; es mío. Se refería a un grafiti que nos había llamado la atención, en el que se leía: no más mierda: a la del perro la recojo yo. Luego, el hombre nos pidió amablemente que no le tomáramos fotos, nos recomendó un tradicional bar para visitar más abajo y se fue saludando con un gesto cordial, tan inadvertido como en su aparición. ¿Sería éste el docente rebelde?, nos preguntamos, y sin discusiones acordamos mantener el misterio y quedarnos con un recuerdo amargo y siniestro de este encuentro incógnito; para volver a Granada a sentir el sabor de la transgresión, de la clandestinidad; el lamento moro, un rasguido penoso, un grito estrellado, una mirada sensual, una Alhambra pecaminosa, decadente, roja; una tierra atormentada, cautivadora, ardiente.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Diálogo corrosivo

En las redacciones de diarios siempre hay elementos que ejercitan lo que uno de mis jefes de La Gaceta, Juan José Concha Martínez, llama un buen manejo de la la ironía. Anoche escuché a dos periodistas comentando, con un distinguido sarcasmo, una noticia de la prensa del corazón sobre la separación entre una bailarina y un torero:

Periodista 1: Mira: Cecilia Gómez y Fran Rivera han roto relación. ¡Qué lástima! Formaban una hermosa pareja.
Periodista 2: Me gustaría saber quiénes son estos dos.
Periodista 1: Bueno, pues él es un destrozador de animales y ella es una zorra que se ha tirado a este destrozador de animales.
Periodista 2: Vale, ¿y de qué ministerios son?

lunes, 15 de marzo de 2010

@elcorchito

Desde esta semana soy usuario de Twitter. Mi nombre de usuario es @elcorchito, atento a que se trata de microblogging -he leído que así se escribe- y a que ya poseo un blog -en el que practico el... ¿blogging?- que se llama El Corcho. Algunos de mis colegas del Programa Balboa me han persuadido de los beneficios de esta red social; me han asegurado que es útil para los periodistas. Y yo he aceptado el convite. No quiero quedarme fuera del Periodismo 2.0, del periodismo que viene (¿?) ¡Sí, señor! Soy usuario de Twitter y, por lo tanto, supongo, soy un periodista moderno... En verdad, soy en internet, como en la cocina, un completo inepto; un neorromántico en la era de las comunicaciones que no resiste el esnobismo informático; un pasajero taciturno en el tren a la renovación. Soy usuario de Twitter.

La crisis laboral en España

En el último suplemento Actualidad de La Gaceta salió publicado un informe que escribí desde Madrid sobre la crisis de empleo en España. Para leerlo, clickear aquí.

jueves, 11 de marzo de 2010

Cierra tus ojos y escucha

Caminata nocturna por Madrid. Frío álgido, viento severo. Soledad ingente. Una melodía le agrega a la madrugada esa pizca de tribulación componedora, necesaria y justa después de un día frenético, caótico, histérico. Un instante de realidad. El bandoneón de Ástor Piazzolla. El saxofón de Gerry Mulligan. Reunión cumbre. Close your eyes and listen.

lunes, 8 de marzo de 2010

Lazos

Ahora, que es la primera vez en mi vida en que los días enteros pasan sin compatriotas alrededor y en consecuencia buena parte de los coloquios corresponde a un intercambio verbal sobre las costumbres de cada país, no siento ninguna necesidad de ejercer ese nacionalismo usual en muchas personas, anacrónico para esta coyuntura mundial cosmopolita, derivada de lo que se ha dado en llamar globalización. No soy cultor -mucho menos- del fetichismo snob y superficial que practican otros; ese afán por exhibir una serie de elementos típicos de una sociedad para demostrar lo diferente, lo extraordinario de una nación -pocas veces llega a merecer tal adjetivo- y, de esa forma, justificar la nostalgia que cada uno siente por la tierra. Sin embargo, el caso es que hace un rato he descubierto en el fondo de mi mochila, ya bastante deformada, una barrita de chocolate Tofi que me había comprado hace más de un mes en Buenos Aires, antes de venir a Madrid. Y sí, debo reconocer que el sólo hecho de haberla hallado me produjo cierto enternecimiento. No una melancolía pura y dura, para nada; pero sí una vaga agitación emocional. Me ha pasado lo mismo cuando, de visita por esta ciudad, mi amigo Patricio Conta me regaló una botella de Fernet Branca; y otra vez, hace unos días, cuando escuchaba Heroína, de Sumo, mientras cocinaba un arroz con salchichas. Esas conexiones… no sé. Supongo que no se puede vivir del todo ajeno a la historia de uno, al lugar, inclusive en circunstancias óptimas, de entusiasmo, de complacencia y de satisfacción como estas; que uno puede acostumbrarse a comer cerdo o a ver las películas dobladas al castellano más puro, al que hablan aquí, ese lleno de zetas, pero que a la larga siempre las preferirá subtituladas y nunca olvidará el sabor de unas jugosas entrañas a la parrilla.

domingo, 7 de marzo de 2010

Patrones de conversación

En Madrid vivo rodeado de ciudadanos de distintos países y descubro que hay ciertos denominadores comunes, patrones de conversaciones entre mis amigos y mis colegas argentinos y en mi familia, que aquí no funcionan. Algunos tópicos -por caso, la polémica por el Fondo del Bicentenario, lo mal que está jugando Boca o lo lindo que es salir a tomar un fernet con Coca en verano en Tucumán- quedan anulados. Inconscientemente, empiezo a hablar sobre temas que a los pocos segundos me doy cuenta de que no tendrán admisión. Cuando sigo las noticias acerca del resurgimiento de la disputa soberanista sobre las islas Malvinas, o la expectativa sobre El secreto de sus ojos en los Oscar o el suspenso en torno del equipo que llevará Maradona al Mundial me dan ganas de departir, de mantener un diálogo extenso y profundo sobre esos asuntos. Pero esa plática no es asequible. Y tal vez es lógico que así sea. Lo que hagan los Kirchner o Alperovich poco importa al lado de los escándalos de Berlusconi, de las medidas de Zapatero o de las críticas de Rajoy o de Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, al manejo de la economía española, que está en crisis. La formación que disponga el Chueco Alves para el próximo partido posee escasa relevancia en comparación con la atención masiva que recibe la preparación del Real Madrid para corregir el resultado adverso ante el Olympique de Lyon. El conflicto del Atlántico Sur, pese a que le interesa mucho más a cualquier europeo que a muchos de mis compatriotas, es arcaico, insignificante o ya demasiado discutido en el ámbito mundial. Este choque no me estresa, pero sí me sorprende. Poco a poco voy entendiendo que las discusiones atractivas aquí son otras. Poco a poco voy comprendiendo este nuevo repertorio cotidiano internacional.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Un análisis que faltaba

Un buen analista es aquel que posee una mirada integral de lo que acontece; se detiene en eso que los otros no ven o que advierten y no saben explicar. Un buen analista es el que camina como Juan por su casa en ese espacio intersticial entre los periódicos, la radio, la televisión o internet y la realidad; mira a un lado y al otro, estudia, razona y concibe un comentario. Sin ataduras de ninguna índole, va al quid de la cuestión a contracorriente de la tendencia y ejerce así la parte más plausible del periodismo. Este es el caso de Héctor Abad Faciolince, columnista y asesor editorial del diario colombiano El Espectador. Abad Faciolince redactó un artículo sobre la forzada mea culpa y el abatimiento públicos de Tiger Woods a causa de haber protagonizado un escándalo con prostitutas. En el texto, titulado Pedradas al hombre adúltero, el periodista no cae en la abyección de proponer un indulto al golfista por haber sido infiel, aunque sí señala la crueldad a la que ha sido sometido por los medios de prensa norteamericanos, en consonancia con esa defensa a ultranza de ciertos valores éticos en Estados Unidos -y su escaso correlato social-. Un párrafo de este jocoso y a la vez cabal ensayo -que me acercó Mauricio Builes, redactor de la revista colombiana Semana y becario del Programa Balboa 2010- dice así: a Tiger ya lo molieron, entre terapias sexuales y penitencias públicas. Que se unte de ceniza, que se refugie en el budismo, que persiga la paz de los sentidos: nada logrará sino acabar con lo que es. La negación de la naturaleza humana no deja sino hipocresías, moralismo fariseo y una colosal ridiculez. Un lío de faldas, que debería resolverlo el hombre sólo con su mujer, se vuelve un caso mundial.

lunes, 1 de marzo de 2010

Los indios, el jugador número 12

¡Aleeeeeeeeeeeti! ¡Aleeeeeeeeeeti! ¡Aleeeeeeeeeeeeti! Un hervidero de pasiones aclama al equipo en el Vicente Calderón. Son los indios, el jugador número 12. El partido es por la liga española, contra el Valencia. El referí Alfonso Pérez Burrull, oriundo de la región de Cantabria, anuncia el comienzo. Timidez. Juego mezquino, frívolo. Saque de arco para el visitante. Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeh… ¡Cabrón!, grita la afición roja y blanca, para acompañar la carrera y el pelotazo del portero, César Sánchez, ex jugador del Real Madrid, el enemigo; la mala palabra. El árbitro no cobra un claro penal a favor del local y, de contragolpe, David Silva anota el primer gol, luego de torear al arquero. 1 a 0 para el Valencia. ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!, son los primeros bramidos de la hinchada hacia el juez. ¡Arbitro valiente… valiente hijo de puta!, corean. Impaciencia, enfado con el equipo. ¡Joder! ¡Coño! ¡Un poquito de ganas!, reclama un seguidor nervioso. Otra falta en el área que el referí no cobra. Es una mano alevosa. Esta vez, los jugadores del Aleti se le van encima a Pérez Barrull que, perturbado, acosado, accede a sancionar el penal tras consultarle la jugada polémica al cuarto árbitro. Insólito; se supone que los cuartos árbitros sólo están para asistir al principal en los minutos de adición y en los cambios. Además, se va expulsado el defensor Marchena. La multitud aplaude. Ya es una incuestionable protagonista en la cancha. Cachavacha Forlán empata el partido con un muy poco elegante tiro al medio. ¡Uruguayo! ¡Uruguayo! Vuelve el entusiasmo. ¡Vamos! ¡Que son 10, hostia! Minuto 44: mano a mano de Agüero, tras un regalo de la zaga valenciana. Tira la pelota a la segunda bandeja. ¡Kun! ¡Kun! ¡Kun!, lo consuelan desde las gradas. En el entretiempo me voy a recorrer el estadio. Una terraza óptima para caminar y departir sobre el fútbol. Con mis compañeros del Programa Balboa nos tomamos una gaseosa y comemos semillas de girasol, pipas, como las conocen en España. Volvemos. Arranca el complemento. El arquero Sánchez demora cada saque de arco del visitante. ¡Vikingos, no! ¡Vikingos, no!, reprocha la parcialidad india, en alusión al ex madridista. Comienza el acecho a su portería. ¡Qué malos sois!, descalifica un hincha local a los jugadores valencianos. ¿Qué tal si la das, coño? Ya te compro yo una pelota, se queja otro. Mientras, el Kun empieza a batir la defensa con lances y movimientos espléndidos. Lo golpean. Queda rengueando. Pide asistencia. ¡Agüero! ¡Agüero! ¡Agüero!, lo vitorean. Se recupera. Se ubica sigilosamente en el centro del área chica. Córner y gol de cabeza del argentino. ¡Vence el Aleti, loló, loló, loló! ¡Vence el Aleti, loló, loló, loló!, cantan los indios, y revolean miles de bufandas y gorros rojos y blancos. Patadón del valenciano Miguel. Es expulsado. Adióooooooooos, hijoputa, adióoooooooos, lo despiden socarrona y melodiosamente. El duelo con el arquero Sánchez se reedita. ¡César, muérete! ¡César, muérete!, le gritan. El jugador los hace callar con un gesto desdeñoso con la mano. Ahora los insultos son ensordecedores: ¡Hijoputa! ¡Viejo! Forlán liquida el pleito con un zurdazo distinguido, para reivindicarse. Y más tarde, Jurado, reemplazante del Kun, pone el 4 a 1 final. El Valencia se va atolondrado, confundido. Afuera, los bares están llenos de indios tomando cerveza. Ellos también ganan los partidos.

viernes, 26 de febrero de 2010

Pequeñas diferencias

En España, muchos términos poseen un significado, sino opuesto, bastante diferente al que tienen en la Argentina y en muchos otros países hispanoparlantes. Uno de ellos es el curro, que aquí es sinónimo de trabajo y en mi país es el equivalente a la estafa, o bien, a la labor que uno realiza sin mucho esfuerzo y que por ella percibe una remuneración en algunos casos excesiva. Aquí en Madrid se puede currar a destajo y con eficiencia de camarero, de bancario y de presidente y obtener, respectivamente, muy buenas propinas, excelentes sobresueldos de estímulo y una reelección exitosa, cimentada en una colosal aceptación popular. En cambio, en Tucumán se curra, lo que es muy habitual, en la función pública, lo cual sugiere que el empleado puede no haber asistido ni un día a la oficina y cobrar religiosamente su salario mensual. O sea, un ñoqui.
Para qué hablar de la célebre diferencia entre el coger español -tomar o alcanzar algo, agarrarlo- y el coger argentino -realizar el acto sexual-. En una entrevista televisiva, el actor bonaerense Federico Luppi, que reside aquí desde hace varios años, apuntó que en España se puede coger todos los días un ómnibus, algo que en la Argentina sería surrealista.
En estos días he escuchado con interés que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero analiza no subir los sueldos de los funcionarios, a contrapelo de lo que se había acordado; una medida para hacer frente a la crisis financiera que agobia a las cuentas públicas. ¡Qué bien!, me dije, y pensé en lo bueno que sería que se tomara una decisión similar en la Argentina. Pero al dia siguiente observé desconcertado que varios sindicalistas españoles salieron a quejarse y a repudiar la iniciativa. Me enteré luego que los funcionarios aquí son todos los empleados estatales; es decir, la secretaria de un subdirector, el ordenanza, el cocinero, etcétera. En la Argentina, el vocablo es atribuible sólo a los jerárquicos de la administración pública: un secretario, un legislador, un ministro.
He leído en una pared un grafiti, Contra el paro, ¡asociación!, firmado por la Unión General de Trabajadores (UGT), la central obrera española, equivalente a la CGT argentina. Qué grado de desarrollo alcanzó este país, pensé, si los sindicatos se oponen a las protestas. Pero no. Resulta que paro en España es sinónimo de desocupación, a diferencia de la Argentina, donde significa huelga. Aquí también se llama paro al seguro de desempleo que cobran quienes han sido echados de su trabajo.
¡Qué clase de personas viven en tu ciudad, que organizan estas cosas!, le reprochó indignado un español a un amigo de Pier Barakat, mi compañero peruano del Programa Balboa. El amigo le había comentado al español que para un fin de semana estaba previsto organizar una pollada bailable con niños. Pier me explicó: en Perú la pollada es una reunión en la que se come pollo y los españoles le llaman polla al pene, o sea que aquí una pollada bailable con niños no sería una reunión tan cariñosa.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Lenguas españolas

Junto con el castellano, que es la lengua oficial del Estado español, otros tres idiomas son reconocidos por la Constitución para su uso en determinadas comunidades autónomas: el euskera (País Vasco y Navarra); el catalán (Cataluña, Islas Baleares y Comunidad Valenciana, donde, según el Diccionario de la Real Academia, la variedad del catalán recibe el nombre de valenciano) y el gallego (Galicia). Pero, si se contaran también los dialectos autóctonos que se hablan, los idiomas en España, un país que habitan casi 46 millones de personas, serían 13. En la foto (clickear para ampliarla), un envase de queso en fetas en el que los ingredientes están escritos en las cuatro lenguas españolas preponderantes.

domingo, 21 de febrero de 2010

Fútbol champán

Nessun dorma! Nessun dorma! Tu pure, o Principessa, nella tua fredda stanza... La voz de Luciano Pavarotti no resuena en La Scala de Milan ni en el Metropolitan de Nueva York, sino en el Santiago Bernabeu de Madrid. La magestuosa aria del acto final de la ópera Turandot de Giacomo Puccini revela la retórica de espectáculo deportivo que manejan los madridistas: la grandilocuencia, la pompa, en un estadio elite. El Real Madrid recibe al Villarreal, en un partido de la liga española. Con Juan Torres, mi compañero brasileño del Programa Balboa, nos ubicamos en la sexta bandeja, el gallinero. ¡Y se ve bien! El Bernabeu es de esos recintos en los que desde cualquier lugar se ve bien. Minuto de silencio en memoria de un dirigente fallecido. El público se calla y muchos se ponen de pie, en señal de respeto. El minuto de silencio no es otra cosa que un minuto de silencio en este caso: todo el mundo, mudo, de verdad. Termina el homenaje; aplausos y el partido, por comenzar. Las canciones de la barra brava -de corte fascista, franquista- son inentendibles. La cancha es magnífica, dibujada. El verde del pasto parece tonificado con Photoshop. Hay 22 jugadores y el árbitro. Nadie más. Empieza el juego. Casi no se escuchan silbidos; sólo algunos, como una forma reprender las decisiones del referí. Juan, fanático del Flamengo, se sorprende porque el público aplaude las buenas jugadas. Todas: las del Madrid y las del Villarreal también. La estrella, Cristiano Ronaldo, clava un golazo de tiro libre. 1 a 0. Penal a favor del local. Eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh... ¡gooooooooooooooooool! Es de Kaká. 2 a 0. ¡Cómo joden con las cornetas!, pienso, mientras en el campo Marcos Senna se prepara frente a la pelota para patear un tiro libre. Gol. 2 a 1. El público se inquieta. ¡No te líes! ¡Que la pierdes!, se queja un madridista. El merengue desaprovecha varias chances y, de contragolpe, el visitante comienza a acechar el arco de Iker Casillas. En el entretiempo aprovecho para ir al baño. Carteles publicitarios electrónicos; televisores que transmiten el partido en vivo y escaleras mecánicas. En los vestuarios hay jacuzzis... Arranca la segunda parte. A los pocos minutos, gol de Gonzalo Higuaín, con el pie derecho, tras una acción colectiva. ¡Cómo juegan estos tíos!, se entusiasma otro hincha del Madrid. Demostración de jogo bonito del anfitrión. Desconcierto del visitante, hasta que inesperadamente arma una jugada de asociación y el brasileño Nilmar anota el segundo tanto. Vuelve el suspenso; no el frío: estufas gigantes contrarrestan los crueles cuatro grados de temperatura. Cinco minutos después, Higuaín de nuevo alivia a Manuel Pellegrini, con un segundo tanto. Y luego, Kaká amplía la diferencia con otro gol, de zurda. El entrenador lo premia y lo reemplaza por el ídolo, Raúl. La frutilla del postre. La multitud lo ovaciona. Es la gloria. Penal para el Madrid. ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl!, reclaman los madridistas. Pero al penal lo patea y lo convierte Xabi Alonso. 6 a 2. El submarino amarillo está hundido. Pitido final. Suena la marcha del club blanco: ¡hala Madrid!, ¡hala Madrid! Noble y bélico adalid, caballero del honor. ¡Hala Madrid!, ¡hala Madrid! A triunfar en buena lid, defendiendo tu color... horrible, pero es su himno. La hinchada lo canta alegre y se va exaltada. Y los forasteros, también: ocho goles y el deleite de los cracks en acción, en el gran coliseo del fútbol.

Punto para Cristina

Los que me conocen saben que no simpatizo con el kirchnerismo. Pero hay algunas medidas, como la estatización del sistema jubilatorio, por caso, y tomas de posiciones claras de este gobierno que me tranquilizan, me conforman, me alegran y me entusiasman. Por ejemplo, la decisión, mediante un decreto que firmó la Presidenta, de vedar la exploración de hidrocarburos que Gran Bretaña autorizó en la zona de las Malvinas. Según la resolución, todo buque o artefacto naval que se proponga transitar entre los puertos continentales y las islas deberá solicitar una autorización previa al Gobierno argentino. En los últimos 28 años, ningún presidente argentino -fueron ocho, contando los interinos- ha encarado una acción tan firme en torno del reclamo de la soberanía sobre el archipiélago -del que Gran Bretaña se adueñó deliberadamente y que mantiene ocupado desde 1833-, y tan correcta desde la óptica diplomática, porque junto con ese decreto se ha ratificado la disposición del Estado argentino a un diálogo pacífico con Londres para solucionar el diferendo; una anacrónica situación colonial, como la definió el canciller argentino, Jorge Taiana. Un planteo inquebrantable y civilizado. Un planteo justo. Punto para el Gobierno nacional, el de Cristina Fernández de Kirchner.

viernes, 12 de febrero de 2010

El hombre alto

En estos días he retomado la lectura de El cuaderno gris, de Josep Pla. Es un dietario escrito entre 1918 y 1919, de seiscientas y pico de páginas. A menudo me da la sensación de que no hay párrafo que tenga desperdicio. Por ejemplo, uno en el que el autor describe físicamente a su amigo Alexandre Plana. Dice: es un hombre alto, muy alto -tan alto que se diría que si algún día mirase a suelo tendría vértigo-. Tiene un aire hierático, parsimonioso, lento, en toda su persona. Es un estático. Esto no es debido a ninguna determinación deliberada: es debido a su altura. Es tan largo que parece estorbarse un poco. Siempre hay una parte de su cuerpo que no sabe dónde poner. Tiene que ir con cuidado de no tropezar. Por eso siempre mira adelante... tiene la cara ligeramente picada de viruela. Sus ojos, de un azul grisáceo, más que ojos de soñador, son los ojos de un hombre un poco cansado de soñar.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Madrid, capital del ambiente

Desde hace 10 días vivo en Madrid. Estoy aquí realizando el IX Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos. Mi amigo Diego Jemio me ha recomendado leer el libro Madrid, del periodista catalán Luis Carandell, entre cuyos capítulos he descubierto descripciones de esta ciudad que me gustan. Por ejemplo, que ser de Madrid consiste muy a menudo en no ser de Madrid o que Madrid prohíja a los forasteros dejándoles que sigan siendo lo que eran cuando llegaron. En la introducción, el autor -a pesar de que las mínimas por estos días están bajo cero- define a Madrid, con buen tino, como la capital del ambiente: 'a mí me gusta Madrid por el ambiente', se oye decir con cierta frecuencia. Y aunque no se sabe exactamente lo que eso significa, hay que reconocer que es verdad, que lo bueno de Madrid es el ambiente. En sus cuatro siglos de vida capitalina, Madrid ha sido capital de muchas cosas. Capital de un imperio, capital de una nación, capital de la gloria, capital de la movida, capital europea de la cultura y hasta se la ha llamado 'la capital del mundo'. Pero nunca ha dejado de ser, si puede existir este título, la capital del ambiente.

martes, 9 de febrero de 2010

Nueve ingredientes para ser feliz en la redacción

Pilar Cambra, experimentada columnista del periódico económico Expansión, ha elaborado una lista de nueve ingredientes para ser feliz en una redacción. Aquí van, en la voz de la propia periodista, según su exposición en la última clase que brindó a los becarios del IX Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos.

1) Trabajar con amigos. Hacer amigos de aquellos con los que trabajo. Hay que interesarse, no de una manera violenta y brutal, pero sí discreta, de los problemas que ellos tienen; no sólo de los laborales, sino –más bien- de los personales; porque detrás de alguien que te dice que no puede más o que esto lo está matando hay un problema personal.
2) Defender con uñas y dientes que no tenemos un horario que cumplir, sino una tarea que realizar. En este sentido, también se debe ser exigente con el ideario de la empresa; es decir, demandar qué intereses defiende la empresa y por qué los defiende, y saber aplicar la cláusula de conciencia las veces que sea necesaria.
3) Presentarse como voluntario con frecuencia. Pero ojito: sólo para aquellos trabajos y misiones que sabemos que podemos hacer bien, y no para las cosas que nos desbordan, porque eso puede ser tu tumba. Si se es hipotenso o hipotensa, como yo, está claro que es imposible gozar de lucidez mental si no has tenido una buena noche y te has debido tomar tres cafés en tiempo récord. En ese caso, ofrecerte para una misión a las 8 de la mañana no es recomendable.
4) Preguntar, preguntar y preguntar. Preguntar no es humillante. ¡Nunca! ¡Jamás lo es! A los veteranos les gusta practicar esa misericordia que es enseñar al que no sabe. De modo que preguntar es a menudo un favor que se hace, por lo menos a esta gente. Pero hay que distinguir entre la curiosidad sana y malsana, entre la oportuna y la inoportuna: en la hora de cierre, no puedes ir a preguntar a los gritos: ‘¡oye! ¿No has encontrado un anillo en el lavabo? O bien: ‘¿puedes leerme este texto que acabo de terminar?’. Puede ser hasta peligroso.
5) Sugerir e inventar. Uno no puede ser el enano mudito de Blancanieves en la redacción. Un poquito de espíritu de aventura para no ser mañerista (sic), sino periodista. Si tú te aburres en la redacción, aburrirás a los lectores.
6) Sube y baja, como el nombre de la película de Cantinflas. Este trabajo es así: yo he hecho pies de fotos hasta el hartazgo. Yo he hecho Deportes. Yo he hecho Sucesos (Policiales). Y me he divertido mucho. Creo que a todos nos conviene pasar una temporada en el infierno, en el anonimato. Estos períodos te enseñan que tú eres lo que el medio es. Es decir, un día puedes ser el lucero del alba en el firmamento, y al día siguiente simplemente nada.
7) Estar siempre en contacto con la vida. Las nuevas tecnologías han convertido a los periodistas en burócratas, y los periodistas no debemos ser oficinistas. Lo que sucede no está en Wikipedia: ocurre en la calle, en las tiendas, en las revistas y, sobre todo, en las conversaciones con personas que no son periodistas. Hay que evitar encerrarse en el gueto profesional.
8) Cuidar nuestra propia vida. Aunque el trabajo se lleve la mayor parte de nuestro tiempo, la verdad está ahí fuera. Opino que, si en algún momento debemos optar entre ascender de puesto y mantener la vida privada sin recortarla, la vida de la familia, de los amigos, de las aficiones, yo elegiría ceder la propuesta laboral en vez de menguar la cuota personal. La empresa no tiene corazón ni alma, y cuando a ella se le ocurra estarás en la calle. Y tu marido o tu mujer, y con razón, también pueden abandonarte si pones el trabajo, o la ambición, por encima del resto.
9) Por muy precaria que sea nuestra situación debemos apostar siempre por lo óptimo: la verdad, la bondad y la belleza. No debemos de vendernos por un plato de lentejas, por más que lo necesitemos. La pasaremos muy mal en muchas ocasiones, pero dormiremos tranquilos. Más vale vender helados en un carrito.

Yo he agregado un ingrediente más: para contrarrestar el sedentarismo y la ingesta irresponsable, conviene siempre hacerse tiempo para practicar un deporte y, en lo posible, tratar de comer siempre sano y en horario. Advertí en la clase que mi vida no es el ejemplo adecuado para este ingrediente (como a destiempo y fumo 20 cigarrillos diarios, además de que no practico ninguna disciplina física con regularidad), pero creo que es bueno ser consciente de ese déficit y saber diagnosticarlo para sentirse mejor, en la redacción y en la vida en general.

jueves, 4 de febrero de 2010

El marrón

La periodista Pilar Cambra, redactora jefa del periódico español Expansión, ha dicho en su primera clase a los becarios del IX Programa Balboa para Jóvenes Periodistas Iberoamericanos que en las redacciones se escucha de vez en cuando a algún cronista murmurar con fastidio: ya me ha caído el marrón. Y explicó: el marrón es el trabajillo que le dan a fulano, que se lo pasa a otro fulano, que se lo encarga a mengano y así, como una pelota. El que nadie quiere hacer; la crítica de un libro cuyo autor es amigo de tu editor o el lugar en el que se realiza un copetín para celebrar algo que no le interesa a nadie. Eso es el marrón. Es bueno, siempre que te haya caído el marrón, avisarle a tu jefe que harás el trabajo, pero que no eres ningún tonto. Aquí, en Madrid, comienzo a confirmar que el diarismo en España no es muy diferente al de la Argentina.

martes, 5 de enero de 2010

Ese enigmático bálsamo

En este camino inevitable hacia el escepticismo que he comenzado a transitar desde que soy periodista, en este forzoso avance hacia la mayor incredulidad y la negación antipática de lo sobrenatural y los desvíos del existencialismo, un misterio cotidiano germina, de vez en cuando, como capullo en el desierto envenenado de la sospecha: el déjà vu. Felizmente, no puedo encontrarle explicación al hecho de vivir un instante que ya ha aparecido en mi mente con anterioridad. Meses, años antes. El déjà vu asoma cuando menos lo espero y en lugares familiares o inmemoriales, y pasa volando como una estrella fugaz, riéndose del esfuerzo en vano por retenerlo y someterlo a un cuestionario burdo y terrenal. Se esfuma al amanecer, como el ser querido que ya no vive y aparece en sueños extraños y sofocantes. Es un baldazo de desperdicios lanzado al parco señor Intelecto; una grosería proferida a la jactanciosa señora Razón. Es una alucinación real, cierta, casi tangible, que me arrulla a menudo, de repente. Es un canto alegre a la locura. Una cantimplora de agua bendita en la montaña de la muerte. Una confusión vestida de esperanza.